Crónica del concierto de Cala Vento en Madrid

Por Ana Rodríguez 0

banner WIR

Hagamos una apuesta. En febrero de este año, Cala Vento llenó el aforo de la Wurlitzer, y el pasado 5 de octubre, hizo lo mismo en la sala El Sol dentro del ciclo SON Estrella Galicia. Aumentemos el aforo la próxima vez, vayámonos a la But: ¿harían un sold out? Yo apuesto que sí.

Aunque ya habían venido por Madrid tras haber publicado Fruto Panorama, la cita del pasado jueves 5 de octubre se anunciaba como la presentación de su segundo trabajo, un disco que no para de dar alegrías: tanto a ellos por la buena recepción que no para de tener, como a sus seguidores, que crecen y no dejan de empatizar con las historias que cuentan que este dúo del Empordà.

La octava vez que venían y sentían nervios: supongo que vender todas las entradas impresiona y también la sensación violenta y extraña que estamos viviendo en estos momentos. Dos chavales de Cataluña viniendo a la capital a tocar: seguro que las mentes más reaccionarias de cualquier sector ven pegas y conflictos, pero no saben ir más allá.

“Pase lo que pase seguiremos viniendo a Madrid”. Así comenzaron y así demostraron la capacidad de conectar a través de la música, de emocionar, de vincular las sentimentalidades dispares de los que allí estábamos, dispuestos a vibrar y a pasar un rato genial con ellos. Unas palabras tan sencillas que arrancaron los primeros aplausos llenos de cariño y ánimos.

“En cueros y “Estoy enamorado de ti” fueron las primeras en sonar y ya nos dieron una idea de cómo iba a ser la noche: no hubo estribillo (y si me apuras, canción), que no fuera cantado con el acompañamiento del público al unísono, que celebraba cada inicio y aplaudía cada cierre.

Con la tercera en sonar se cerró la fase de calentamiento: había que darlo todo. “Historias de Bufanda” y su estribillo, Te jodes y bailas, disfruta de tu vida, encierran una filosofía vital que resume a la perfección todo lo que transmite Cala Vento en sus canciones: sus tremendas ganas de comerse la vida y de vivirla a cada segundo. Un optimismo arrollador, pegado a la realidad y en ningún momento impostado. De esta manera, Joan y Aleix se fueron relajando y pasaron a hacer lo mejor que tienen los conciertos: disfrutar de lo que te apasiona (tocar) y hacerlo el doble porque ves un montón de gente gozándolo. Es la magia de las salas pequeñas: sentir cada emoción del público. Son tantas sensaciones que no sé cómo la euforia les deja dormir.

En el caso de los que allí estábamos, se puede afirmar que fue una sensación recíproca: fue una sonrisa continua comprobar la pasión que cada uno de ellos desprendía en su ejecución. Es probable que la fuerza de Joan a la batería destaque en especial, pues es tan enérgico que parece que va a fusionarse con ella, pero Aleix no se queda atrás por todos los matices que es capaz de dar a cada palabra y cada frase que canta.

Durante la hora que duró el concierto sonaron 18 canciones, prácticamente un repaso completo a su discografía. “Hay que arrimar”, “El mejor momento de mi vida”, “Antes de él”, “Fetén, “Sin apenas conocernos”… Fruto Panorama sonó al completo, mientras se intercalaban temas de su primer disco (Cala Vento, 2016), tan conocidos como “Isabella Cantó”, “Tus cosas” o “La estrella del ballet”, y “Unos poco y otros tanto”, de su EP de lanzamiento.

La verdad es que hablo de canciones conocidas pero sospecho que para los seguidores del grupo todas lo son, no había ni una que no se supieran: incluso en un instante de nerviosismo de Aleix, en el que se le fue la letra, los coros de los asistentes recondujeron ese lapsus. Una anécdota sin más. Porque era más importante cantar que hablar con el de al lado. Hace tiempo que no asistimos a un concierto sin el molesto murmullo de aquellos que van para hacerse los guays, sin respetar el trabajo de los músicos y de todo el equipo que hay detrás (promotores, técnicos de sonidos…). Se tarareaba, se bailaba… se hacía lo que se debe hacer en los conciertos: disfrutar y reconocer ese trabajo que no todos somos capaces de hacer. Porque solo son algunos los elegidos para hablar de sensibilidad.

Se marcharon unos minutos y volvieron para encarar los bises de rigor con las dos principales canciones de su repertorio: “Abril” e “Isla Desierta”. Un fin de fiesta que les llevó a abrazarse al término del concierto, para celebrar aquello que acababan de vivir juntos. Supongo y espero que siempre sea así.

banner WIR