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Entrevista a Carlos Pérez de Ziriza

Por Marcos Gendre 0

Más allá de las polémicas con los Manriques, Lenores y Cruzes, el periodismo musical estatal está compuesto por voces tan provechosas como las de David Saavedra, Abel Hernández y la de todo un todoterreno como Carlos Pérez de Ziriza, que con su flamante libro, Indie & rock alternativo (Ma Non Troppo, 2017) despliega un mapa monumental, desde el que poder ubicarse y reconocer el último significado de términos tan ambigüos en estos días como “indie” y “alternativo”. Sobre todo esto, el estado del periodismo musical y mucho más, nos habla en profundidad y con no poca agudeza.

Antes de nada, ¿cómo te surgió la oportunidad de poder escribir este libro?

Me llegó el encargo de la editorial a través de un compañero del gremio, y la verdad es que tal y como me llegó no dudé ni un segundo en afrontarlo con toda la ilusión del mundo, sobre todo porque tenía la sensación de que lo iba a pasar bien escribiéndolo. Al menos eso es lo que sientes cuando dominas -o crees dominar- un tema.

¿En qué te basaste a la hora de seleccionar a los artistas reunidos?

Combiné varios factores. Por un lado, la influencia que algunos de ellos han ejercido en generaciones posteriores, que en algunos casos es innegable. Por otro, intenté que algunas bandas de la actualidad que responden al epíteto de indie (pero que en puridad no lo son, o no son indies en el sentido más tradicional del término) tuvieran presencia, porque quería plantear un enfoque lo menos excluyente posible. También creo que el abanico estilístico es amplio, ya que puedes encontrar a bandas como Beastie Boys (que podrían entrar en cualquier guía del hip hop, aunque provienen originalmente del hardcore) o a proyectos electrónicos como Chemical Brothers (que tienen múltiples puntos de conexión con la independencia británica de los 90). Seguro que me habré dejado bandas fuera que podrían haber gozado de un tratamiento individualizado, y se pueda discutir acerca de la presencia de otras que sí lo tengan, pero creo que los fundamentales están.

Uno de los aspectos que más me llaman la atención del libro es que va más allá ser una guía, sino un fresco perfectamente hilado de tendencias y contexto histórico ideal para entender los tiempos musicales que nos han tocado vivir. ¿Cuáles eran tus intenciones a la hora de escribirlo?

Si lo has percibido así, entonces creo que la intención se ha logrado, porque más que una simple guía al uso, quería que fuera una herramienta para entender tanto la evolución del propio término “indie” como las muchísimas ramificaciones estilísticas que se fueron gestando desde los años 80 hasta ahora, dentro de lo que podríamos entender como rock independiente o rock alternativo. Y también creo que las propias transformaciones de la industria y de la sociedad ayudan a entender esa evolución.

Hace unos años ya escribiste el ensayo Fragmentos de una década. ¿Qué te movió a escribir ese libro?

Fragmentos de una década respondía a un deseo por ordenar la producción de aquella década y por detectar su identidad, ya que tenía la sensación, allá por 2007 o 2008, de que en unos años posiblemente nos iba a costar mucho más fijar las claves del sonido de los años 2000 (los llamados noughties) que en décadas precedentes. La atomización de la oferta no facilitaba que pudiéramos identificar la década recurriendo a estilos muy tajantes, no al menos muy populares, así que para mi era una especie de reto escribir aquel libro.

¿Cuáles son las vías revivalistas que más han cundido en el plano artístico en el siglo XXI?

Diría que el synth pop de raigambre ochentera, y en menor medida, el shoegaze.

¿En qué punto se encuentra la línea de confluencia entre “mainstream” e “indie”?

Yo diría que esa línea de confluencia se ha acortado tanto hoy en día que ya hay una confusión muy acentuada en muchos sentidos. Hay sellos independientes proponiendo cosas que hace unos años nos hubieran parecido absolutamente mainstream, y algunos sellos y artistas grandes -no muchos, cierto- que proponen creaciones que hace unos 15 o 20 años nos hubieran parecido inasumibles en un contexto mainstream.

¿Qué artistas y sellos “indies” crees que son los que, hoy en día, representan con mayor fidelidad este espíritu?

No tengo un conocimiento demasiado exhaustivo del funcionamiento interno de cada uno de los sellos en la actualidad, al menos no tanto como para relacionarlo con el concepto de indie que nos gastábamos hace unos años, pero diría que, por ejemplo, BCore (sin salir de nuestro país) estaría en la línea de los que se mantienen fieles a aquel espíritu, tanto por su política de distribución y su relación con los medios como por el talante de sus bandas.

¿Dónde se encuentran las vías para el futuro que escapan de lo retro?

Creo que pasan, teniendo en cuenta que ya casi todo (por no decir todo) está inventado, por la combinación de nutrientes sonoros que sean caros de ver en la misma propuesta. Al final, el secreto siempre está en la mezcla. Y seguro que algunas aún son inéditas.

¿Qué mú[email protected] de esta última hornada nos recomendarías?

No voy a descubrir nada nuevo, pero si nos ceñimos al indie rock de hechuras clásicas, con raíces en los 90, algunos de los que menciono en el libro: Scott & Charlene’s Wedding, Car Seat Headrest, Bored Nothing… la generación que surge justo después de Japandroids, Cloud Nothings, Wavves… de aquí me encantan Cala Vento, por ejemplo. Si nos vamos a otros estilos menos ortodoxamente indies, la lista sería interminable. Me han gustado mucho los últimos discos de Jane Weaver (aunque no es precisamente una artista novel), Julie Byrne, Orchestra of Spheres, el de Father John Misty (que me parece una obra maestra), no sé, mil cosas.

¿Cómo ves el estado de la prensa musical en España?

Me crea desasosiego. Por una parte están aquellas firmas con recorrido y años de experiencia, en las que uno sigue confiando. Por otro lado veo cierto acomodamiento en los formatos. Incluso un enrocamiento en los propios tratamientos de los contenidos. Unido al tema de la remuneración de los mismos, que está por los suelos (debe estar en mínimos históricos, los más viejos del lugar tendrán mejor perspectiva que yo, que no soy ni mucho menos un veterano). Y luego por otra parte está la necesidad, a la que me adhiero completamente, de que nos desliguemos de ese enfoque anglocéntrico (e incluso indiecéntrico) del que buena parte de la prensa musical del país es un poco rehén. Yo me curtí escribiendo en medios generalistas, desde un principio. Nunca he escrito en un fanzine ni en un webzine (en ese sentido, mi background profesional es muy poco indie, por no decir nada), con lo que siempre he visto muy natural prestar atención a fenómenos del underground y a fenómenos masivos, o más populares, al mismo tiempo, como pueda ser cualquier concierto que se celebre en una plaza de toros, un pabellón o un estadio. Siempre recuerdo que, cuando empecé a escribir, igual hacía una crítica de un concierto de The Donnas, Superchunk o El Vez como uno de Miguel Bosé, Revólver o Pet Shop Boys. Y lo hacía por convicción, no solo por condicionantes del medio. Creo que hace falta más gente que se dedique a escribir de esas realidades que, teniendo un anclaje popular más arraigado, muchas veces quedan fuera del foco mediático. Ahora bien, me gustaría que hubiera más periodistas que lo hagan, pero que lo hagan sin atajos. Sin emplear dobles varas de medir con el único fin de arrimar el ascua a su sardina. Sin utilizar analogías que sonrojarían a un alumno de Secundaria tratando de aprobar un examen de redacción. Sin tratar de forma paternalista a aquellos músicos a quienes (se supone) tratan de poner en valor. Sin exorcizar demonios personales que seguramente responden a complejos interiorizados desde la adolescencia (y, por lo que parece, aún no superados). Sin asignar a conveniencia unos gustos determinados a las clases sociales menos pudientes, obviando otros. En definitiva, sin que sea el dedo acusador el que se convierta en protagonista, muy por encima del desequilibrio que se supone pretende señalar, que queda en un segundísimo plano. Cada cual es libre de buscarse la vida como buenamente pueda, pero comportarse como una attention whore en busca desesperada del click fácil no creo que sea el mejor favor que se le puede hacer ni al periodismo ni a esas realidades musicales que, muchas veces de forma injusta, se quedan fuera del foco mediático. Estar en minoría no justifica el recurso al grito o al ruido. Al menos no en periodismo. En un patio de colegio puede que sí.

¿Qué periodistas te han marcado más dentro de este mundillo?

Nunca me ha gustado hablar de nombres concretos, más que nada porque creo que de todo el mundo se puede aprender algo. De cada firma de referencia hay varios rasgos que te pueden marcar, que pueden cambiar según el periodista en cuestión: el estilo, la amplitud del enfoque, el rigor, el criterio, la sensibilidad… más que de nombres concretos (que serían recurrentes), digamos que crecí leyendo Rockdelux, Ruta 66, Mondosonoro y Efe Eme, por este orden de aparición. Esos cuatro medios, más un par de medios foráneos que uno compra de forma mucho más ocasional (Uncut, Mojo).

¿No crees que, aunque las posibilidades de aperturismo para el oyente medio son cada vez mayores, seguimos viviendo una anglofilia militante?

Sí, la anglofilia es evidente. Y también el paternalismo con que a veces contemplamos otras realidades musicales que nos resultan lejanas, desde nuestra perspectiva. Pero no creo que el panorama en el que vivimos sea más anglófilo que hace años. No desde luego para el común de los mortales ni para los consumidores más jóvenes, desde luego. Otra cosa puede ser el grueso de la prensa.

¿Algún otro libro para el futuro?

Tengo otro en mente, pero aún no se ha concretado, así que mejor no decir nada más, por aquello de no tentar al mal fario.

Texto: Marcos Gendre
Foto de portada: Juan Carlos Cadenas.

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