banner WIR

Soleá Morente: Tendrá que haber un camino

Por Ales Fernández 1

Soleá Morente Tendrá que haber un camino

Aunque un apellido no sea sinónimo de garantía, como mínimo facilita la aparición en el mapa; de la misma forma que puede acabar convirtiéndose en una losa para el artista. En el caso de Soleá Morente, la hija mediana del clan, a la curiosidad inicial que puede despertar su linaje se le suma el incentivo de la lista de nombres que la han arropado y que a todas luces han jugado un papel decisivo en el resultado final de su primera puesta de largo en solitario: Tendrá que haber un camino, tras firmar un ep a medias con Los Evangelistas; cuya totalidad de integrantes, aunque no tan revueltos, no han faltado a la cita.

Soleá Morente se define a sí misma como rockera y flamenca, pero no cantaora; y partiendo de esos géneros ha reunido trece canciones que pueden calar en los detractores del sonido andaluz y que se inundan por el denominador común de una voz melodiosa; la cual consigue unificar todo un compendio de textos y músicas de autores con universos muy dispares entre sí. Escapar con éxito de tan ardua tarea ya hace sospechar que ella es mucho más que un cuadro heráldico.

Aquí la tradición trasciende para introducir con naturalidad en unas sevillanas (“Están bailando”) una batería electrónica junto a las castañuelas, y un órgano Hammond fundiéndose cerca de la distorsión sangrante que despacha Paco Luque. El palo de la granaína en “Eso nunca lo diré” es capaz de asimilar una cascada sintetizada y los ambientes que Florent crea con sus cuerdas, mientras que los fandangos de “Arrímate” se visten gloriosos de arreglos arábigos y la voz nasal de J.

Las canciones que más se me antojan perfectamente imaginables en la piel de sus creadores son las tres que cede la formación de La Bien Querida (dos de Ana Fernández-Villaverde y una de David Rodríguez), con ese punto tan naíf y encantadoramente tarareables. Y como no podía ser de otra forma, Enrique Morente se cuela en buena parte del repertorio; incluyéndose también aquí dos piezas de Leonard Cohen a las que El ronco del Albaicín ya atacó en tiempos de “Omega”. Otro de los que estuvo en aquella obra mastodóntica, Antonio Arias, aporta algunos dardos; y es que el catálogo de presentes es interminable: David Fernández, Popi, Estrella, Raúl Bernal, Machado, Julián Checopolaco, Jaime Beltrán, Montoyita, Lorca, Miguel Ángel Pareja, Juan Codorníu…

Soleá Morente no se limita únicamente al papel de intérprete, puesto que trabaja las adaptaciones y se encarga de la producción; eso sí, nunca sin sus amigos. Habrá quien le reste méritos por no presumir de una condición ermitaña, pero lo cierto es que ha superado con creces la prueba del debut, dando cohesión y coherencia a un conjunto de distintas aristas; cosa imposible de lograr si no se posee una personalidad propia. Ahora hay que aguardar la continuación del camino. Tendrá que haberlo.

banner WIR