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Radiohead – A Moon Shaped Pool

Por Juanjo Rueda 7

7.5

Nota
7.5
75%

Todo el mundo tiene una opinión sobre Radiohead y su nuevo disco. Esto es una muestra de la estatura popular que ha alcanzado este grupo, convertido, más allá de lo musical, en uno de los nombres que marcan la música contemporánea de los últimos 20 años y que quedarán, en el futuro, entre los definitorios de nuestro tiempo. Para llegar a esto tuvieron que pasar de ir ganándose primero al público y después a la crítica con su rock expresionista que buscaba, con protagonismo inicial de la guitarra, ir abriendo aristas y adaptar patrones de vanguardia al gusto popular. Sería primero con el ya seminal “Ok Computer” (1997) cuando público y crítica comenzarían a confluir, y se conseguiría el casi consenso total de los pocos reticentes cuando esa capacidad de absorber y adaptar tendencias de la vanguardia electrónica y de la clásica contemporánea cristalizaría en dos discos concebidos a la vez pero presentados como dos caras de una misma moneda: “Kid A” (2000) y “Amnesiac” (2001). A partir de ahí, Radiohead pudieron ir jugando con las expectativas, las propias y las ajenas, para ir dando los pasos convenientes y marcando sus propias pautas, volviendo a dar protagonismo a las guitarras en el más que notable “Hail to the Thief” (2003) o puliendo las aristas de su sonido para buscar el corazón emocional de las canciones en “In Rainbows” (2007). Con este último disco además comenzaron con las estrategias de promoción y lanzamiento inusitadas en bandas de semejante tamaño, siendo esta una metáfora también aplicable a su música: Radiohead no son los primeros en hacer algo pero su posición como banda icónica le permite que esos pasos que dan queden como referenciales, un poco parecido a lo que pasó en su momento, salvando las distancias artísticas, con los Beatles.

Todo el mundo tiene una opinión sobre Radiohead y su nuevo disco. Unos desde posiciones más analíticas y otros más pasionales pero desde “In Rainbows”, este disco inclusive, parece imposible generar un consenso artístico de sus discos. El anterior disco “The King of the Limbs” (2011) siendo un disco a revisitar, resultaba hermético en su forma exploratoria de la raíz más electrónica de la banda. Era un disco increíblemente encerrado en si mismo. En comparación, este “A Moon shaped Pool” parece más amable en su retorno al uso de instrumentos orgánicos pero esto no debería engañarnos, el disco es otra muestra de cierta oclusión musical. No es difícil escuchar ecos de anteriores viajes musicales de la banda, de un cierto retorno a la mística emocional de “In Rainbows” o la hibridación vanguardista y clásica de “Amnesiac” aunque sin el toque algo más desbradado, libre (esa sensación de estar descubriendo, para la banda, caminos nuevos), que flotaba en aquel disco de 2001. En algunos momentos creo que Radiohead han construido su propio “muzak” de parte de su legado musical en temas tan estupendamente bien interpretados y producidos como asépticos, tamizando casi cualquier emoción (como ocurre en “Desert Island Disk”, “Daydreaming” o “Glass Eyes”). No ocurre esto con “Burn The Witch” que abre de forma espléndida este disco que sigue un orden alfabético en sus temas; un tema en el cual los elementos se hibridan de forma magnífica para potenciar el todo de la canción. La repetición y casi abuso de constantes características de la banda se adueñan de algunas de las canciones siguientes, así aparecen esos pianos tintineantes y de melodías circulares que son ya casi un sello fijo de la banda. También asoman las guitarras, pero como ocurre con gran parte de todo el disco, relegadas a un plano casi secundario o extirpadas de toda explosividad, sólo en la magnifica “Identikit” hay cierta implosión emocional. Un tercer elemento marca este disco, los arreglos de cuerda de Jonny Greenwood, de herencia cinematográfica sin olvidar las influencias clásicas (Arvo Pärt, por ejemplo), que cuando se fusionan de forma equilibrada con el tema o sirven para subrayar un climax creciente dan maravillas como “Burn the Witch” o la muy Lambchop “The Numbers”. Este disco también se caracteriza por presentar temas ya conocidos por muchos de sus fans asiduos a los conciertos de la banda pero que ahora presentan una nueva piel, en algunos casos esta nueva concepción en estudio arroja gemas como “Ful Stop”, con esa apertura de ritmo motorik y sintetizador a lo Vangelis, que desarrolla un clímax creciente, parcialmente contenido pero emocionante; mientras “True Love Waits”, que ya había aparecido en alguna referencia discográfica como el directo “I Might Be Wrong” (2001), me termina resultando distante, fría, con su cascada de pianos.

Todo el mundo tiene una opinión sobre Radiohead y su nuevo disco, esta reseña es un ejemplo de ello. La estatura popular de Radiohead genera un poliedro de opiniones que en algunos casos indignan a unos o gustan a otros, pero casi nunca resultan indiferentes debido a la banda a la cual se refieren. Con este nuevo disco ya se ha empezado a leer la cansina e innecesaria (por ese componente de medallita competitiva que tiene) etiqueta de “disco del año”. En mi caso creo que este disco resulta, en varios momentos, imperfecto en su búsqueda de una perfección musical, creo que no llega a la altura de otros discos más canónicos de la banda pero sin duda tiene 4 ó 5 canciones (“The Numbers”, “Burn the Witch”, “Ful Stop”, “Identikit”, “Tinker Tailor Soldier Sailor Rich Man Poor Man Beggar Man Thief”) que estarán entre las que más habré escuchado al final de este año y que están al alcance de muy pocas bandas.

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