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Orange is the New Black: La cárcel puede no ser un mal lugar

Por Diego José Fabián 0

Repasamos la trayectoria de la serie "Orange is the New Black"

En este país de ladrones, mentirosos, maltratadores y gentuza en general en el que habitamos (mi querida España, lo bien que se come), las cárceles tendrían que estar desbordadas y llenas de inquilinos. Algunas celebridades como Mario Conde ya saben de que va el rollo; y otros como el ex – ministro Soria o algunos conocidos actores que se las dan de “rojillos” deberían de pudrirse allí. Pero sin hacer mala sangre, la serie estadounidense Orange is the new black puede convertir ese lugar de penitencia en algo romántico, divertido e incluso llamativo. Las cuatro primeras temporadas, emitidas por Canal + Series (ahora Movistar Series, que el imperio continúa en expansión), así lo atestiguan. La responsable de esta contrariedad es Jenji Kohan (Weeds), quien ha adaptado la historia real de Piper Kerman a la ficción televisiva. Y el éxito también se ha extendido aquí con nuestra versión nacional, Vis a vis, aunque los productores de esta afirman que nada tiene que ver una con otra… y como todavía no la he visto, no opino (aunque tiene muy, muy buena pinta).

El argumento de Orange se desarrolla en una prisión exclusiva para mujeres en el condado de Litchfield. Ya el título de la serie es intrigante. Orange, naranja, es el color del mono que llevan las reclusas novatas en sus primeras semanas de internamiento. Y el negro (black), como bien sabéis, nunca pasa de moda. Así pues, de naranja, ingresa en prisión la protagonista de este tinglado, Piper Chapman, una insufrible bisexual niña bien, que por no juntarse con la gente adecuada, ve su vida truncada entre rejas tiempo después de haber sido engañada por su amante en un chanchullo de drogas. Esta es Alex Vause, pibonazo interpretado por Laura Prepon (Aquellos maravillosos 70s) y con la que se reencontrará en las celdas para seguir manteniendo una tortuosa relación de amor/odio. Pero donde realmente está la chicha de la serie es en el amplísimo elenco de secundarias que la conforman (las latinas, las negras, las frikis, las yonkis, las místicas, el clan de las protegidas de la malévola rusa Red…). En todos los capítulos hay flashbacks dedicados a cada una de ellas, en los que se cuenta la historia de cómo han llegado al penitenciario de Litchfield. Los carceleros tampoco tienen el más mínimo desperdicio: machistas, amargados, pajilleros, chantajistas… mucho donde elegir.

Aunque la escena final del último episodio de la tercera temporada, por su intensidad, parecía el final de la serie (y así tenía que haber sido, porque era el final perfecto), esta continúa, y desde hace tres meses la cuarta entrega está estrenada y en emisión en Movistar +.  Pero ciertamente, flojea con respecto a las tres primeras, ya que las nuevas incorporaciones carecen del carisma de las veteranas. Para 2017 habrá una quinta temporada para la cual no tengo ya tantas expectativas más allá de deshacer el nudo de si la sangre corre en el correctivo o no. Lo demás ya será dejarse sorprender.

Con todo, vamos a aprovechar que estamos en la edad de oro de las series televisivas, a borrar Telecinco de nuestro mando a distancia y a hacer nuestra existencia más llevadera con estas pequeñas joyas que nos brinda la vida. Ya lo veis chicas (y chicos)…  la cárcel tal vez no sea el peor sitio para vivir.

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