Contempopránea 2016: El último verano

Por Rafael Tovar 1

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Duele. La sensación de frío recorre la espina dorsal. Pronto la sensación de alivio se apodera de todo y el ruido del gentío se hace evidente. Un chapuzón en las frías aguas de las piscina naturales de La Codosera (Badajoz) se convierte casi ya en una tradición tras casi tres días de festival. Un bautizo obligatorio para los primerizos. Acúfenos, risas y cansancio.

Siempre es el último verano. Siempre es el último Contempopránea Albuquerque. La canción nos la tenemos tan aprendida que ya se convierte en tema recurrente todos los años. El festival de la marmota. Siempre a punto de desaparecer, siempre en pié. Cada verano nos reencontramos con amigos y amigas como si fuera el último, cómo una familia por navidad. La música es la excusa, una voz interior, casi esquizofrénica, que te dice lo que debes hacer cuando llega el mes de Julio.

“Get the fuck of my mind, get the fuck of my mind, cause I’ve been trying to hold you, I told you, tell me where’ve you been”. Belako

El ruido, otra vez, te obliga a moverte. Saltar y gritar se convierte en una necesidad primaria. Belako, “unos críos, unos críos” te repites, mientras suenan mil veces mejor que cualquier otra banda que haya pasado este año por las laderas del Castillo de Luna, en la pequeña ciudad de Alburquerque (Badajoz). Y es que no hace falta decir mucho más, ellos lo dejaron claro sobre el escenario, el grupo con el mayor porcentaje de chicas en su formación (dos chicos, dos chicas y ya), tema nada trivial en una escena que sigue abanderada por hombres de mediana edad y que año tras años va envejeciendo aún más. Una escena cada vez más cargada de bandas que han optado por la radio fórmula, que sí, que te llenan festivales, pero que ya aburren. Esto deja patente que dar pasos a nuevas generaciones es lo que va a refrescar la esencia de estos festivales.

Miradas, complicidad, en la piscina municipal y en el recinto del festival. Tachenko amenizando la tarde de césped y calor. “No tengo escapatoria”. Presentaciones, charlas triviales sobre nuestras ciudades de origen. De dónde venimos, a dónde vamos. “Felicidades por tu cumpleaños, hoy te haces mayor”. Cuerpos que se entrelazan por primera vez, por segunda vez, o los que llevan toda una vida. “Más de diez años juntos” escucho, y un último verano.

Sidonie. Lluvia en la ladera.
Sidonie. Lluvia en la ladera.

The Pastels. Una sorpresa tenerlos allí, un último disco precioso, un capricho de Agustín Fuentes, director del festival, un precio a pagar, una decepción: mal sonido, una mala puesta en escena. No hay mucho más que añadir, no consiguieron emocionar. La contrapartida, la siguiente apuesta, The Charlatans, la movida Madchester. Los noventas. Un fusil llamado Tim Burgess que conectó con un público fiel y entregado.

Una avispa sobrevuela la comida. Miedo y algo rápido para comer. Fotos con el móvil en el camping. Algo para beber antes de emprender el camino que asciende a las laderas. Otro aperitivo en la plaza del pueblo. Risas por la noche anterior. Se volverá a repetir.

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