Crónica del Download Madrid 2017

Por Ross Gallagher 1

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Este año ha sido la primera edición del Download en su versión madrileña, y debo decir que a priori el Download Madrid 2017 presentaba un cartel de la leche, tanto en la letra “media”, con grupos como Gojira, The Cult, Opeth, Ministry o In Flames como en los cabezas de cartel, dos de ellos indiscutibles y un tercero que, aun siendo prácticamente una banda tributo, fueron de los triunfadores del festival, y es que más que grupo tributo, se les aplica el término “supergrupo”, aunque apenas cuenten con material propio, al menos de momento.

Por lo que respecta al festival en sí mismo se ha estado bastante cómodo en cuanto a la cantidad de público asistente, con un sonido que iba variando entre el aceptable y el notable con picos sobresalientes, un calor de la hostia al que poco se le podía poner remedio, ya que espacios de sombra apenas había más que los que daban las torres de sonido y apenas un par de sitios con aspersores para refrescarse, suplido con mangueras en los escenarios. Punto negativo que el primer día no dejaran pasar agua, aunque rectificaron a tiempo para el resto del festival, quizá por una denuncia de FACUA, quizá porque les entró un poco el sentido común. También consiguieron solucionar el problema de acceso que hubo a lo largo de la primera jornada en las subsiguientes.

La verdad es que siendo el recinto el mismo del Mad Cool, me llama poderosísimamente la atención la falta de “atrezzos”, decoración, sitios de esparcimiento o de descanso por el festival. Ni siquiera en la zona de comidas tenías un sitio donde sentarte mientras comías en la zona de restauración. Será quizá que el diferente target de público y la distinta valoración que el mismo pueda tener de este apartado, explique la diferencia entre ambos festivales.

Las barras y los tickets funcionaron de lujo durante todo el festival sin ningún problema reseñable, apenas alguna cola salvo en los momentos puntuales que todos sabemos, aunque como punto negativo cabe reseñar el que te vendan los vasos reciclables por el que te cobran un euro sin posibilidad de reembolso. Chicos, reutilizables vale, pero no dar la posibilidad de devolverlos está feo, vamos a un festival, no a comprar o coleccionar vasos de plástico.

Pero vayamos ya a la manteca que para eso fuimos al festival.

JUEVES (por Ignacio Sánchez)

Salir del trabajo escopetado, coger un taxi y llegar con la lengua fuera para disfrutar del show de los estadounidenses A Day to Remember. Se consiguió y disfrutó a pesar del sol que pegaba sobre nuestras cabezas. Cañones de confeti a las primeras de cambio para captar la atención de los despistados y alegrar a sus fans. A partir de ahí tres cuartos de hora repartiendo raciones de hardcore y de punk melódico, sus cantaditas, que hacen de los de Florida una banda bastante accesible. En todo momento tiraron del manual de cómo agradar al público con guiños, frases recurrentes, tira incesante de púas e incluso camisetas suyas mediante una pistola de aire. Para empezar nada mal.

El sol fue el encargado de trasladarnos a House of Pain. Aquí comenzamos a notar unos problemas de sonido que lastrarían algunos de los conciertos que allí se sucederían en el resto de los días en ese escenario 2. Una falta de potencia que la banda intentó suplir con constantes referencias a un público que en su gran mayoría solo estaba allí para saltar con “Jump Around”, y claro está, al final cayó.

El mal sabor de boca me lo iba a quitar Jeremy Bolm y sus colegas: Touché Amoré. Lo suyo fue toda una lección de hardcore para los pocos que habíamos elegido su propuesta en lugar de la de Five Finger Death Punch. Con Stage Four como hilo conductor del bolo, lo suyo merece un hueco en nuestro corazón y un toque de atención. Los queremos en sala ya, nada de festivales. En realidad es la envidia por los colegas de Barcelona que la noche anterior sí que los disfrutaron como se merece en La Bóveda.

El paso previo a Linkin Park lo dieron los franceses Gojira con su metal atronador. Los adjetivos positivos para describir lo suyo podrían durar varios minutos pero es mejor decir que se comieron con papas el escenario con una solvencia pasmosa. Su metal pesado golpeó nuestros cuerpos a base de riff contundentes, gran parte de ellos provenientes de Magma, su última obra y la que los trajo por estas tierras. “The Gift of Guilt” y “Vacuity” pusieron la guinda a una actuación sobresaliente.

Las pilas cargadas y corriendo a intentar pillar un buen sitio. Años de festivales sirvieron para llegar a la zona caliente, allí donde se suda y se espera un pogo contundente. Que el comienzo de Linkin Park iba a ser más frío que “un día seco en Stalingrado” (Triángulo de Amor Bizarro dixit) era algo que se sabía. Aún así la banda no torció el gesto y pese a algunos gritos de disconformidad, el mío uno de ellos, ante lo que se nos venía encima. Cómo un grupo capaz de crear discos como sus tres primeros era el mismo que se dignaba a presentar un One More Light más propio de unos Backstreet Boys pasados. La inclusión de “One Step Closer” en la primera parte al menos hizo que calentásemos los músculos y las gargantas, pero de nuevo bajada de revoluciones, más cantaditas, más lado moñas que al menos el buen humor y las ganas de pasarlo bien nos hizo no decaer. Tuvieron los huevos de tirar “Crawling” en acústico… pero al menos a partir de ahí todo fue para arriba. Con “Somewhere I Belong” nuestros corazones comenzaron a bombear, “What I’ve Done” encendió las voces y ya con “In the end” y “Faint” por poco no acabamos sin ropa. Un par de minutos para coger aliento y encarar un bis soberbio, que ni la ridículo “Heavy” podrá borrar: “Numb”, “Papercut” y “Bleed It Out”. Cómo quitarte de golpe quince años y acabar bañado en sudor y ronco. Gracias.

No es por desprestigiar pero lo de Monster Magnet de después no me supo a nada, simplemente porque después de lo vivido podían haber tocado Foo Fighters que yo no estaba para más.

VIERNES (por Ross Gallagher)

Llegamos con Skindred ya empezado, y cabe decir que la lio bien parda sobre todo teniendo en cuenta la que estaba cayendo. Aquello era un mar de camisetas al aire mientras tocaban “Kill the Power” y “Warning” ante un público bastante entregado.

Luego fue el momento de un veterano de estos festivales, Hamlet, que siguen tirando de repertorio para crear buenas sensaciones, aunque la verdad el sonido, especialmente en la voz del cantante, no acompañó en absoluto. Os juro que a veces no sabía en qué idioma estaba cantando, aun conociendo las canciones, incluso con ese final por todo lo alto con “Irracional” y “Jodido Facha”.

Otro tanto pasó con Opeth, que a pesar de tenerles muchas ganas sonaron como amortiguados a la altura de la torre de sonido. Bastante deslucido en un setlist que se hizo muy corto, con apenas unos seis temas de larga duración. Pero bueno, sabíamos a lo que veníamos, y en un concierto corto es lo que hay.

Cuando ya estaba temiendo que el sonido fuera a darnos el día, y ya con el atardecer, aparecieron The Cult para dar un concierto soberbio. Un Ian Astbury que aparecía sin barba, con gafas de sol y chaqueta de cuero, y que, demostrando estar en plenísima forma, ponía aquello patas arriba con una colección de éxitos que fueron cayendo paulatinamente, y es que no faltaron “Rain”, “Lil’ Devil”, “Peace Dog” o “Fire Woman” para un concierto de algo más de una hora que se pasó en un suspiro. También tuvieron tiempo para rendir tributo al fallecido Chris Cornell, algo que se repitió a lo largo del festival, tocando unos acordes de “Black Hole Sun” a media canción. Sentido homenaje que culminó con el micro levantado hacia el cielo, como invitándole a cantar.

Llegó el turno de Mastodon, centrados en los temas del último disco, Emperor of Sand, me gustaron mucho, y que contaron con un Brent Hinds, que quizá por recién casado, estaba más animado que de costumbre, es decir, que se le veía moverse y todo por el escenario, llegando a bajar al foso en los primeros compases. Gozaron de un sonido mucho mejor que Opeth, y tuvieron tiempo para dar un repaso a su anterior discografía, desde el lejano “Mother Puncher” al más reciente “Black Tongue”, dejando para otra ocasión sin embargo su penúltimo trabajo. Fue un gran preludio al cabeza de cartel de la noche, System of a Down.

Los armenio-americanos demostraron que eran el mayor atractivo del festival, siendo de lejos el concierto con más gente de todo el festival, y aun así se podía estar relativamente cómodo. Dieron un concierto de poco menos de hora y media en el que cayeron 29 temas, en los que seguí echando en falta muchos más, tales como “I-E-A-I-A-I-O”, “Forest” o “ATWA”, aunque personalmente me sobran otros tantos temas, como “Lost in Hollywood”, que a mi juicio rompen el ritmo del concierto y tampoco son emotivamente relevantes como puede serlo “Aerials”. Cosas de setlist aparte, el concierto por donde estábamos, cerca de la barra del lado izquierdo, sonó muy muy bien, y potente, oyéndose perfectamente la voz tanto de Serj Tankian como de Daron Malakian. Empezaron con la “Intro”, “Soldier Side”, y a partir de ahí fue un crescendo con pausas puntuales de temas más relajados, mención especial a la coreada “Aerials” en este apartado, o me encantó escuchar “Roulette” casi al final, cuando en la anterior gira que pude verles me quedé sin escucharla. Fueron manejando muy bien los tiempos del concierto, con puntos álgidos en “Prison Song” – “Violent Pornography”, “Radio/Video” – “Hypnotize”, “Psycho” – “Chop Suey!”, esta última sonando espectacularmente, a diferencia de la última gira donde la interpretaron de una forma bastante más atropellada, y el final con “Toxicity” y “Sugar”.

Ya para acabar fuimos un rato a ver a Zebrahead, pero no conseguimos meternos en el concierto, y a mitad del mismo, quizá por desconexión tras ver a SOAD, quizá por puro hambre, nos fuimos a la zona de restauración para cenar, que a la una y media y sin parar desde las siete menos cuarto, teníamos más que ganado.

SÁBADO (por Ross Gallagher)

Entramos bastante pronto para ver a Sólstafir, grupo de metal islandés con tendencia a la creación de pasajes sonoros que actuó en el segundo escenario, que sonó otra vez un poco amortiguado, perdiéndose por tanto muchos detalles y matices melódicos por el camino. Mucho calor para esa hora de la tarde, que hizo que me despegara lo justo de la sombra de la torre de sonido, donde hasta encontramos a una chica leyendo en medio del concierto. En cuanto a la actuación en sí, fue una buena actuación con repaso a temas de sus discos, incluyendo dos temas de su reciente Berdreyminn, aunque como suele pasar a esta hora y con este calor, sólo para auténticos fans. Espero poder verles más adelante en mejores condiciones.

A continuación, vimos a Deafheaven en el escenario 3, que habían abandonado su habitual estilismo negro de mangas largas y cuello por algo bastante más adecuado al calor madrileño. Dieron una corta actuación con temas de sus dos últimos discos, olvidando por tanto el primero, pero una vez más no gozó de un gran sonido y en el que sus pasajes shoegaze se perdían en un barullo de sonido que no llegó a encandilar al público asistente.

Actuación corta que nos permitió llegar al final de unos Iced Earth que estaba sonando muy muy bien en el escenario principal y en el que disfrutamos de un “Watching Over Me” para cerrar que me hizo arrepentirme un poco de la elección de conciertos en el solape con Deafheaven.

Los noruegos Kvelertak serían los siguientes en salir y cabe decir aquí que me parecen un auténtico grupazo, teniendo muy buen recuerdo de su concierto del año pasado en Roskilde. Sin embargo y en un escenario que parecía hoy algo gafado, el sonido tampoco acompañó, ya que se podía escuchar un ligero “petardeo” por el acople de sonido, así como unas idas y venidas de volumen muy fuertes debidas al viento racheado que empezó a soplar, y que, por otra parte, agradecimos por la bajada de temperatura. Y podríamos decir que, esta vez sí, los noruegos consiguieron vencer estas adversidades a través de actitud, temazos y una interpretación soberbia de los mismos. Erlend Hjelvik es un frontman como pocos, consiguió animar a todos los presentes, con y sin la máscara de búho, saltando al foso, agarrando y agitando una bandera enorme. Todo un espectáculo que sirvió para enganchar al personal y llevártelo a tu terreno disfrutando de temas como “Berserkr”, “Blodtorst” o “Kvelertak”. Como nota curiosa, reseñar la camiseta de Hüsker Dü que llevaba el bajista Marvin Nygaard.

Fue el turno de otro conciertazo, el de In Flames, que abandonando aquel sonido más visceral de sus inicios, dieron rienda suelta a un concierto más cercano al metal progresivo, con algunos toques incluso de electrónica, pero eso sí, sonando de puta madre. Una evolución de sonido que será rechazada por sus primeros seguidores probablemente, pero que sin embargo los catapulta a posiciones más cercanas a la cabecera de cartel. Con un sonido que esta vez sí, rozaba la perfección, dieron un concierto basado en buena parte en su último disco, Battles, del que dejó perlas desde el principio, abriendo con “Wallflower” y “Before I Fall”, a los que sumó “The Truth” y “The End” y en el que no faltó algún clásico como “Only for the Weak”, rindiendo también tributo a Chris Cornell poniendo por los altavoces “Black Hole Sun” como tema de despedida mientras la gente se iba marchando.

Y siguiendo con los conciertazos, llegó el turno de unos veteranos, Ministry, que tampoco acusaron el paso del tiempo y llevaron el metal industrial a lo más alto con temas como “Antifa” o enganchando al final “NWO”, “Just One Fix”,” Thieves” y “So What”. Y es que Al Jourgensen ha sabido sobreponerse a la pérdida de antiguos miembros y en esta gira imposible, la enésima, sigue dejando muestras de que lo suyo es estar encima del escenario.

Llegó el momento del cabeza de cartel, ese supergrupo/grupo tributo que son Prophets of Rage, que yo personalmente diría que fueron los ganadores por K.O. de la edición, no por público, pero sí por lo que se pudo ver sobre el escenario y lo que transmitió al público. Y es que podías ver Walls of Death o Mosh Pits en puntos muy alejados del escenario, y prácticamente todos los asistentes gozando, especialmente con los clásicos de Rage Against the Machine. Entraron al sonido de una sirena, y después de la intro, empezaron con el tema “Prophets of Rage”, tema de Public Enemy que suena espectacular pasado por el filtro que aplica este grupo a los temas, y que enlaza muy bien con el siguiente tema, “Testify”. Ya estaba la mecha encendida y no hicieron más que seguir avivándola hasta la gran explosión final que supuso “Bulls on Parade” y por supuesto, “Killing in the Name”. Pero por el camino hubo muchas cosas memorables, como el medley de temas de Public Enemy y Cypress Hill que finalizó con el saltado “Jump Around”, el clásico de Audioslave Like a Stone tocado de forma instrumental de forma íntegra en honor a Chris Cornell, en el que el sólo de guitarra de Tom Morello resultó completamente apoteósico, un cartel en la guitarra de Morello en la que se podía leer “FUCK TRUMP”, el tema de Cypress Hill “How I Could Just Kill a Man” u otros temas de la discografía de RATM como “Sleep Now in the Fire” y “Bombtrack”. En resumen, un auténtico conciertazo de nuestra ya banda tributo favorita de todos los tiempos. Como nota aparte, yo eché en falta la particular agresividad que desprende en cada tema Zack de la Rocha, y es que B-Real y Chuck D, aun siendo ya leyendas en lo suyo, imprimen a sus temas su propio flow, que poco o nada tiene que ver con la forma de interpretar de Zack. Está el saber hacer de los profetas, pero no la rabia del pueblo.

La responsabilidad de hacernos olvidar este concierto recayó en NOFX, en el que un Fat Mike que ahora ya se ha ganado el apodo sigue haciendo las cosas como las hizo siempre. Personalmente me encontraba ya algo falto de fuerzas y aunque fue una actuación divertida llena de los clásicos de siempre como “Murder The Government” o “Don’t Call me White” y más proclamas anti-Trump no conseguí meterme en el concierto prácticamente, y después de éste ya me retiré, cerrando así un día que podría calificar de sobresaliente.

Foto de portada: Facebook Download Madrid.

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