Crónica Roskilde Festival 2016

Por Ross Gallagher 2

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Roskilde Festival 2016, dejando en evidencia al resto de festivales.

Cuando entramos a explicar la valía de un festival, al final siempre nos dejamos influir por una serie de vivencias subjetivas, que quizá, se alejan mucho de la realidad del festival en sí mismo, resulta difícil ver el lado malo a ese festival en el que ligaste con la chica de tus sueños o ver el lado bueno a aquel festival en el que el guarda de seguridad te puteó al extremo cortándote la pulsera sin motivo. De ahí partimos.

Lo que sí puedo decir es que después de nueve años de asistir a unos cuantos festivales cada año, entre los que se encuentran Rock en Seine, NOS Alive, Paredes de Coura, Primavera Sound Oporto y Barcelona, FIB, Sónar, Cruilla, SOS, BBK… nunca había vuelto tan impresionado con esa experiencia, quizá equiparable sólo al primer Benicassim que viví completo, cosa que atribuyo también mucho a la novedad. Tantos años después diría que tiene mucho mérito.

Y no es sólo por la magnitud del evento, que es una pequeña ciudad provisional de aproximadamente 130.000 personas entre público, ni por la cantidad de acontecimientos completamente inabarcables que tienen lugar estos días, arte, DIY, actividades en cámpings, los cámpings temáticos, zonas de skate, zonas de deporte… ¡hasta una carrera nudista!, ni por el cartel, que éste año no ha sido el mejor aún siendo enorme.

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Foto de Ambiente por Jackster

Ahí se mezcla el ambiente general del festival, la intensidad de los conciertos marcados con “high energy” donde el moshing está permitido, incluso alentado, la comodidad del recinto en el que todo es césped, con una cantidad enorme de zonas para descansar, mogollón de detalles por todo el festival de nivel estético y práctico, la calidad del sonido de los escenarios estuvieras donde estuvieras, el no tener que hacer ni una sola cola en cuatro días para ir al servicio, las zonas de descanso y las mil zonas de comida, casi toda orgánica y con numerosas opciones vegetarianas por todos lados, y horas y horas de música a tu disposición para que nada te saque de vivir la experiencia. Porque estar veinte o treinta minutos en una cola en medio de esa vorágine es una mierda y te saca de ese estado de felicidad continua que debe ser un festival.

No todo es bueno claro; la temperatura rondó los 10-20 grados mezclados con lloviznas bastante sobrellevables, siendo imprescindible un chubasquero. Eso sí, ideal para dormir en tienda. Los precios son en general caros, desde el ticket general a las bebidas, unos seis euros aproximadamente cuarenta centilitros de cerveza Tuborg, pero menos para otras cosas, por ejemplo menos de cuatro euros el medio litro de refresco cuando en otros festivales patrios vale tres y te ponen un vaso no muy allá, y si quieres podrías dedicarte al “refund” consiguiendo vasos, jarras y cartones del suelo para devolverlos y financiarte el festival, habiendo gente que se pasa literalmente todo el festival en ello, a veces llegando a ser una molestia, las menos veces eso sí. También fue difícil meterse a algunos conciertos ya empezados, como el caso de Tame Impala, James Blake o MØ, una auténtica ídolo de masas por allí. Ya lo siguiente malo que puedo decir del festival es que no domino el danés, aunque con el inglés vas bien, y que la gente es de media muy alta. Vamos, que no puedo hablar mal del festival.

Resumiendo: recomiendo encarecidamente el festival a todos aquellos de vosotros que estéis interesados en los festivales en general. El gasto a buen seguro se verá compensado y podréis ver gran cantidad de horas de música, hasta dieciséis los tres días principales, en un gran ambiente tanto de público como de recinto y con un sonido sencillamente es-pec-ta-cu-lar. Y si queréis fiesta en el camping, tenéis toda la que queráis y más, con mini escenarios que montan los propios asistentes. Si queréis reposo entre conciertos recomendaría buscar otras opciones que no fueran el camping general, habiendo sitios acondicionados con eficiencia extrema y en nuestro caso, duchas de agua caliente y todo.

Miércoles

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Slayer. Foto realizada por Jackster

Llegamos mientras en el escenario principal estaban tocando la Orquesta de músicos sirios & Damon Albarn, aunque en ése momento él no se encontraba encima del escenario. Enseguida nos movimos para ir a ver a Slayer, grupo al cual pudimos oír una interpretación sorprendentemente nítida, en el que se podía apreciar cada rasgueo de guitarra y seguir cada sólo en un concierto que duró aproximadamente una hora y diez, que fue ganando intensidad hasta terminar con Raining Blood Angel of Death. Buen comienzo para una jornada que siguió At the Drive-in. Decidieron empezar fuerte, igual que hace unos años en Benicassim, con Arcarsenal y Pattern Against User, pero en este caso con una actuación muy enérgica en la que vimos como Omar y Cedric lo daban todo, cerrando con la gran One Armed Scissor. Brutal concierto para un inicio de festival muy enérgico, que seguiría con los cabeza de cartel del día, Red Hot Chili Peppers.

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At The Drive-In. Foto realizada por Jackster.

La banda de california tiene temas incontestables y que fueron coreados y disfrutados, pero sin embargo su concierto tiene un aura de decadencia, del grupo que podría ser y no es, de que el concierto podría ser algo muy grande y se queda sin embargo en una ejecución digna sin más. Frusciante, Frusciante, donde está Frusciante. También se echaron en falta algunos temas como Otherside o Soul to Squeeze, pero sí que pudimos disfrutar de Scar Tissue, Dani California, By the Way o la “ganadora” absoluta, que fue Californication, a las que habría que añadir Under the Bridge y Give it Away en un bis que cerraría un concierto que cumplió sin grandes alardes.

La noche la cerramos con más caña, viendo finalizar Sleep en una de las carpas pequeñas para a continuación ir a investigar cómo estaba el ambiente por el camping, de diez, y ya hasta la tarde siguiente.

Jueves

Empecé el día viendo como House of Pain ponía a saltar a la explanada entera del Orange, escenario principal, desde la primera fíla hasta la última, con su clásico Jump Around, algo realmente espectacular de ver en directo. Proseguiría entonces para ver a Grimes que a tan temprana hora estaba llenando el segundo escenario, el Arena, una carpa que cuenta con una capacidad para unas dieciocho mil personas. Me encanta su último disco, pero tengo sentimientos bastante encontrados respecto a su actuación. En la gira de “Visions” su espectáculo parecía bastante el de un músico que comienza, ella, tímida con su mesa de mezclas, un micrófono y un par de colegas que iban “bailando”, o haciendo el canelo diría yo, pero la música era fiel a su álbum de estudio añadía capas y capas y la voz de Claire, pasada por un filtro, se defendía bastante bien sin llegar a destacar.  Sin embargo ahora la actuación se ha profesionalizado, ha ganado en nitidez, se les ha dado una vuelta de tuerca a las canciones antiguas para hacerlas más bailables y Claire tiene una actitud más tipo superstar del j-pop y cierta incontinencia verbal, pero lo malo es que ahora su voz destaca mucho entre los elementos y eso no le hace ningún favor a la actuación, ya que la mayor parte del tiempo canta fuera de tono y a destiempo. Casi que parece que cuando acierta lo hace por casualidad. Para mí personalmente, una decepción y especialmente desagradable en los chillidos de Scream.

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House of Pain. Foto realizada por Jackster.

De ahí a una de las carpas pequeñas, el Avalon para escuchar a Courtney Barnett, en las antípodas de Grimes, tanto en estilo de música con ese estilo casi-grunge tan noventero que atesora, como en la simplicidad de la actuación, sólo ella con la banda, y mucho, mucho talento a la hora de interpretar, que fue desarrollando a lo largo de más de una hora de concierto. Una actuación que merece mucho la pena ver y en la que por supuesto destacaron Pedestrian at Best y Avant Gardener, aunque quizá le falten canciones para hacer un show realmente memorable de principio a fin.

Fue el turno de PJ Harvey, que clavó la actuación del pasado Primavera Sound, salvo por un pequeño cambio en el orden de dos canciones, cosa de la que no me quejo porque aquel concierto ya me encantó, pero sí que tenía puestas esperanzas en poder disfrutar algún clásico más de su época previa al “Let England Shake”, cosa que finalmente no sucedió. Destacar la excelente banda que lleva con miembros como Mick Harvey o John Parish, las armonías de juegos vocales de las cuales podría aprender Grimes una cosa o dos también, y un setlist que empezaba con temas seleccionados de sus dos últimos discos para luego ir intercalando otros temás más antiguos como Bring You My Love o Under Ether, de la versión más tranquila de nuestra diosa Polly Jean.

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PJ Harvey. Foto realizada por Jackster

Nos tocó andar de vuelta al Avalon donde Ho99o9 daban un show lleno de fuerza pero que personalmente no me va mucho, con lo que fuimos a ver a los noruegos Kvelertak que dieron sin duda uno de los conciertos del festival, desprendiendo de energía a raudales,  haciendo un setlist equilibrado entre sus tres discos y donde el moshing y los puños en alto fueron los principales protagonistas.

Tanto fue así que me perdí la primera mitad de Chvrches, aunque a los de Lauren Mayberry los pude ver en mi tierra hace un mes y medio aproxidamente, en el festival SOS 4.8. Es bastante sorprendente ver lo que han crecido desde que los vi debutar en España en el FIB 2013, pasando de producir la misma sensación aproximadamente que Grimes, de estar verdes y de faltarles mucha fuerza en sus interpretaciones, a conseguir llenar un escenario de las dimensiones del Arena o el Estrella Levante de Murcia sin pestañear, pero en éste caso consiguiendo una interpretación realmente buena. Llegué tiempo eso sí para escuchar hits como Leave a Trace, The Mother we Share o la que mejor sonó, Clearest Blue.

Pero el día estaba aún lejos de acabar. Sería el turno de Tenacious D donde el carismático Jack Black nos ofreció un espectáculo a mitad de camino entre el teatro, la comedia y el musical, donde no faltaron multitud de chistes y chascarrillos y donde se personó hasta el propio satán. Musicalmente bastante aptos, algunos de sus músicos son realmente buenos, aunque sinceramente, aún siendo un show muy entretenido musicalmente no es que emocionen. Pero bueno también hay que reconocer que es de esas cosas que por nuestra patria no tiene pinta de que vayan a pasar y resulta gratificante poder tener acceso a éste tipo de espectáculo, y canciones como Kickapoo, con la que abrieron, o Fuck Her Gently, con la que cerraron estuvieron bien resueltas.

Ghost. Foto realizada por Jackster.
Ghost. Foto realizada por Jackster.

Ya para cerrar nos fuimos a ver a Ghost, el grupo de heavy metal con máscaras y papa no-muerto por cantante que dieron otro conciertazo, demostrando que el género no está muerto y aún va a dar grandes figuras. Desde luego con actuaciones como aquella pinta a que conseguirán situarse en lo más alto, y es que a lo largo de una hora y media consiguieron que no nos quisiéramos ir de la carpa ni con agua hirviendo, llegando a salir para realizar un bis alargado de Monstrance Clock que nos hizo regresar a las tiendas cantando eso de “Come together, together as a one” hasta que nos dormimos.

Viernes

Empezamos realmente temprano para ir a ver el concierto de Methyl Ethel, una banda nueva de corte indie que juguetea con el dream pop, de la que había oído hablar bien, y no se equivocaban. Dieron un buen concierto, de aproximadamente unos cincuenta minutos, impresionante para llevar tan poco tiempo con el disco en la calle, que se pasaron bastante rápido, aguantando bastante el tipo para ser las doce de la mañana y donde cortes como Twilight Driving sonaron de lujo. Al acabar me acerqué al único escenario que estaba funcionando para ver a Liss, unos jovencitos daneses que han fichado recientemente por XL Recordings después de dar un salto por internet. Su sonido es una mezcla de R’n’B y un toque ligero de soul con sonidos pop pegadizos, tendientes al indie comercial, que la verdad, suena resultón. No me extrañaría que se vendiese bastante bien, y aunque no sea mucho plato de mi gusto, tampoco me desagradó.

Luego llegó el turno de Whitney, y éste concierto si que fue recomendable cien por cien. Para los que no los conozcan, es un grupo de Chicago, tienen un disco llamado “Light Upon the Lake” que es una pequeña joyita, pudiendo clasificarlos dentro del indie rock de aires retro que profesan gente como Real Estate, Mac DeMarco o UMO. Mucha gente  para la hora tan temprana que era, dos de la tarde, y ellos se mostraron muy activos y animados, clavando los temas, incluso aquellos que confesaban, era la primera vez que tocaban en directo, y terminando de manera magistral con I Follow y No Woman.

Ese fue un momento perfecto para pisar por primera vez el escenario Apollo, dedicado mayormente a electrónica y similares, donde Anderson .Paak estaba cerrando una actuación que tenía a todo el mundo en pie y aplaudiendo, con tributo a Bowie incluido  y más tarde actuaría BadBadnotGood, que ofrecieron una actuación correcta en la que hubieron muchos altibajos de intensidad y sirvió para conocer algún tema del disco “IV” que tiene que salir en unos días.

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Foals. Foto realizada por Jackster

De ahí me moví a escuchar algo de músicas del mundo, donde Calypso Rose, artista veterana de Trinidad y Tobago, nos hizo pasar un buen rato moviéndonos al ritmo de música caribeña hasta que llegó el momento de ir a Foals, que ofrecieron un gran concierto en medio de una lluvia intermitente que no consiguió apagar los ánimos de los que allí andábamos. Fueron cayendo en el concierto temas viejos y nuevos, pero sin bajar el ritmo prácticamente en ningún momento y canciones como My Number, Spanish Sahara, Mountain at My Gates e Inhaler fueron puntos álgidos en un concierto que terminó con la canción de su primer disco, aquel que casi parecía de Math Rock, Two Steps, Twice dejando la sensación de que los puestos cercanos a la cabecera de cartel no son muy descabellados.

En ese momento nos acercamos a ver, eso sí sin profundizar mucho y desde fuera de la carpa pequeña, a Blaue Blume, un grupo danés de Dream Pop novel que está teniendo bastante éxito. Pero la realidad es que teníamos la cabeza en otra parte, ya que actuaban a continuación Neil Young & Promise of the Real, que ofreció un concierto algo más duradero que el del pasado Mad Cool, alargando el concierto hasta las tres horas con tres temas más, pero más no siempre significa mejor. El principio acústico sólo se diferenció en un tema, From Hank to Hendrix, manteniéndose lo demás inmutable; inicio demoledor con After the Gold Rush, Heart of Gold y The Needle and the Damage Done, unas sensaciones parecidas y un sonido también excelente. Volvió a coger la eléctrica en Alabama y fue a partir de Winterlong el concierto cambió del éxtasis eléctrico continuo que fue en Madrid para ser algo más comedido con canciones como Vampire Blues, Love to Burn, Powderfinger, Everybody Knows this is Nowhere, Seed Justice o Country Home. Sí que mantuvo sin embargo el final del concierto con Rockin’ in a Free World y Love and Only Love en un bis que no se hizo demasiado de rogar, pero que resultó igualmente emocionante. Un concierto sobresaliente pero que particularmente no me emocionó tanto como el de hace unas semanas.

Pero el día está lejos de terminar; nos fuimos a unos Tame Impala que llevaban ya media hora comenzados. Llegamos mientras sonaba Elephant, y después de luchar un poco para hacernos sitio en un escenario Arena a reventar, pude ver lo que creía que nunca vería: un concierto en el que Kevin Parker parecía genuinamente emocionado tocando, y eso que les he visto hasta en ocho ocasiones distintas. Alargó el concierto hasta la hora y media, inaudito también, y sonaron grandes temas como The Less I Know the Better, Daffodils, su colaboración con Mark Ronson, y tiraron grandes cantidades de confetti en un final apoteósico con toda la carpa cantando Feels Like We Only Go Backwards.

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Foto de Ambiente. Foto realizada por Jackster

Y de nuevo de vuelta al escenario principal donde M83 que también demostró que han mejorado lo suficiente como para ocupar y conseguir llenar el escenario principal de un festival grande, con un setlist cuidado en el que consiguieron equilibrio entre sus temas más introspectivos y los festivos, dando prioridad a los segundos para conformar una hora de música que resultó muy gratificante. Particularmente eché de menos que los temas de “fuera” de los dos últimos discos que compusieron el esqueleto del concierto cambiaran respecto a la última gira, ya que tanto Sitting, como We Own the Sky como el casi-cierre Couleurs  ya estaban allí, mientras que otros clásicos como Don’t Save Us From the Flames o Kim & Jesse parece que pasan al olvido.

Al término quedaban sólo conciertos a medio, y pasamos por un escenario Arena a reventar donde James Blake mostraba su lado más movidito, un Skepta que ponía a mover al público en un Apollo también lleno para terminar con la última canción de Car Seat Headrest que sonó mil veces mejor que en el pasado Primavera Sound.

Sábado

Empezamos a las dos de la tarde con más música del mundo, Andrómeda Mega Express Orchestra, unos dieciocho músicos provenientes de que se agolpaban sobre el escenario del Avalon practicando una mezcla entre jazz y rock progresivo que resultó algo duro para esas horas. Tocaría a continuación en la misma carpa Danko Jones, veterano grupo de rock enérgico que se mostró entregado y encantado de tocar en el festival, y que nos entretuvo con la versión de Misfits Die, Die My Darling y temas propios como Gonna Be a Fight Tonight.

Nos fuimos entonces a Dizzy Mizz Lizzy un veterano grupo danés de rock, llamado así por una canción de Larry Williams versionada por The Beatles, totalmente desconocido para mí que tocó por sexta vez en el festival y que me sorprendió gratamente, dando un gran concierto en el escenario principal, ante un público que les correspondió dándolo todo. Totalmente recomendados si es que alguna vez deciden venir a éstas latitudes.

Fue el turno de Sturgill Simpson, uno de los nombres emergentes del country rock que ofreció un gran, grandísimo concierto en el Avalon de nada más y nada menos de hora y media de duración, en el que hubo tiempo para un par de covers, When the Levee Breaks, de Memphis Minnie & Kansas Joe McCoy pero popularizada internacionalmente por Led Zeppelin, e In Bloom de Nirvana, de tocar buena parte de los dos primeros discos y el último y gran A Sailor’s Guide to Earth de manera íntegra. Conciertazo y mucha entrega.

Last Shadow Puppets. Foto realizada por Jackster
Last Shadow Puppets. Foto realizada por Jackster

Después de éste gran concierto el rock de The Last Shadow Puppets me pareció bastante descafeinado y no conseguí meterme en un concierto que duró algo menos de una hora y que parecía bastante desangelado. Echamos un rato escuchando de fondo a los Extreme-metaleros Cattle Decapitation, que “cantan” sobre temas relacionados con los derechos de los animales y el veganismo y unos más amables daneses Lightwave Empire que no sonaban mal.

A continuación fuimos al Arena para escuchar otra de esas cosas que creía difíciles: un gran concierto de New Order, sobre todo después de ver el esperpento de 2012 en Benicassim. El excelente nuevo disco parece que les ha rejuvenecido y el excelente sonido del escenario parece que también ayudó a hacer del evento algo especial, y es que pusieron toda la carpa a bailar con los temas clásicos remezclados como Blue Monday, Ceremony o Bizarre Love Trianglesin que otros nuevos como Singularity, Tutti Frutti o Plastic palidecieran en comparación, para rematar la faena con el tema de Joy Division Love Will Tear Us Apart, consiguiendo así el rabo y las dos orejas en una faena perfecta.

New Order
New Order. Foto realizada por Jackster

De New Order nos fuimos a , que estaba en el escenario principal, y fue chocante comprobar que allí es toda una institución, logrando que el Orange estuviera completamente desbordado, hasta por los márgenes del recinto, siendo el primer concierto visto allí que no se pudo disfrutar en condiciones. Temas como Glass o Lean On sonaron, a lo lejos, deslizándose entre una multitud que se agolpaba en torno al escenario y llegando a nuestros oídos de forma atenuada y dispersa entre reflejos de fuegos artificiales.

Pero no hay mal que por bien no venga, ya que aprovechamos para coger un buen sitio en Miike Snow, que en ésta gira ha cambiado su sonido a algo más de estilo más comercial, ya no sólo por su último disco, si no también por la reconversión de sus temas antiguos como Paddling Out, Silvia o Animal, en los que las baterías de ritmo casi marcial que aparecían en ocasiones, se veían sustituidos por beats y tempos regulares que animaban a convertir la carpa en una pista de baile, y así sucedio.

Uno pensaría que después de ver todo esto ya no debería quedar nada decente pero nada más lejos de la realidad, ya que LCD Soundsystem cerraba el escenario principal clavando el repertorio y actuación que ofrecieron en el pasado Primavera Sound, ni más ni menos. Si acaso más fresquito, cosa con la que se permitió bromear James Murphy preguntando que si ésto era para los daneses el verano. Recapitulando, a mí el concierto me gustó pero perdido el efecto de la sorpresa, resultó menos emotivo. Particularmente disfruté enormemente cuando seguidas fueron Someone Great y Losing My Edge y el final con Dance Yrself Clean y All My Friends.

Ya para terminar, Nero estuvo en el Apollo y fuimos allí a darlo todo en una sesión de electrónica festiva sorprendentemente disfrutable, tanto musicalmente como por el ambiente entre el público, que cerró Roskilde 2016 por todo lo alto, y dejándonos un gran sabor de boca. Ojalá volver allí, hoy.

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