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Domador – Ser accidente

Por Juanjo Rueda 0

Reseñamos el EP "Ser Accidente" de la banda Domador

7.0

Nota
7.0
70%

A diferencia de Carlito Brigante, Domador decidieron hace un tiempo no vivir atrapados por su pasado. Su anterior disco, “No te reconozco” (2014), supuso un nuevo kilómetro cero para un grupo que llevaba dos LPs y varios EPs en una trayectoria que puede sorprender, por longeva y variada, a más de un oyente.

Los amigos de las etiquetas musicales han tenido -y tienen, si lo desean- una de las más golosas en este grupo oscense, ya que desde sus inicios fueron bautizados, por el crítico Luis Lles, como “pop pánico” (una referencia al “movimiento pánico” fundado por Fernando Arrabal, Alejandro Jodorowsky y Roland Topor). Bien, pues desde ese “No te reconozco” y, sobre todo, en este “Ser accidente”, creo que les puedo ofrecer otra más acorde en este momento (pero no tan original): “adult oriented indie”, en una unión entre indie y AOR (Adult Oriented Rock). Y lo que puede parecer una posible ofensa es lo contrario, lo digo desde el elogio. Se etiquetó como AOR a ese tipo de bandas rock muy prolíficas en los setenta cuyo rock cuidaba mucho la producción general, dando gran importancia a que los elementos musicales (guitarras, melodías, voces, sección rítmica) estén muy trabajados; un rock que buscaba combinar cierta dureza con una gran accesibilidad para el oyente. Una etiqueta/estilo que englobó a bandas que quizá sufrieron en su momento un evidente desprecio crítico (que no de público), por ese exceso de pulcritud formal, pero que después han recibido parte de restitución honrosa (como Boston, Eagles, Supertramp). Son bandas en las que su pretensión era facturar buenas canciones (algo que hicieron en bastantes ocasiones) más allá de una ambición de ruptura musical o de una búsqueda epatante de originalidad. Y en eso -facturar buenas canciones más allá de otras cosas- están Domador. Se puede meterlos en ese cajón de sastre formal que es el indie (y en su caso, con dos discos autoeditados, con más justificación todavía), facturando canciones robustas y que parecen querer ir enfocadas a ese público de “treintaymuchos”, huyendo de una supuesta frescura juvenil asociada, en este caso, a la bisoñez. Quieren que sus canciones suenen bien (cuidada ejecución), suenen contundentes y que resulten accesibles. En el fondo se puede interpretar como su particular manifiesto, con algo de orgullo pureta, de lo que entienden por rock indie.

Este EP está producido por Manuel Cabezalí (Havalina) que dota de mayor empaque, de mayor peso, a la sección rítmica respecto a su anterior disco. En la parte vocal, Chema Barrio se mueve con personalidad en ese registro afectado “bunburiano”. Mientras los temas siguen explorando, líricamente, los condicionantes de las relaciones amorosas siempre con un elemento algo siniestro o retorcido (¿oblicuo?). Un EP de cinco temas (cuatro nuevos y uno antiguo regrabado, “Proyecto Manhattan”) que comienza con el acelerador en los cien y ahí se mantiene hasta el final. Un EP que les afianza en el camino que tomaron con ese “No te reconozco” y que hace que su pasado ya no les atrape.

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