Crónica del concierto de Thurston Moore Group en Madrid (sala Copérnico)

Por Alberto Castro 0

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Noche de gala en una Copérnico que parecía que no se iba a llenar -pero se quedó cerca- para ver a Thurston Moore, o mejor dicho: a Thurston Moore Group. Y es que el matiz es importante; pese al indudable peso del carismático miembro de Sonic Youth, en esta última encarnación parece repartir el peso de la actuación en partes iguales con Steve Shelley (inseparable batería de Moore desde Sonic Youth), Debbie Googe (sí, la mismísima bajista de My Bloody Valentine) y un James Sedwards a la guitarra que parece el doppelgänger de Thurston (tanto en estética como en técnica e incluso en equipo y pedales).

Y es que si algo hay que destacar es lo bien que funcionan los cuatro juntos, dejando claro que son más un conjunto sólido que una mera banda de acompañamiento, en el que cada uno tiene su papel propio aunque lógicamente subordinado a Thurston Moore.

La banda abrió fuego -paradójicamente, nunca mejor dicho- con “Cease Fire”, el tema de adelanto del nuevo LP Rock n Roll Consciousness que sin embargo no se incluyó en el tracklist definitivo. Y ya desde el minuto uno las dos Jazzmasters, el bajo, la batería y la voz sonaban totalmente engrasadas y con un sonido que rozó la más cruda perfección.

Sin embargo, una de las mejores cosas de poder ver a Thurston Moore en sala, en lugar de en festival como en anteriores visitas, es comprobar cómo las canciones en directo cobran su propia vida y acaban desarrollándose por otros lares. Ejemplo de ello es justo lo que vino a continuación, con una inmensa “Speak To The Wild” que resucitó por unos minutos extra tras un falso final, y una “Turn On” que acabó desembocando en un jam de experimentación noise de casi diez minutos, como marcan los cánones de la casa.

Lo mejor es que con un setlist de apenas diez canciones –casi las mismas que caerían en un festival- en este caso se consigue llenar hora y media y sin por ello dar lugar al aburrimiento, sino todo lo contrario. Todo un deleite.

Tras la electricidad desbocada de “Cusp” vino una “Smoke of Dreams” mucho más intensa e interesante que su toma de estudio, como preludio al que se alzó como el mejor momento de la noche con las encargadas de cerrar y abrir el disco, respectivamente. En “Aphrodite” era imposible no fijarse en Debbie Googe, cuyas líneas de bajo reclamaron buena parte del protagonismo, tocando de espaldas al público y pegada a la batería de Steve Shelley, mientras Thurston Moore y James Sedwards avanzaron hasta situarse prácticamente al borde del escenario dejándonos un impagable primerísimo primer plano a los que estábamos en primera fila. Casi como si estuviesen en formación militar, con las guitarras al ataque y el sector rítmico de bajo y batería cubriendo la retaguardia.

Así, tras ocho canciones que sumaron 75 minutos, llegó la hora de los bises, en los que se rescató la muy reivindicable “Heavenmetal” (uno de los temas de Chelsea Light Moving, el grupo post-Sonic Youth que encabezó Thurston Moore allá por 2013) y la no menos celebrable “Ono Soul”, incluida en el debut de Thurston en solitario en 1995, “Psychic Hearts”.

Al final, uno se fue con la sensación de haber visto la mejor actuación de un ex Sonic Youth hasta la fecha, por encima de las anteriores visitas de Kim Gordon (en solitario o como Body/Head), de Lee Ranaldo (tanto en festival como en teatro y sala) o del propio Thurston Mooore (quien a comienzos de este mismo año estuvo en la Fundación Telefónica en formato acústico, concierto que se queda en pequeña anécdota comparado con el formidable show repleto de electricidad que acabábamos de presenciar). Un diez rotundo.

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