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PJ Harvey – The Hope Six Demolition Project

Por Juanjo Rueda 1

8.0

Nota
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En este macabro, para la música, año 2016 en el cual nos encontramos, un nuevo disco de Polly Jean es un maravilloso rayo de esperanza para nuestro presente musical. Tras el excelente “Let England Shake” (2011) que la mostraba con una frescura de ideas y de concreción de las mismas espectacular (no por nada, nosotros, como muchísimos otros medios, lo pusimos como disco de cabecera en la lista-resumen de su año), vuelve, cinco años después, con la dificultad que supone satisfacer las expectativas del oyente cuando le has dado una cumbre de referencia (preguntad si no a Animal Collective). Este “The Hope Six Demolition Project” está siendo calificado como una continuación musical y temática de aquel “Let England Shake” en lo que, a mi juicio, es una valoración superficial fácil y en cierto punto falsa. Las circunstancias de gestación del disco, en el cual sus temas se crearon durante viajes de Polly Jean a Kosovo, Afganistán y Washington, donde visualizó algunas de las circunstancias que nos hacen más deplorables como especie, entroncando, en ese sentido, con el anterior disco por esa temática social, política al fin y al cabo, ya que por mucho que la mirada de PJ sea más descriptiva que analítica, el hecho de mostrar recovecos oscuros ya supone una hostia de realidad ante la que uno no puede permanecer impasible. En lo musical es verdad que todavía hay puntos de unión con su anterior disco en temas como “A Line in the Sand” o “The Orange Monkey” pero es imposible no percibir también el retorno de la influencia del blues aunque no de forma tan descarnada como ocurría en “Rid of Me” (1993) sino más cercana a esa elegancia que escondía en su interior alambre de espino en el también excelente “To Bring you my love” (1995). En realidad, mientras en “Let England Shake” flotaba, tanto temática como musicalmente, una especie de Inglaterra fantasmal, aquí es el espectro musical de cierta tradición norteamericana el que sobrevuela, como en esos ecos blues, algo más habituales en la paleta de PJ, pero también en esos arreglos de saxofones casi omnipresentes que igual remiten la fanfarría alegre de Nueva Orleans (“The Community of Hope”) como al jazz de la Gran Manzana (“The Ministry of Social Affairs”), o en coros que casi parecen recitados vudú hechos desde los pantanos de Louisiana (“River Anacostia”).

Aquí no cuenta con el factor sorpresa que supuso la bofetada de extrema calidad de su anterior disco tras tantos años de carrera, cuando otros creadores en ese mismo tiempo han caído en la indulgencia y la repetición mecánica. Pero tras varias escuchas uno no duda que vuelve a estar ante un disco magnífico en el cual no hay grasa sobrante. En este macabro 2016 hay que celebrar que tengamos entre nosotros a PJ Harvey. Quizá ella no lo pretenda pero este disco es una muestra más de que está aquí para comandar, si hace falta, ese selecto grupo en el cual se sitúan los creadores vivos verdaderamente referenciales y que, como decía el título de esa gran canción de Prince, marcan el signo de los tiempos.

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