banner WIR

A Love Electric y Glazz, las caras de una misma moneda

Por Jose Eduardo Medina 0

A Love Electric / José Eduardo Medina

La banda mexicana A Love Electric pasó por la capital de Andalucía cubriendo una etapa más de su gira europea. Contando con el grupo portuense Glazz como invitado, ambos compartieron una línea editorial basada en la improvisación y esa habilidad inherente que demostraron para hacerse con un escenario, ganada a lo largo de directos alrededor del mundo.

Cruzando el río se llega al corazón de la Isla de la Cartuja, y, entre los restos de la antigua exposición universal, la Sala Events ha recuperado uno de sus pabellones para ofrecer música en directo. Huyendo de la estricta aplicación de la ordenanza municipal que ha limpiado otros barrios de locales que la alojen, el vacío urbano que quedó tras el evento y su actual desconexión de la vida de la ciudad ha hecho aparecer grietas donde se refugia una oferta cultural desvinculada de la inercia habitual. Así, una sala abierta al paisaje de las ruinas del 92, esperaba a que los músicos colonizaran una noche más su escenario.

Glazz / José Eduardo Medina
Glazz / José Eduardo Medina

En la época actual, marcada por la volatilidad de lo digital, convocar al público para asistir a un lugar concreto no es tarea fácil, y más cuando la cita se ubica interrumpiendo la semana y sus poco flexibles rutinas. Sin llenar la sala, pero contando un aforo aceptable, los chicos de Glazz subieron al escenario mientras se acercaban los últimos rezagados, un público expectante por descubrir qué as se guardaba en la manga esa noche. Porque ellos siempre arriesgan en cada puesta en escena. Si el año pasado se presentaron con coloretes en las mejillas, dispuestos a traer parte del carnaval de su tierra en la capital de Andalucía, ahora iban a sorprender con unas cartas menos convencionales.

Aunque hay bandas que reducen sus conciertos a tocar en directo una recopilación de sus discos, e incluso a sus seguidores les apasiona ese formato, en mi opinión, parte del atractivo de la música en directo reside en la sorpresa de descubrir algo nuevo, y al mismo tiempo, a través de ahí, ver las cualidades de la banda en un terreno menos acotado que el del estudio. Aunque no siempre ocurre esta revelación, las raíces de Glazz, hundidas en el flamenco, el jazz y el funk, ofrecen un rico sustrato para cultivar la improvisación y hacer aflorar las habilidades ganadas a lo largo de horas de ensayo sin otra guía que el dejar fluir. Conociendo sus mejores bazas, la propuesta de los portuenses para la noche era un ligero armazón construido con acordes de sus temas, utilizado como como estructura de la cual colgar todo un catálogo de variaciones improvisadas.

Glazz / José Eduardo Medina
Glazz / José Eduardo Medina

En una pista de progresión indefinida, las manos recorrían las cuerdas del bajo y acompasaban su pulso al ritmo de la batería, mientras la guitarra se desplegaba en imprevisibles escalas. El compás flirteaba con el rock clásico, pero también con la cadencia del blues, el jazz o los palos del flamenco. Sin prácticamente pausas, se consumió una hora en la que dar plena libertad al sonido era el principal leitmotiv, incluso con la aparición por sorpresa de Todd Clouser sobre el escenario. Agenciándose un set para su guitarra de forma improvisada, acabó sobreponiéndose a los problemas técnicos para cerrar el concierto con un solo de guitarra fundido en una arrolladora jam final.

No es inesperado encontrar a Clouser colaborando en experimentos improvisados. A Love Electric, banda fundada por él y de la que es cabeza pensante, mantiene un recorrido que se adentra en caminos poco ortodoxos para una banda al uso. Llegados desde la música popular americana, tras rastrear en el pasado del blues y el rock clásico, incorporaron el jazz a su lista de estilos en los inicios y, por último, incluso han abierto las puertas del estudio a los sonidos de las calles del México para su próximo disco. Una habilidad camaleónica que tiene en el virtuosismo de la guitarra de Clouser a su principal aliado. Acompañado por Aarón Martínez, al bajo, y Hernán Hecht, a la batería, A Love Electric subía al completo al escenario y se presentaba ante el público cuando la noche se subastaba al alza.

Su directo mantuvo la misma dirección de lo escuchado hasta entonces sobre el escenario, si se puede nombrar así el hecho de tocar sin apenas ataduras. Clouser se hizo con el control de las tablas, al mando de la voz y la guitarra, mientras el bajo y la batería se expandían más allá de la melodía principal. La trayectoria de la banda, que ha tomado habitualmente préstamos del jazz tanto en la composición como en sus actitudes, es fundamental para comprender como funcionan sus músicos en directo. Con una capacidad innata para llevar al límite el instrumento, se sucedían los solos improvisados, justo en la delgada línea que separa el control del caos.

A Love Electric / José Eduardo Medina
A Love Electric / José Eduardo Medina

A pesar de su mudanza a tierras mexicanas, Clouser lleva de forma innata el rock estadounidense en la sangre, apareciendo no sólo en sus maneras, sus letras y sus reivindicaciones, sino en el espíritu global de su grupo. Los sonidos del concierto hacían surgir de inmediato a los grandes nombres de la música popular norteamericana. Dylan, Bon Jovi o Springsteen eran pilares básicos sobre los que estaban sustentando su directo, incluyendo incluso la aparición de la harmónica en varios momentos. Sin embargo, no podremos decir que su actuación se ajuste a unas convenciones de estilo, quizás por la dosis de psicodelia añadida a estas referencias, por la versatilidad a la hora de trabajar con ellas o, incluso, por la capacidad de improvisar tomada como punto de partida, pero la noche se completó con el descubrimiento de una banda que dejó un actuación directo impecable, y un buen número de nuevos seguidores, puedo afirmar con seguridad, cuando se rozaba la madrugada.

Probablemente no era el día más adecuado para las grandes multitudes, ni para llegar exhausto a casa, al borde de empezar una nueva jornada laboral, incluso la extrañeza del lugar, al que la ciudad ha dado la espalda desde que finalizó la exposición, hacía difícil esperar en aquel paraje un resquicio acogedor, pero parece ser que el lánguido recinto del 92 aún guarda sorpresas inesperadas como aquella noche.

banner WIR