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Bon Iver – 22, A Million

Por Juanjo Rueda 1

Crítica del disco "22, A Million" de Bon Iver

8.5

Nota
8.5
85%

En el arte como en la vida está bien algo de riesgo, está bien sorprender. En el arte, puede que más que en la vida, es bueno que haya culos inquietos que busquen no conformarse o regodearse en los logros conseguidos y busquen explorar nuevas cumbres más que quedarse mirando el paisaje desde la misma cima largo tiempo. Pero también está el hecho de que en la creación artística el riesgo debe ir acompañado de cierto, o mucho, talento porque si no lo que es riesgo se convierte en temeridad absoluta, se puede convertir en buscar epatar por la vía de la provocación vacua (mucha forma y cero fondo).

Darling don’t a failure fright / Times the raker / And I’ll rack it up

10dEAThbREasT⚄ ⚄

Justin Vernon vuelve, cinco años después, con su proyecto Bon Iver en una jugada que tiene mucho de riesgo y parte de temeridad. Vuelve con un disco, “22, A Million”, que dejará en pañales aquellos arqueos de cejas de los puristas de su primer disco -“For Emma, forever ago” (2008)- ante temas como “Beth/Rest”, incluido en el homónimo segundo LP. Justin Vernon viene con un disco ante el cual lo primero que uno piensa es que la influencia de sus colaboraciones con gente como Kanye West o James Blake no es que se haga notar, si no que emerge en estampida de los auriculares hacía tus orejas. También le hace a uno pensar que probablemente Vernon ya tenía esa faceta, esa vena musical no mostrada en este proyecto, y por eso surgieron esas colaboraciones. La cuestión es que el nuevo disco del proyecto Bon Iver viene bien preñado de bases electrónicas y clicks and cuts varios que en (pocas) ocasiones acompañan el fondo de guitarras clásico de aire folkie (“29 #Strafford APTS”) y en otros se convierten en ritmos marciales al más puro estilo Ben Frost que te golpean hostias de sonido sin tiempo para la reacción (“10dEAThbREasT⚄ ⚄”). La jugada de Justin Vernon tiene muchísimo de riesgo, bordea casi en cada momento la línea de lo irritante y lo hortera (desde el abusivo uso del Auto-tune con esos coros de voces pitufadas que se unen a la ya aflautada forma de cantar de Vernon o lo demencial de los títulos de las canciones, con sus ocultos significados biográficos) y aunque consigue hacer equilibrios de funambulista para no caerse en muchas ocasiones, hay algunos contados momentos en que esto es imposible (“715-CR∑∑KS”).

The path ahead / The path behind it

21 M♢♢N WATER

Consigue crear un disco personal, lejos, lejísimos, de casi todo lo que habíamos oído de Bon Iver anteriormente. Un disco que es imposible que te deje impasible (ya sea para bien o para mal) pero que, personalmente, consigue dar sentido a esa locura sonora para no caer en lo completamente “kitsch” y conseguir que poco a poco termines cayendo bajo el extraño poder magnético y emocional de varios de sus temas: “22 (OVER S∞∞N)”, “29 #Strafford APTS”, “10dEAThbREasT⚄ ⚄”, “8 (circle)”, “666˨”. Quizá por ser un disco que viene de quién viene se le perdonen algunas cosas pero la sensación final que triunfa es la de que hay un talento que emerge victorioso por encima del riesgo temerario, un talento que convierte en disfrutable la locura de una propuesta que en manos de otro se convertiría, sin duda, en un sindios infumable.

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