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León Benavente: 2

Por Ales Fernández 2

León Benavente

El término supergrupo a mí siempre me genera escepticismo, es solo un anzuelo vacío en el que rechina la épica. En la mayoría de ocasiones se zambullen en lo efímero porque generan unas expectativas que no cumplen las fantasías de un público que cree ver aquí la oportunidad de revivir las mejores postales de las bandas de origen. León Benavente, conscientes del sambenito van a lo suyo, y en el llamado disco de confirmación demuestran andar sobrados de personalidad propia, entregando un trabajo más directo y certero que en su debut, en el que inevitablemente todo era más de prueba, más disperso, y con el que no me conquistaron, a pesar de contener algunas piezas que disfrutaba.

Sin perder ni un ápice de las señas de identidad con las que irrumpieron en la escena, en 2 el discurso de León Benavente suena más rock, más musculoso, incluso por momentos más agresivo, condensando en nueve canciones y poco más de 35 minutos un derroche de energía que se abre con “California” (incluyendo guiño a Triángulo de Amor Bizarro), en la que ya nos avisan de potentes bajos, la convivencia de la batería electrónica con la acústica, gruesos sintetizadores y unas guitarras más afiladas que antaño. Continúan con “Tipo D”, el single de adelanto que debe a una tecla en bucle sus comparaciones (un tanto cansinas) con El Columpio Asesino, y en “La ribera” se recrean en un efectivo arpegio para acabar construyendo su propio “Losing my religion”. Vuelven a apretar el pistón y explotar su particular spoken word en “Gloria”, un artefacto de los que funcionan a las mil maravillas sobre el escenario y en el que los graves del sinte se combinan con los de las cuerdas. En el ecuador ofrecen un engañoso respiro en el que optan por una aventura de colchón más etéreo (“Nuevas tierras”) en la que no es descabellado que te vengan a la cabeza ecos de Los Planetas, y la guitarra robusta regresa para el estribillo de la esperanzadora “Aún no ha salido el sol”.

Las conexiones de León Benavente con su disco homónimo siguen ahí y “La vida errando” da buena cuenta de ello, antes de echar cierre con “Celebración” (la única pieza que no acaba de conectar conmigo) y el magnífico relato de “Habitación 615”, un broche con el mojo de un crossover vía hip hop.

En los textos el constante asomo a lo social danza con la simbología, y a su vez ésta se revuelca con lo cotidiano, dando por resultado un lote de canciones que parecen estar escuchándote ellas a ti en lugar de a la inversa 2 es un disco de los que te atrapan antes de que lo finalices y que te hace pensar en volver a pulsar play cuando todavía no ha cerrado la boca. Bravo, leones.

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