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‘En busca de los discos perdidos (old records never die)’ de Eric Spitznagel

Por Diego José Fabián 0

Reseñamos el libro "En busca de los discos perdidos (old records never die)" de Eric Spitznagel

Me quedé en suelo y escuché el latido de mi corazón. Me pregunté si el ataque al corazón que siempre supe que me sobrevendría estaba al caer en ese momento, mientras estaba tumbado sobre este suelo, escuchando el disco de los Beastie Boys. ¿Es así como terminará todo? ¿Es así como me encontrarán?

Bien. Los “millennials” no van a entender nada. Esta generación a la que por desgracia pertenezco (tengo 38 recién cumplidos) es también llamada la generación Y, y son todos aquellos que nacimos a partir de 1979 hasta Dios sabe ya donde. Saco a relucir este dato puesto que, probablemente, a ningún “millennial” le va a interesar este libro. O por lo menos a los que ya nacieron en los 90. Esto trata de amor al vinilo, a la posesión, a la búsqueda, al tacto, a la vista, al oído. Amor a la música. Compromiso. Algo que un veinteañero no puede entender. Sé lo que me digo. Tengo un nutrido grupo de amigos de entre 22 y 30 años, y la verdad, no sienten ningún apego por esto. Serían incapaces de ir a una feria del disco, o de pasarse un fin de semana entero escuchando vinilos sin cesar. Ahora lo que se lleva son los medios digitales y el almacenamiento de millones de canciones que nunca escucharás. Y Eric Spitznagel (cuarentón él), que malvendió en su juventud montones de discos para irse de fiesta, ahora quiere recuperarlos. Exactamente los mismos. No copias u otras ediciones. Los que un día fueron suyos. ¿Acaso no es urgente realizar una película sobre esto? Yo a Steve Buscemi lo veo en el papel de Spitznagel.

Con una banda sonora que va de los Rolling  Stones a los Replacements, de Bon Jovi a Talking Heads,  de los Kiss a Duran Duran, nuestro héroe recorre una serie de caricaturescas historias salpicadas de pintoresco humor en busca de sus discos perdidos.  Ferias, tiendas, festivales de música, sótanos mugrientos, ex novias dispuestas a echar una mano y multitud de viejas y golfas amistades, se entrelazan en sus 12 capítulos que se leen casi del tirón (298 páginas de nada). El trabajo que se ha propuesto no es para nada fácil, pero cada situación le producirá ciertas satisfacciones que, a sus años, le harán encontrar su lugar en el mundo. Porque como dije arriba, esta es una historia de amor. Si alguna vez un disco, una canción, te ha producido algo, algo que te transporta a un instante, un lugar, una sensación, una persona… vuelve a escucharla, a ser posible en un puto vinilo, sí. Emociónate, llora. Y vosotros, veinteañeros malcriados, seguid sin entender ni papa. De nada.

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