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Crónica del Negua de Madrid

Por El Último de la Fila 0

Crónica del Negua de Madrid

El regreso de The Prodigy a la capital fue como se esperaba: desfasado y macarra.

Siempre he sido de la opinión que mejor ver a un grupo en un concierto suyo que dentro de un festival, por mucho que el ambiente de este pueda darle algo de magia al asunto. The Prodigy son sin embargo un grupo que por mucho que los tengamos todos los años girando por nuestra geografía son poco dados a dar conciertos fuera de festivales, por eso su visita a Madrid después de muchísimos años por mucho que la quisieran vestir como festival, Negua, era una oportunidad especial para verlos en un recinto delante de su público entregado.

Este invento de “festival” ha servido para poder ver a los británicos Idles y comprobar que si no se les pira la cabeza lo suyo puede tener miga. En poco menos de media hora dieron rienda suelta a su punk anfetamínico con un descaro más que considerable. Escupitajos, empujones y mala baba, mucha, como si fueran primos hermanos de Sleaford Mods. Así se respira en su debut Brutalism y sobre el escenario. Ya están fichados para cuando vuelvan.

Rex the Dog, el último en subirse al carro del Negua, era el encargado de darle la réplica y cambiar completamente de registro. Con el WiZink Center sumando adeptos a la causa fiestera, las buenas sensaciones del quinteto de Bristol dieron paso a una sesión de techno elegante. Un calentamiento suave para la tralla de Vitalic que optó por su cara más macarra y de zapatilla, como intentando dejarnos exhaustos antes de la salida de los autenticos protagonistas de la noche. Que había gente que se bailaba lo que fuera era un hecho, lo que ocurre es que por mucho que me gusten “La Rock 01” o “My Friend Dario” (qué buenos recuerdos de hace una década), este nivel de mandanga a las nueve de la noche pues como que costaba de digerir. En un mundo medio coherente su sesión hubiera ido después de The Prodigy pero claro, corres el riesgo de la espantada general y que el pobre Pascal Arbez pìnchase para cuatro fiesteros.

Tras el descanso pertinente era el momento de remangarse y tirarse al barro, porque lo de The Prodigy en directo es sucio, descontrolado, pero sobre divertido. Dejas fueras los prejuicios de si llevan media vida haciendo el mismo directo y casi con las mismas canciones, pero cuando los primeros acordes de “Breathe” comienzan a sonar sabes que mal no lo vas a pasar. Difícil es no dejarse llevar por sus beats contagiosos, igual de incendiarios que cuando vieron la luz hace veinte años. La mejor manera de arrancar.

“Nasti” y “Wild Frontier” le dieron la réplica mostrando las carencias de la última criatura de los británicos, The Day is My Enemy (2015), que está a años luz de sus momentos más inspirados. Aún así en su directo no es para ponernos remilgosos y exquisitos, y si se quiere disfrutar hay que entregarse sin miramientos. Baila, salta, suda, suda, suda. “Omen”, explosión. Ya estamos de barro hasta las cejas, imposible salir. “Firestarter” y el monóculo está hecho añicos. Keith y Maxim, sobre todo el segundo, son los reyes del show aunque todo realmente se lo debamos al bueno de Liam Howlett. Incitación al baile y desenfreno alentando a sus “warriors” y “fighters” en todo momento.

Dentro de un show en el que apenas hubo descanso entre temas, destacaron las miradas al glorioso pasado con “Voodoo People” o “Poison”, la garrafonera pero un jodido temazo en directo “Invaders Must Die” o el que es sin duda su single más reconocible: “Smack My Bitch Up”. Que ya sepamos el truco de agachar a todo el público para hacerlo saltar al unísono con el pertinente subidón no quita para que estemos deseando volver a hacer el cafre de esta manera. Tiempo muerto.

Respirando aire calentorro, sudoroso y algo contaminado por el tabaco, salieron de nuevo al escenario para encarar un bis remember con “Their Law” y “No Good (Start the Dance)”. Ya solo quedada la puntilla. ¿Qué tema les quedaba en el tintero? Pues aunque pudieran haber escogido alguno mejor del The Fat of the Land o hacer un guiño al defenestrado injustamente Always Outnumbered, Never Outgunned, fue la ravera “Take Me to the Hospital” la que terminó de por estrejuar las últimas gotas de sudor. Nueve de cada diez monitores de gimnasio deberían recomendar un concierto de The Prodigy antes que una clase de aerobic. Eso es así.

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