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Crónica Zu + La Plata en Alicante

Por José Luis López 0

Recuerdo el bolo de Zu en la sala Apolo de Barcelona hace unos años. Dentro de la programación del Primavera Sound teníamos a los italianos y a Dälek volviéndonos locos mientras la ciudad ardía con las celebraciones de la que era la tercera Champions de F.C. Barcelona. Recuerdo ese concierto como si hubiese sido ayer, fue enormemente impactante. En un festival en el que tocaron My Bloody Valentine, The Jesus Lizard o Sunn O))), sigo pensando si no fue el mejor que vi en aquella edición.

Nunca había estado en la sala Marearock, situada en el puerto de Alicante, así que la visita de los italianos parecía una ocasión inmejorable para hacerlo. Como hemos dicho, el local en cuestión se encuentra en el puerto. Allí podemos disfrutar de la enorme oferta de camareros pegándote gritos para que elijas su restaurante y no otro de las decenas de lugares atestados de fotos de bogavantes de dudoso origen que hay alrededor: en una batalla por dar mejor oferta que el vecino (que está pegando voces a la vez) suben hasta un “se puede fumar cenando y viendo el fútbol” que no sé bien si es una ventaja o no.

Pero al caso: una vez dentro de la sala, me encontré con que su tamaño es algo reducido (tampoco demasiado), así que en aras de evitar largas esperas y otros desbarajustes, habían situado al telonero a ras de suelo. Zu montan siempre la batería rozando el borde del escenario, en plan para que te la comas si hace falta, con lo que la solución fue bastante buena.

¿Y quién era este telonero? Pues unos jovencitos valencianos que se hacen llamar La Plata. Su set fue bastante entretenido, con un sonido que bailaba desde el rock más bailable a ciertos tintes punk. Interesantes, aunque distaban bastante de lo que venía a ofrecer el trío italiano a continuación, y se notó en el público, que más allá de conocidos y gente que estaba en primera fila fue un ir y venir a fumar y al baño. Al final del concierto hubo hasta homenaje al Aviador Dro. Por supuesto.

Sobre las 22:00 salieron a escena los italianos. No se cortaron un pelo y comenzaron sin ambages con “The Unseen War”, tema que abre su última referencia (“Cortar Todo”, Ipecac 2016). El sonido, aunque fue mejorando, fue un poquito apelotonado toda la noche. Teniendo en cuenta lo complejo y gordo que el producto viene ya de fábrica, hacía que costase distinguir ciertas partes. Eso sí, por volumen que no fuera.

A pesar de que el sonido no era el mejor (nada que ver con aquella vez en Barcelona), esta banda es tan rematadamente buena que se disfruta (casi) igual. Monolíticos, cavernícolas, esquizoides… escoja usted el que más le guste. Un tren que te pasa por encima porque, por mucho que lo vieses venir, no te has querido quitar de en medio.

El concierto prosiguió a base de temas de sus últimas referencias (sobresaliente ‘Chthonian’, de su célebre Carboniferous), con un Tomas Järmyr apabullante. Tras sonar su célebre ‘Ostia’, en una versión que, por culpa del sonido no se pudo apreciar completamente, se fueron para volver haciendo un último bis que no llegué a reconocer.

Terminó el concierto y hubo un gesto unánime: manos a los oídos. Como ya digo unas lineas más arriba, por volumen que no fuera.

Foto: Endre Forbord

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