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Festivales a la (in)madurez: vivimos para esto

Por Diego José Fabián 0

festivales

And you may find yourself
Behind the wheel of a large automobile
And you may find yourself in a beautiful house
With a beautiful wife
And you may ask yourself, well
How did I get here?

“Once in a lifetime” Talking Heads

Tengo 38 años y carezco totalmente de sentido de la responsabilidad. Soy por lo tanto, como muchos de vosotros, un “adolestreinta” fiestero. Los festivales musicales de verano, en el formato que sean, son el motivo central en el que gira el resto del año. Siempre que regreso de uno de ellos, digo que es el último, que ya vale de excesos, de gastos que puedo desviar a una hipotética e inalcanzable cuenta de ahorros, de pedir días libres en el trabajo, de agujetas crónicas, de resacas que solo se pasan con más cerveza y por tanto generan otra resaca… Obviamente, no tengo palabra y siempre claudico volviendo y volviendo.

Acabo de regresar (cuando escribo este texto) de la jornada del sábado en el ejemplar BBK Live bilbaíno y ni de cerca va a ser mi canto del cisne. Pero eso lo puedo decir ahora, que ya han transcurrido las horas necesarias para asentarlo todo. Porque tras disfrutar a Primal Scream bajo la lluvia sin chubasquero, mancharme literalmente de mierda con Die Antwoord (como tiene que ser, somos basura blanca) y bailar salpicado hasta las cejas de barro con Andrew Weatherall, es como para pensárselo dos veces. Sin embargo, esto puede dar sentido a una vida. No todo es casarse para poco después divorciarse, hacer deporte en el gimnasio porque está de moda, trabajar para ganar más dinero o quedarse en casa reflexionando sobre la mierda de vida que tenemos. Los festivales de verano son la expresión máxima de fiesta, de vacaciones, de amistad, de colegueo, de compartir un simple cigarrillo o de darle el coñazo con pensamientos distorsionados a tu mejor amiga mientras regresas al hotel de madrugada rozando la hipotermia. Así pues, no hay cuenta de ahorros que valga, y la vida hay que dejarla en algún sitio, adolestreintas inmaduros. Un concierto de Blonde Redhead no sería el peor lugar donde recibir el paro cardiaco que siempre he pensado que me sobrevendrá.

P.D. Al final, ya no sé si asistir a festivales es bueno o malo. ¿Veis la mierda que acabo de escribir? Feliz verano, enanos y enanas.

Fotografía de portada: BBK Live 2017. Autor: Tom Hagen

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