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Die Antwoord: Mount Ninji And Da Nice Time Kid

Por Diego José Fabián 1

Nuevo álbum de Die Antwoord

8.5

Nota
8.5
85%

En este siglo XXI en el que nos ha tocado vivir, lo que se lleva son los peinados estrafalarios y los cuerpos ultratatuados. Es el signo de los tiempos. Así son muchas de las estrellas, no solo de la música, sino del arte, el cine, la cocina o los deportes. Y así son muchos de los ciudadanos corrientes del mundo. Si lo llevamos un poco más al extremo, encontramos, nunca mejor dicho, la respuesta en Die Antwoord. Digo nunca mejor dicho, porque Die Antwoord significa la respuesta en afrikaans, un idioma hablado en Sudáfrica que proviene del holandés. Ellos se denominan a sí mismos “white trash”, basura blanca, y sí, lo que hacen es realmente sucio, transgresor y provocador. En el fondo, ¿no somos todos así?

Su último álbum, “Mount Ninji And Da Nice Time Kid” sigue esta línea, la de la provocación, fusionando a todo trapo electro, techno, rave, hip-hop, makina y trap con la cándida, etérea y maliciosa voz de Yo-Landi, que, sin paños calientes, a todos nos pone cachondos, lo digamos públicamente o no. Porque en Die Antwoord el componente sexual existe y tiende al porno hardcore; con todo esto, ha llegado el momento de posicionarse: ámalos u ódialos, pero no digas que te da igual. Esto no es ir a votar en unas terceras elecciones, es más trascendente. Es un estado alterado, estresante, efervescente, nervioso, que no puede parar. Bastardo. Es la vida del siglo XXI. La mejor muestra es “Banana brain”, hitazo eurobeat del duro, del que se baila con la botella de agua y las pupilas dilatadas y que tiene su reverso en “Wings on my penis”, para cuando llega el duro bajón. La orquestación o algo parecido que se percibe en “Rats rule”, la espesura y tensión ambiental en “Fat faded fuck face”, la liturgia discotequera de bajos fondos de “I don´t care”…  y esa pieza de parking de trapicheo que abre el disco que es “We have Candy”, conforman, además, lo más destacado de un trabajo que se alarga hasta los 16 cortes.  Las letras por su parte combinan amor profundo e incondicional (“no me importa, no me importa mientras estés conmigo”) en “I don´t care” y perversión malsana (“pecho uno, pecho dos, rebotando como un Looney Toon”), como rapea Ninja en “Banana brain”.

Si los putos amos de la música del siglo XX fueron, por ser pioneros en su estilo, The Beatles, Sex Pistols, Kraftwerk y Nirvana, los putos amos de lo que llevamos del XXI son Die Antwoord, porque no hay precedentes. Nadie en estos 16 años, a excepción de Years & Years, ha creado un sonido tan distinto e innovador. No me vengan con dubstep porque no cuela. La respuesta es esta. Los demás son aprendices.

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