Crónica GetMAD! Festival 2017

Por Pauper y Meta 0

banner WIR

Terminada la segunda edición del GetMAD! Festival solo podemos decir que esperamos que no haya dos sin tres. Ni cuatro, ni cinco, ni seis… En tan solo dos años de existencia este festival, que se desarrolla en diferentes salas de Malasaña (But, Taboo y Maravillas) y una de Chamberí (Changó), ha definido su carácter a la perfección: una viaje de exploración por las diferentes vertientes del rock (clásico, heavy, psicodelia, punk…), procedentes de diferentes puntos del planeta.

Un periplo que se aleja de las referencias evidentes, incluso a la hora de recurrir a cabezas de cartel históricas, y que va camino de convertirse en una referencia para aquellos que sienten curiosidad por grupos desconocidos y que ansían descubrir en directo bandas que no tienen la fortuna de ser tan accesibles como otras. Yo, la primera, no voy a negarlo.

Viernes 26

Algunos pensábamos comenzar el festival en la Changó con Emma Ruth Rundle pero unos diez días antes la cantante canceló su gira por cuestiones de salud. En su lugar llegaron El Altar del Holocausto, una propuesta a medio camino entre en el post-rock y el doom instrumental que es difícil que te deje indiferente. Al escuchar el disco te quedas pensando por qué las canciones tienen títulos tan largos y tan vinculados a los sermones religiosos, pero al verlos en directo lo comprendes todo. Ataviados con túnicas blancas y con el rostro cubierto por una especie de capuchón, desarrollan el concierto como si se tratara de una ceremonia casi mística, apelando al público y enganchándote en esa especie de letanía densa y resultona, aunque en un principio acojonan.

Un poco más tarde, en la sala Taboo comenzaban Dyr Faser. Acudimos allí con curiosidad para verlos, pero quizás la hora tan temprana les jugó una mala pasada, o quizás la apuesta de Eric y Amelia era demasiado intensa para ese momento. Si a esto le sumamos que el público era más bien escaso, el resultado es algo neutro.

Athom Rumba por Nieves Solano

Junto a las jugosas sorpresas, algunas poco conocidas, que contenía el cartel del GetMAD!, había otras consideradas como grupos míticos. Concretamente, en la But, nos encontramos con dos referentes. En primer lugar fueron los Atom Rhumba, que tras 20 años de recorrido mantienen en plena forma su aplastante sonido e interpretación del rock n’roll americano. Son todo actitud, potencia y ritmo en directo, y en ocasiones te da por pensar que han salido del Medio Oeste norteamericano, que no son de aquí. Aunque claro, son de Bilbao: ellos pueden nacer donde les dé la gana y pueden pasar a la perfección como rockeros anglosajones.

Tras ellos, fue el turno de Half Japanese. Con el artista multidisciplinar Jad Fair a la cabeza, el set de este grupo estuvo compuesto sobre todo por sus clásicos. Si bien la primera parte fue algo plana, el momento cumbre llegó cuando el bueno de Jad contorsionó su guitarra, la cual es una obra suya. También nos sorprendieron con sendas versiones de Primal Scream y Daniel Johnston.

Paralelamente, en la Changó estaba Adrift, la banda madrileña que volvía después de un ligero período de hibernación. Ante un público entregado a sus intensos desarrollos instrumentales y a la desgarrada interpretación de Jorge, su cantante, el grupo disfrutó del cariño de los asistentes, que aplaudieron cada uno de los temas; un reconocimiento genial para la contundencia de su metal, que reconfirmaba una y otra vez la consideración como uno de los mejores grupos de este género.

La psicodelia progresiva de Dungen inundó la But y nos dio uno de los mejores conciertos de este día. Demostraron cómo hacer propio el sonido de moda y su capacidad para modularlo a placer, con unos ligeros tonos folk, dando como resultado un espectáculo hermoso, que te invitaba a pedir más y a disfrutar de la felicidad que generaban con sus notas.

Pero ese no fue el único concierto impecable. A continuación, en la Taboo, era el turno de Ouzo Bakooka, un grupo israelí que deslumbró con su rock y psicodelia con pinceladas orientales, las justas y necesarias, con gusto y sin caer en el cliché. Ataviados todos ellos con túnicas, el cantante, con su cuidada melena y descalzo, parecía un nuevo profeta que nos llevaba hacia la religión del baile. Una buena fiesta que acabó con él tocando entre el público.

Cerró la noche la electrónica de Fasenouva, con unas impecables bases rítmicas y el áspero recitado de su cantante. Después de tanta festividad lisérgica, el concepto oscuro de este grupo chocó un poco y quizás se hizo un poco cuesta arriba. Puede que la empatía no sea su meta así que habría que probar con ellos en otra situación.

Sábado 27 de mayo

Froth abrieron el segundo día, en la But. Más próximos al shoegaze que a la psicodelia, tuvieron la mala fortuna de no acertar con el setlist: comenzaron por todo lo alto, haciendo gala de su calidad guitarrística pero a la hora de cerrar el círculo empático abusaron de las canciones lentas. Resultado: el ambiente se enfrió y los allí presentes comenzaron a irse a otras salas, sin titubeo alguno. Nuestro plan hubiera sido continuar con Camera pero cancelaron ese mismo día, siendo sustituidos por Lois. Sin comentarios.

Así que nos encomendamos a Morgan Delt en la Taboo, con una notable afluencia de público: se nota que había gente con ganas de ver a este californiano. Y no defraudó en absoluto pues con él conseguimos el trío de conciertos bonitos del GetMAD!: una nueva sesión de psicodelia que apelaba a nuestros sueños más hermosos. Las primeras notas de “Some Sunsick Day”, que sirven de leit motiv de la canción, dan ganas de abrazarte con el vecino y dejarte mecer por su melodía encantadora.

The Zombies por Nieves Solano

Se aproximaba la hora de los indiscutibles cabeza de cartel. La sala But acogía el concierto más multitudinario del festival, The Zombies. Es cierto que siempre que asistes a un concierto de un grupo de estas características, con unos 50 años de experiencia, te pueden surgir temores, pero estos fueron disipados totalmente en el justo momento en el que empezaron a tocar; cuando Colin Blunstone abrió la boca comprobamos con ilusión que no ha perdido ni un ápice de magia en la voz. Fue maravilloso poder escuchar en directo auténticos trozos de la historia de la música mundial como son “Time of the Season” o “She’s Not There”.

En paralelo, la sala Maravillas se llenó de garage procedente del otro lado del Atlántico. El dúo Surf Curse, apoyados en esta ocasión por una bajista, representaron a la zona oeste, con ese irremediable toque optimista que a veces da California. Pese al calor que hacía en la sala, en ningún momento perdieron la sonrisa y energía y dieron buena muestra de por qué es uno de los grupos que está dando más que hablar en su país. Son verano de calidad y buen rollo.

El complemento perfecto fue Tall Juan, más punk que los anteriores, y un gran descubrimiento. Este neoyorkino de origen latino es un animal escénico que, si le dejas, puede liarla él solo con una guitarra acústica. Por algunos imprevistos comenzó más tarde y tras varias canciones se incorporaron bajista y batería, pero eran un mero complemento de ese chico desgarbado que no paraba de brincar, sin soltar la guitarra, de reír y de conversar de manera animada con el público. ¿Cuándo decías que volvías?

Los que no tuvieron tanta suerte fueron Nanga Parbat, pues justo coincidían de lleno con The Zombies. En la Taboo debíamos ser 15 ó 20 personas, o 15-20 afortunados según se mire, pues pudimos disfrutar de su folk, tranquilo e intimista, que te transporta a lugares seremos. Aunque no sea tu estilo favorito, su capacidad para generar un universo propio te acoge y no te deja hasta el final.

Se acercaba el final de la noche en la Taboo con los australianos The Goon Sax, otra de las sorpresas de este GetMAD!, pues son el vivo ejemplo de que no debes fiarte de las apariencias. Jamás te imaginarías que esos tres chiquillos (apenas tienen 20 años) puedan crear melodías de rock de corte clásico, propias de los inicios de este estilo, de estas que te cuentan historias cotidianas. Y tampoco es extraño, pues mientras que Riley Jones demuestra su contundencia con la batería, Louis Forster y James Harrison se intercambian la guitarra y el bajo, demostrando su versatilidad.

The Vacant Lots fueron los encargados de cerrar el festival con su electrónica rockera, pero no terminaron de convencer. Su frialdad y el hecho de que su manejo de los teclados y cajas de ritmo fuera casi imperceptible rompían el anterior estado de felicidad y el posible diálogo con el espectador.
Está claro que no ha sido el año de la electrónica en el GetMAD!

banner WIR