Crónica del concierto de Girl Band en Madrid

Por Ana Rodríguez 0

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Debe resultar algo frustrante que publiques uno de los mejores discos de 2015, Holding Hands with Jamie, y que los problemas de salud no te permitan girarlo, para demostrar tu valía. Por eso, que este verano Girl Band anunciara fechas en Madrid y Barcelona fue una alegría, tanto para ellos (seguramente) como para nosotros (esto ya me permito confirmarlo): las sesiones de distorsión siempre sientan bien para el equilibrio de humores.

Había ganas de verlos en directo en un espacio menos claustrofóbico que la Siroco en el Villamanuela de 2015, así que fuimos con tiempo a la Moby Dick. Abrieron la noche FAVX, que celebraron su primer cumpleaños como teloneros de los irlandeses demostrando su voluntad punk con unos temas llenos de energía, que prometen evolucionar en presencia escénica. ¿Cuántos grupos dicen que son punk y son un rebaño de cabras degolladas? Este no el caso y es más que probable que a medida que toquen en directo ganarán en empaque.

Al inicio de la noche parecía que la sala no estaba muy llena, pero poco a poco la gente fue llegando, de manera que, cuando quedaban pocos minutos para que empezara Girl Band, la Moby estaba prácticamente al completo. Llegada la hora, lo hicieron sin medias tintas, a lo grande, tocando “Paul”, que sirvió como declaración de intenciones de lo que nos esperaba: la distorsión elevada a sinfonía. Una definición que puede resultar pretenciosa pero que creo que resume lo que Girl Band demostró: que el post-punk no es ruido sin control, que no es algo improvisado, sino que requiere de cierto virtuosismo instrumental. La única casualidad que hubo fue el setlist escrito en la mano de cada uno de ellos.

Más allá de la calidad que tuvo su sonido, observar la ejecución de cada canción fue toda una experiencia: el orden exquisito de los pedales, la superposición de los platillos (algunos de ellos troquelados), el acoplamiento de la guitarra con el amplificador, el botellín que juega con las cuerdas del bajo… Pocas veces se puede observar esa exquisita forma de darse paso cada instrumento y de jugar entre ellos, sin olvidar la desgarrada voz de Dara Kiely, que ni desentona ni desafina, y que se escuchó a la perfección, sin quedar por debajo de la instrumentación como, lamentablemente, ocurre a veces en algunos conciertos.

“De Bom Bom”, “Heckle the Frames”, “Fucking Butter”, “Pears for Lunch”, “The Cha Cha Cha”… a medida que avanzaba su setlist el público pasó de estar con los ojos y la boca abiertos que deseaban aplaudir y jalear cada canción a agitar la cabeza y el cuerpo como su ritmo progresivo exigía, hasta que cerraron con “Lawman” y la versión de Blawan, “Why They Hide Their Bodies Under My Garage?”, que llevaron a los asistentes a un intenso y divertido pogo, en el que alguno perdió una zapatilla que acabó volando en el escenario. A ver quién supera esa fusión de público y grupo.

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