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Intro Music Festival: “Invernalia” se hace Indie

Por Armando Rendón 0

Los días 9 y 10 de diciembre, en Valladolid, se ha celebrado Intro Music Festival.

Han sido dos días en los que la música ha triunfado por encima de todo. Estilos diversos, entrelazados en un cartel donde los gustos y aficiones del público se han visto recompensados con distintos y variados registros. Desde estas líneas nos gustaría reconocer a los promotores y organizadores la más que buena ubicación, el control y el desarrollo del festival. Además, un bien dimensionado espacio, barras y acceso (todo en general) nos hace recomendar a cualquiera que le motive este tipo de música la asistencia a posteriores ediciones.

Varias puntualizaciones antes de entrar en materia musical. La primera: recordar a todos los estamentos públicos que apoyar la cultura, en el modo de expresión que sea, aumenta considerablemente la promoción y el impacto económico en la población donde se celebra. Impacto en reservas hoteleras, en consumo cultural, en inversión en hostelería, etc. Durante el fin de semana, Valladolid se ha teñido de las pulseras azules distintivas del festival, lo que ha generado sin duda riqueza y ha promocionado a Pucela. La segunda: magnífica la idea de denominar a la moneda del festival «Julios», hecho que ya nos alegraba a todos cada vez que sacábamos los tickets para consumir.

  • Viernes día 9:

El festival nos presentaba un cartel donde Iván Ferreiro se alzaba como la referencia y el principal atractivo para los asistentes. Como aperitivo, dos opciones de garantía con estilos totalmente contrapuestos. Para iniciar el festival, desde Sevilla, al 50 % y en formato acústico, se presentó Maga.

Este grupo nacido de las páginas de Rayuela, que celebra este año su 15 aniversario, repasó junto a los presentes parte de su trayectoria musical, sin olvidar por supuesto sus composiciones más emblemáticas y míticas. Miguel Rivera es uno de esos músicos que perduran, que demuestran su profesionalidad continuamente y este caso no fue una excepción. Los que ya estábamos por el recinto pudimos disfrutar de cada una de las cómplices propuesta que nos hicieron, tanto para participar como para disfrutar de la puesta en escena. Sonaron Diecinueve, Agosto Esquimal y las primeras canciones del grupo editadas en su primer EP Bidimensional, resaltando el germen de la banda Una piel de astracán.

Tras ellos, procedentes Madrid, y con ese perfil irreverente, gamberro y más que desenfadado disfrutamos a los «putos» (como ellos mismos se denominan) Sexy Zebras. Frío glacial en Valladolid y los tres componentes de la banda, Gabriel, Jose y Samuel, se presentan descamisados y con una furia irrefrenable. No había calentamiento posible, el que no quisiera que se buscara otro entretenimiento, allí lo que tocaba, nunca mejor dicho, era rock potente con mezclas «Redhotchili». Y no defraudaron a nadie. Nos pusieron a todos a bailar, acompasando el ritmo a base de un bajo que manda como pocos bajos en el panorama nacional. El ambiente andaba caldeado y todos estábamos ya preparados para el plato fuerte de la noche. De Madrid nos fuimos a «Casa», a Galicia directamente, a la tierra de los Ferreiro.

A continuación, Iván Ferreiro, con su hermano Amaro como escolta (genial acompañante perpetuo que solo se puede permitir un hermano). Amaro, con su último largo, podría haber sido uno de los protagonistas en solitario por méritos propios en el festival pero, en este caso, también se subió en la estructura de Casa para acompañar a Iván.

Al lado de ellos, Ricky Falkner, al control de todo y con el bajo entre las manos. Es el segundo concierto en menos de un mes que vemos de Iván con el mismo formato y vuelve a demostrarnos que está a otro nivel, que tiene recursos para cuanto quiera. Tirando de clásicos de Los Piratas (Años 80, El Equilibrio es imposible, etc.) o de su ya más que destacable producción en solitario (El Dormilón, Como conocí a vuestra madre, Turnedo, etc.) siempre gana adeptos y consolida a los que nos ganó para la causa hace ya siglos. Aprovechó para poner punto y final a su actuación con Turnedo, no sin antes, como suele hacer en directo, homenajear a ese Diecinueve de Maga con el que tanto disfruta.

Tras ellos, una de las cosas que debe mejorar la organización desde nuestro punto de vista (no todo podía ser perfecto): meter a L.A. en el momento más álgido de la noche, una de las mayores decepciones de todo el fin de semana. Luis Alberto es más para escucharlo con calma que para animar y elevar el tono de diversión. Transmite más en lo cercano y reducido que ante una masa de público mayor. Le va más a su estilo lo acústico que lo eléctrico. Debido a esto, su momento en el escenario se hizo plomizo y plano. Por esta razón, muchos de nosotros, a pesar de las ganas, no llegamos a Dorian. Nosotros lo lamentamos en especial y desde aquí le pido disculpas a mi amigo Marc (llegar desde Sevilla con la paliza de coche me lo hizo imposible), pero fuimos incapaces de atisbar un cambio de registro en el bolo.

  • Sábado día 10:

El sábado la organización nos proponía volver desde el principio a Galicia, con Eladio y los Seres Queridos, con su pop de letras cuidadas y melancólicas. Como la comunidad que tenía más representantes en el festival era Galicia, nos volvieron a regalar a uno de sus mitos musicales, dejando solo ante el peligro (nunca mejor dicho) a Xoel López con su armónica, sus guitarras, su piano y su percusión de pedal.

Al contrario de lo que sucedió el día anterior con L.A., un solo músico en acústico fue capaz de poner boca abajo a todo el público, nos llevó adonde quiso y, sobre todo, nos hizo disfrutar ante la figura de un músico enorme, único e irrepetible. Repaso de sus últimos largos y, cómo no, de clásicos de Deluxe (olvidándose más que voluntariamente de su principal reclamo Que no). Fuimos testigos de las reminiscencias de su «exilio» argentino y de esa nueva esperanza recuperada y plasmada en su último disco Paramales.

Tras Xoel nos tocaba como aperitivo «lesbiano» Mucho. Los ex Sunday Drivers, juntitos y casi revueltos, se parapetan en el escenario como si los extremos no fuesen útiles, formando un círculo que casi cierran con el público. El amigo Perarnau, ataviado como si fuese a pastorear, jugó durante todo el bolo con los dobles sentidos de las letras del grupo. Pidiendo a las puertas del infierno, su último largo, nos retrotrae a base de sonidos con un componente alto de sintetizadores a la década de los ochenta. Mantuvieron el pulso, no dejaron insatisfecho a nadie y supieron conectar con el público que andaba en shock tras Xoel.

El plato fuerte de la noche no se hizo esperar. Como maestro de ceremonias, Santi Balmes y una banda, Love of Lesbian, que sin duda son, junto a Vetusta Morla, Los Planetas y Lori Meyers, los máximos exponentes de esas bandas «indie» que, desde la calidad, la innovación y el gusto musical, comandan la escena alternativa española. Comentaba con mi acompañante que puedo haberlos visto más de treinta veces y, claro, ni soy objetivo ni quiero serlo. Los he visto en todos los formatos, con todo tipo de repertorios y la verdad es que, en casi la totalidad de los casos, he disfrutado inmensamente. Son esos placeres que gracias a la música podemos tener en nuestras vidas. En el caso de los catalanes, como además su sonido es magnífico, cuentan con grandes músicos y con un espectáculo que engancha a todo el mundo, poco más se puede decir. Terminaron con Planeador, pero podrían haberlo hecho con casi cualquier tema de su larga trayectoria compositiva.

Para cerrar el festival disfrutamos a Sidonie que con Carreteras infinitas se han quitado máscaras y pelucas, y han decidido apostar por un pop sesentero con el que se encuentran ahora más identificados.

Esperamos que esta edición de Intro Music Festival le permita consolidarse y arraigarse en esta maravillosa ciudad que es Valladolid, por el bien de los pucelanos y del resto de amantes de este tipo de música y festivales.

 

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