banner WIR

Crónica Primavera Sound 2016

Por Cristian Pineda 5

Crónica Primavera Sound 2016

La edición de este Primavera Sound 2016 será recordada como la del récord de asistencia de toda su historia. Con un cartel repleto de grandes nombres y sobre todo, con el regreso de Radiohead, el papel estaba ya vendido desde meses atrás. Pese a la gran masificación en el Fórum, hay que decir que la organización ha sabido mejorar si cabe la cuestión logística: bares eficaces, numerosos servicios y restaurantes mejor distribuidos por el recinto. La novedad más fresca ha venido de la mano del nuevo escenario Beach Club, un espacio a pie de playa y abierto desde el mediodía, que propone un ambiente más relajado y destinado sobre todo a la música electrónica. El contraste, sin embargo, ha sido la programación de todos los grandes cabezas de cartel en la gigantesca explanada del fondo, la ya denominada por muchos como Mordor. Un espacio abierto, poco luminoso y muy lejano al resto de escenarios, que ha concentrado gran parte de los asistentes durante todo el fin de semana, alternando conciertos entre los dos grandes escenarios enfrentados (Heineken y H&M) y exigiendo un gran esfuerzo físico para todos los que tuviéramos un programa más “ecléctico”.

JUEVES

Con los asistentes aún llegando poco a poco al Fórum, la calurosa tarde del jueves empezó con Cass Mc Combs. Un concierto correcto pero un tanto descafeinado en el escenario Rayban que no acabó de enganchar al público. El sonido desde luego no ayudó, ya que tanto su voz como su guitarra apenas sobresalían del potente sonido de la banda. En formato puramente eléctrico, fue desgranando algunas de sus canciones más populares, como “Dreams Come True Girl”, casi siempre en versiones alargadas por solos de guitarra o teclado.

John Carpenter por Xarlene
John Carpenter por Xarlene

Sí que pudimos disfrutar de una buena calidad de sonido con Beak> en el escenario Primavera. Con un Geoff Barrow bastante cercano y con el nuevo miembro (Will Young) ya perfectamente integrado, dieron una lección de sobriedad. Dejando prácticamente de lado su último EP, desplegaron un repertorio basado en los temas más intensos de sus dos discos de estudio. Muy buen sabor de boca.

El concierto más multitudinario de la jornada del jueves fue sin duda el de los australianos Tame Impala. Es justo destacar el impresionante sonido, que estaba siendo prácticamente perfecto para un escenario de tales dimensiones, hasta que llegó la nota curiosa de la noche: apagón en pleno estribillo de “Eventually”. Los fans continuaron coreando la canción, pero hubo una parte del público que decidió ir a buscar sitio para LCD Soundsystem. El grupo volvió minutos después cuando los problemas técnicos se esfumaron y retomaron la canción justo donde la habían dejado, para terminar más tarde el show.

Al mismo tiempo, en el escenario Primavera, la leyenda John Carpenter congregó también un buen número de asistentes, entre fans de su filmografía y curiosos con ganas de degustar una de las apuestas más sorprendentes del festival. Delante de su teclado y mascando chicle, lideró una joven banda durante una colección de bandas sonoras mojadas de rock ochentero y sintetizadores de otra época, todo acompañado por proyecciones de sus películas. Sin duda, el momento entrañable y friki de la noche.

Poco después, y en el mismo escenario, Thee Oh Sees nos ofrecían su ración de vitaminas. Si bien lo de John Dwyer suelen ser una apuesta segura en cualquier festival, tengo que decir que la nueva formación para los directos (acompañado de un bajista y dos baterías) se antoja eficaz pero bastante menos fresca que la formación original a las que no tenía acostumbrados.

El concierto de Battles en el escenario Primavera recordó bastante al del año pasado. Una prestación siempre eficaz, con grandes hitos como “Icecream” o “Atlas”, 100% disfrutable, pero a cuyo directo se le puede achacar el abuso de partes pre-grabadas por momentos.

VIERNES

Empezamos la jornada del viernes de manera relajada con una doble sesión en el Auditori: Lubomyr Melnyk y Richard Dawson. El pianista ucraniano nos regaló un bello y muy intenso concierto, compuesto de tres piezas de su denominada música continua, una lluvia incesante de notas y harmonías que nos hizo perder la noción del tiempo desde nuestra butaca. Tras terminar charló amigablemente con quien quisiera subir al escenario, y vendió personalmente sus discos y partituras (escritas y fotocopiadas por él mismo) mientras el plató se preparaba para Richard Dawson. El inglés se mostró en todo momento muy cercano y no tardó mucho en romper la barrera imaginaria entre público y artista con una primera canción a capella moviéndose por todo el escenario. Su torrente de voz y su asalvajada forma de arpegiar su guitarra acústica fueron golpeando a los allí presentes con trágicas historias de muerte, como una suerte de oscuro trovador medieval.

Savages por Eric Pamies
Savages por Eric Pamies

Lo de Savages en el gran escenario Heineken fue un derroche de actitud y energía como pocos pudimos ver este año. La banda, funcionando como una máquina post punk perfectamente calibrada, sembraba el terreno para que su carismática front-woman, Jenny Beth, se desatara a su gusto. La cantante hipnotizó al personal con su mirada desafiante y sus continuas incursiones en las primeras filas. Todo actitud, entre Nick Cave y Siouxie, que unido al potente sonido de su grupo, convenció a todos los presentes, incluidos aquellos que se encontraban allí únicamente para reservar sitio para Radiohead.

El esperado concierto de los de Oxford trajo consigo seguramente la gran polémica de esta edición. Servidor tuvo la suerte de verlos desde la comprimida masa humana entre la torre de sonido y el escenario, desde donde el sonido se percibía nítido, equilibrado y potente cuando lo necesitaba. Sin embargo, la queja generalizada ha sido que desde zonas más lejanas el volumen resultaba demasiado débil. Sobre todo teniendo en cuenta la ingente cantidad de asistentes en ese momento. En lo estrictamente musical, el setlist repasó prácticamente toda la carrera de Radiohead, deparando agradables sorpresas. Empezaron encadenando temas de su reciente álbum, A Moon Shaped Pool (eché en falta “Identikit”) hasta que se fueron sucediendo éxitos del resto de su discografía. Especialmente contundentes sonaron “Ful Stop”, “The National Anthem” y “Lotus Flower”. Los karaokes más masivos se celebraron con “No Surprises” y “Karma Police”. La dosis de baile vino de la mano de “Everything In Its Right Place” e “Idiotheque”. Y culminaron el primer set con la preciosa “Street Spirit (Fade Out)” de su segundo disco. El público, entregado a la causa, no los dejaría marchar tan fácilmente, por lo que rápidamente volvieron para encadenar cinco canciones más. Destacaron la muy esperada “Paranoid Android” y las guitarras rabiosas de “2+2=5”. Evidentemente, el momento álgido vino con el segundo y último bis, en el que la banda se puso de acuerdo para tocar “Creep” por segunda vez en los últimos siete años y llevar así el éxtasis general a los miles de congregados.

Con el concierto de Kiasmos, se podrían tener opiniones divididas. Primero, por una cuestión de sonido. Desde las primeras filas, la caja de ritmo y los graves se inflaban hasta remover el almuerzo en tu interior, apenas se apreciaba la aportación musical de Ólafur Arnalds, que si bien parecía divertirse, no se llegaba a entender del todo su prestación en directo. Pero desde la parte trasera, más cercana a la mesa de sonido, el concepto tomaba forma y se convertía en algo bastante disfrutable e incluso bailable.

SÁBADO

La tarde del sábado comenzó para nosotros con la propuesta más experimental de la jornada, los japoneses Boredoms. Activos desde hace más de 20 años, el proyecto mutante de Yamantaka Eye siempre ofrece algo diferente. En este caso, con él a las voces y a las máquinas, se rodeó de dos percusionistas y jugaron a crear una densa atmósfera de ruido, drones y ritmos tribales de extraña belleza.

Autolux, también en el escenario Primavera, ejecutaron un buen concierto de shoegaze cargado de noise, algo de electrónica y una base rítmica avasalladora, de la mano de la carismática Carla Azar a la batería.
Una de las ofertas más curiosas que proponía el Primavera Sound este año fue la de Pxxr Gvng y Los Chichos, que alternaron en el escenario Adidas durante el final de la tarde. A favor de los primeros, cabe resaltar el golpe de efecto de invitar a una experimentada orquesta latina que tradujo sus habituales bases trap en clave salsa para sorpresa de los allí presentes. Especialmente delirante fue el broche final de “Tu Coño Es Mi Droga”.

Como alternativa a los habituales Deerhunter, se presentaba la reciente reunión de los americanos Drive Like Jehu. Banda referente del post-hardcore de principios de los 90, los de San Diego fueron recibidos por un buen número de fieles. Demostraron que estaban en muy buena forma y desplegaron su repertorio con un despliegue de nervio y energía que convenció a todo el mundo.

PJ Harvey por Eric Pamies
PJ Harvey por Eric Pamies

El plato gordo del sábado era sin duda el regreso de PJ Harvey, y desde luego no defraudó a nadie. La presentación se produjo a modo de desfile musical con una banda de tambores e instrumentos de viento (de la que ella formaba parte), que fue posicionándose en el escenario hasta transformar aquella marcha casi militar en “Chains Of Keys”. Con una decoración y luces sobrias, y con una súper banda que incluía a Mick Harvey y a John Parish, la inglesa fue desgranando canciones de su último disco, The Hope Six Demolition Project y del anterior, el imprescindible Let England Shake. Gesticulando mucho y alternando a veces con su pequeño papel de saxofonista dentro de la solemne orquesta, fue hechizando a un público entregado, que ya esperaba los acordes de algún que otro clásico. Y de esta forma llegaron “Down By The Water” y sobre todo un “To Bring You My Love” que dejó a todo el mundo con una gran sonrisa en la boca.

La actuación de Sigur Rós minutos después se justificaría por sí sola gracias al espectacular montaje visual que les acompañó. Unas preciosistas y vanguardistas proyecciones que se adaptaban a cada tema, inundando tanto el escenario como las pantallas. En el apartado musical, repasaron buena parte de su discografía. El mayor hándicap de este formato trío (guitarra, bajo y batería) sería la falta de relieve en los pasajes de mayor intensidad de la banda.

Ty Segall & The Muggers nos dejó un concierto para guardar en la memoria por mucho tiempo. Centrado ahora en su papel de frontman y acompañado de los Muggers (súper banda que incluye figuras actuales como King Tuff o Mikal Cronin), el grupo desplegó una tormenta de distorsión y gamberrismo. También nos dejó una de las anécdotas del festival cuando un espontáneo de la primera fila intercambió papeles con Ty Segall durante muchos minutos, ante el asombro y las risas de los presentes. Disfrútenlo en Youtube. Buen sabor de boca antes de entregarnos a cualquiera de las propuestas electrónicas del final de la noche y el clásico broche final de DJ Coco.

banner WIR