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Crónica del tercer día de Cabo de Plata

Por África Bastida 1

Tercer y último día de lo que para mí ha sido el festival del verano, el Cabo de Plata. Intenso es la palabra que lo define cabalmente. Comienza un tempranísimo Little Pepe a las 16:05, otro de los tantos que decide cambiar las rastas por el peladito de verano. Debo reconocer que la calidad musical en directo difiere en consideración con el disco. A pesar de esto, acabé más que cautivada por la traza del artista. Campechano, llano y cercano. Y esto se ve claro desde un principio; únicamente tienes que analizar el mensaje conciliador y misionero de amor de sus canciones.

Cabo de Plata
Little Pepe/África Bastida

Esto no se para. Nada más terminar tenemos cita en el escenario Underwood con un Capitán Cobarde tan lleno de vida que hasta me asusta. Tiene cara de loco y canta como un dios. Se mueve por el escenario como si hubiera nacido encima de uno y sus canciones acompañan. Son grandes, pero aún no lo saben. Nadie se lo demuestra. La escasez de público me cabrea ¿es que la gente no sabe apreciar un buen concierto? Capitán Cobarde es siempre una gran elección.

Unas cuantas horas más tarde es el turno de la más mítica Chambao. Media hora antes del concierto yo ya estoy allí, plantada y lista para ver a la cinta de casette que sonaba en todos los viajes de coche de mi infancia. Sale al escenario con una jovialidad que engaña y os puedo asegurar que el fervor que provoca esa mujer es desconcertante. Sus músicos hacen las delicias con los más de siete instrumentos que la acompañan. No hay nada grabado, no hay truco, no hay trampa. Todo lo que suena lo están haciendo personas, y cuando te das cuenta de esto te sientes pequeño. Y la admiras, porque es inevitable.

Capitán Cobarde/África Bastida
Capitán Cobarde/África Bastida

Cogemos camino al escenario Coolway, donde un montón de gente ya espera sentada en las primeras filas para ver a La Raíz; grupo sensación de los últimos años y que están en estos momentos en lo más alto de la ola. Inocente de mí me meto entre ellos, y bien orgullosa me jacto de haber conseguido sitio en cuarta o quinta fila. Suena la intro de su último trabajo, la cual estoy convencida erizó la piel a más de la mitad de los asistentes, y enseguida empieza lo bueno. Comienza un concierto salvaje, caluroso, efervescente de ollas y heridas. Heridas porque las palabras del conjunto duelen, y juro que me llegan como cuchillos. Pronto empiezo a arrepentirme de haberme metido en medio de todo eso. Me veo envuelta en más de un pogo, acabo con arañazos y golpes por todo el cuerpo. En ese momento sólo podía pensar: si caes, mueres. Este fue un factor importante que me hizo estar más alerta que disfrutando del pedazo de espectáculo que había enfrente mía. Cosas de novata.

Puedo mencionar Chronixx y arte en la misma frase y muy de la mano sin morirme de vergüenza. Esto sí es buen reggae, esto sí es ganarse a un público. Salimos del concierto de La Raíz y corriendo vamos a fliparlo con este pedazo de artista hijo del reggae. Igual suena una balada lenta e impecable que un dancehall imposible de pasar por alto. Y es que durante el concierto vivimos una completa evolución del artista, desde un reggae roots en los inicios hasta un anteriormente mencionado dancehall. Y todo esto sin decir ni una palabra, todo rodado, todo seguido.

Cabo de Plata
General Levy/ Nerea Coll Photography

Tras este concierto y con una sensación de infarto toca volver a casa. Recogemos el camping con avío y cierta melancolía. Y mientras esperamos en la puerta del festival a nuestro coche, cargados hasta arriba de bártulos, suena de fondo el maestro; General Levy. Y te da la sensación de estar perdiéndote el concierto del festival, y te da la sensación de haberlo hecho bien viniendo, y te da la sensación de que Cabo de Plata se ha marcado un señor festival de los píes a la cabeza.

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