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Entrevista a Marina Herlop: Amor por el piano

Por Ignacio Sánchez 0

Entrevista a Marina Herlop: Amor por el piano

Cuando Sergio Picón, capo de Aloud Music, me escribió hace casi dos meses para ofrecerme la posibilidad de entrevistar a Marina Herlop yo no tenía ni idea de quién era esta compositora. Nada, cero. “Échale un vistazo pero es muy diferente a Aloud. Su primer disco lo sacó el sello de James Rhodes”. La caña estaba tirada y yo que piqué. Alejada, como bien me dijo Sergio, del “rollo Aloud”, la música de Marina tenía algo que me atrajo. Pocos días antes de actuar dentro de la programación del Primavera Club de Barcelona y el AMFest, Marina se plantó en Madrid y aprovechamos para vernos. Perdón por tardar en sacar a la luz esta interesante y divertida charla de casi una hora entre cervezas y perritos.

Lo primero, ¿Cómo fueron tus inicios con la música?

Pues de pequeña estudié piano en la escuela de música de mi pueblo durante dos años porque mi hermano también estudiaba. Luego a los veinte años quise retomar estos estudios y me fui a una academia. Yo quería tocar mejor el instrumento para luego hacer lo que fuera, y entonces quise aprender, mejorar mi técnica. Siempre me ha gustado mucho la música a nivel casi obsesivo, toda la vida buscando música por todos los medios posibles.

“En la universidad me fui interesando por la música más experimental, algo que supusiera un reto para mí.”

Y en tu casa cuando eras pequeña, ¿qué tipo de música se escuchaba? No sé si había alguien con un gusto por lo clásico.

No. A mi padre por ejemplo le gusta el rollo de “La Movida”, Los Secretos, todo este rollo, pero de pequeña recuerdo escuchar la música de los dibujos animados, de Disney, la cantaba (risas) y ya luego de más mayor pues lo que iba pillando. Una mezcla entre Elvis, Eminem, Beyoncé… sin mucho filtro la verdad. Ahí entraba todo el mundo (risas). La verdad es que por mi mini-cadena han pasado todos. En el instituto y sobre todo en la universidad me fui interesando por la música más experimental, algo que supusiera un reto para mí. Había música que yo notaba que no me gustaba, pero era porque era muy difícil, inaccesible. A veces algo no te gusta porque es muy sencillo o porque es muy complicado, y a mí me daba mucha rabia que algo no me gustara por ser demasiado complejo. Entonces poco a poco intenté llegar ahí. Es como con el jazz. Para llegar al jazz más complicado tienes que ir poco a poco, entrenando tu oído, al igual que ocurre con los otros tipos de música.

¿Y cómo fue la elección del piano?

Pues algo tan simple como que mi hermano tocaba el piano y yo les pedí a mis padre que también quería tocarlo, y como mi abuelo nos acababa de comprar un piano eléctrico pues me llamó la atención.

Será por el tópico del pop y rock que parece que si te dedicas a la música o tienes inquietud te decantas por la guitarra.

Pues en las escuelas de música el piano y el violín son los más solicitados, pero la verdad que no recuerdo por qué a mi hermano lo apuntaron a piano, quizás mis padres querían. Lo que me he dado cuenta con los años es que el piano te ofrece muchas posibilidades a nivel armónico, ya que se pueden reflejar los tres estratos musicales de bajo, acompañamiento y melodía, entonces quizás a nivel tímbrico no es tan meloso como otros pero sí que funciona muy bien a nivel compositivo porque tienes todas las notas delante tuya, las ves. Hay mucha relación entre vista y sonido con el piano porque al tener las notas ahí delante tú eliges cuáles tocas y cuáles no, es fácil de entender la música a través del piano.

“Quiero que el oyente se encuentre sin darse cuenta al final en un punto totalmente distinto al del comienzo.”

Quería saber qué es Nanook para ti, ¿de dónde viene?

Pues es una palabra que me gusta mucho cómo suena. La verdad es que el criterio del disco en cuanto a las palabras que en él aparecen depende de la eufonía, es decir, que fueran agradables al oído. Así, tanto el título de las canciones como el del disco quería que fueran palabras bonitas, más allá de su significado. Pero bueno, Nanook es el nombre del esquimal del documental, pero realmente la historia viene de que había pensado que si alguna vez tenía un hijo le iba a poner de nombre Nanook. No sé si es de chico o de chica pero a mí me gustaba, y bueno, como ha sido lo primero que he traído al mundo y como tampoco sé si seré madre pues eso… A ver, no es excluyente pero al elegir este tipo de vida como que te priva de tener tiempo y dinero para otras cosas, como tener un hijo.
Todo esto lo veo como una inversión, bueno, quizás en este primer disco no tanto, pero en el disco que estoy grabando ahora sí que lo veo como un riesgo porque le dedicas un tiempo, una energía y una ilusión a algo que aún no conoces cómo será fuera de ti, y el tener un hijo lo veo como algo parecido porque cuando lo tienes aún no sabes cómo va a ser. Es como querer a ciegas. Entonces con el disco es confiar, tener fe en lo que estás haciendo y creer mucho en la intuición.

Entonces, ¿ya estás grabando nuevo disco?

Sí, he estado grabando en Asturias estos días. Falta trabajar la producción, pero eso ya no corre tanto a mi cuenta. Ha sido un proceso bastante intenso. La verdad que el primer disco lo viví de una manera muy comedida, con muchas capas de miedo, de inseguridad, y ahora en este nuevo me está saliendo como toda la energía que tenía de niña.

¿Sigue los mismos parámetros de Nanook?

Bueno, quizás desde fuera se pueda ver así, aunque no sé cómo quedará, pero yo veo que hay un salto a nivel de composición ya que he intentado que el uso de la disonancia fuera más elegante, así como acompañar al oyente un poco más durante todos los cambios que van apareciendo en las canciones. Quiero que el oyente se encuentre sin darse cuenta al final en un punto totalmente distinto al del comienzo, pero que le haya entrado bien ese cambio, que no lo viva de una manera muy abrupta. Es verdad que el nuevo disco a nivel interpretativo es más difícil de tocar porque he intentado ponerme a prueba en ese sentido, y la diferencia más grande es que este disco lo he vivido de manera muy consciente, es decir, esta vez sí que he sido consciente de que iba a hacer un disco y he ido programando cómo iba a ser todo el proceso de gestación.

¿Seguirá siendo solo piano?

No, bueno, además del piano y voz se le añadirán sintes y capas de sonidos. No sé exactamente cómo va a quedar porque solo he podido escuchar algunas cosas de la producción, pero al detalle no sé cómo va a ser. Lo que sí quiero es que los sintetizadores no añadan más música porque entonces podría quedar algo indigesto, pero sí que servirán para reforzar las armonías que hay o crear ruidos que vayan acorde a la sensación que se transmite en ese pasaje.

¿Y se puede saber cuándo saldrá?

Pues digo yo que para marzo… Primavera. Es que aún queda mucho trabajo, el tema de la promo y todo lo que no es la música en sí. Todo esto es como un loop, porque estás con los conciertos del disco anterior y te tienes que poner a componer, grabar, producir, volver a salir a girar… Cuando te encuentras en una fase de este loop tienes ganas de la siguiente fase.

¿Volverá a salir en el sello de James Rhodes?

No, lo voy a publicar en Aloud Music.

Sergio (que se encuentra presente se ríe): ¡Sorpresa!

A la hora de componer las canciones, ¿de dónde tiras? ¿Cosas propias o algo más general?

No hay conexión con el mundo extramusical, es decir, nunca pienso en intentar transmitir la idea de una persona que está sola, por ejemplo. Pienso en acordes y sonidos. Me pongo delante del piano y voy probando cosas: lo que me gusta se queda y lo que no pues lo descarto. Es tan sencillo como eso. Cuando la idea se va desarrollando la canción va cogiendo intensidad y al final ya ves cómo responder a lo que la propia canción te va pidiendo, resolverla para que tenga una estructura o discurso propio que hagan que ese tema valga la pena. En definitiva, es algo puramente musical aunque sí que hay algún pasaje que puede recordarme al agua, pero en general pienso solamente en música e intento no referirme al mundo externo.

Hemos hablado de tus comienzos con el piano, pero ¿cómo das el paso a cantar? ¿En qué momento surge esta posibilidad?

Cuando empecé la universidad, que aún tenía aparcado el tema del piano, surgió la posibilidad de entrar en un grupo gracias a un colega. Buscaba alguien que tocara el piano precisamente y yo le comenté que tocaba algo y bueno, nos juntamos y descubrí que él tocaba el piano muchísimo mejor que yo, así que le propuse cantar y él aceptó. Entonces, empecé a cantar pero me lastimé la voz. Tenía nódulos y esto hizo que empeoraran, así que me tuve que operar. A partir de ahí comencé con clases de educación vocal y mejoré la técnica. Así me di cuenta de que el canto lírico garantiza que no te hagas daño en la voz. Y bueno, cuando comencé a componer Nanook los primeros temas que salieron fueron los que no tienen voz, todavía no me atrevía porque estaba mal de la voz, pero cuando fui cogiendo confianza pensé en añadirla para tener así como dos instrumentos y que mi proyecto ganara en autonomía, ya que hacer un disco solamente de piano es algo arriesgado. Piensa que ya lo es con voz y piano, pues imagina solamente un piano. Pero me resulta curioso que la gente se quede más con la voz que con el piano, porque yo le dedico mucho más tiempo al piano que a la voz.

“A la hora de componer no hay conexión con el mundo extramusical, solo pienso en acordes y sonidos.”

¿Y cuál es más difícil de manejar: el piano o la voz?

Pues te diría que el piano, pero en la grabación ha sido la voz. Parece que la voz es más fácil y no requiere tanto trabajo, pero lo que ocurre es que para hacer una cosa realmente bien se requiere mucho esfuerzo. El piano es para volverse loco porque hay muchas notas, mil matices y quizás sea más difícil conectar para la persona que escucha porque quizás no esté tan acostumbrado, es decir, si quien escucha no está familiarizado ni con la voz ni con el piano le va a ser más fácil notar problemas en la voz que en el piano, porque el piano lo conoce más la gente que ha estudiado piano y que conoce el instrumento. Pero creo que he desatendido más la voz que el piano, y de cara el directo de este segundo disco quiero trabajar bien las dos cosas por separado. Sí que el año pasado estuve haciendo clases de canto y me di cuenta de que es todo un mundo, de hecho hace como medio año que inicié un proyecto con un chico en el que él toca la guitarra y yo solamente canto, un poco también para posicionarme delante de un público solamente como cantante y así esforzarme a perfeccionar mi voz.

¿Cómo es eso de inventarte palabras o mezclar idiomas?

Al principio era “guachi guachi”, era lo que me salía en ese momento, sílabas que no sé por qué pero me salían de esa manera y así se quedó impreso en el disco. La verdad que no me lo planteé mucho. Sabía que era un poco friki la verdad. Esto no lo hice como algo a propósito como para querer distinguirme. Yo creo que estoy haciendo música y solo música, por eso creo que no hace falta ponerle letra. El título de “La chica que canta sin idioma”, pues nunca he querido ser eso o dejarlo de ser, pero con este segundo disco intenté ponerle letra a un tema, porque era un ejercicio de composición del conservatorio que luego lo cambié un poco, y al final se la quité porque no me parecía lo suficientemente bonita, además que la hice muy deprisa y no me gustó. Pensé que prefería quitar la letra y poner palabras que no existen a de alguna manera pronunciarme tanto con unas frases que no estaban a la altura de la música. Lo que sí que he querido potenciar en este segundo disco, donde me he vuelto muy loca, es buscando palabras cuyas sonoridad me gustara mucho. Así, algunas veces me inventaba palabras, otras veces buscaba en un diccionario de danés que me regaló un amigo, también en una enciclopedia de lugares imaginarios… Todo un repertorio de palabras que me gustaban cómo sonaban y que fui intercalando. Luego también había momentos en los que por ejemplo si juntas tres oes seguidas pues se crea una sonoridad especial, un paisaje concreto. Todo está en jugar con las vocales y consonantes, lo que ocurre es que es difícil despegarse del mundo real y puede haber gente que diga “pues parece sueco” y entonces pues le llevará a clima frío y lejano. Es difícil que suene a algo cercano y que por otro lado no estés diciendo nada. Lo que sí que tengo claro es que por el momento no siento la necesidad de hablar de nada. De hecho, con el grupo este en el que solo canto, las letras que canto no sé ni lo que digo, porque hay algunas letras en alemán, otras en francés… A ver, sé un poco de qué va pero no palabra por palabra.

¿Cómo se llama el grupo?

Nedra. Hacemos versiones de canciones de música clásica. Él toca la guitarra eléctrica y yo canto con la voz un poco diferente, pero la verdad es que nos da mucho palo y apenas buscamos bolos. Estamos empezando.

Rebuscando información encontré que tocabas en otro grupo que se llamaba Viva Vladimir y la pregunta es si prefieres tener tu proyecto personal tú sola o estar dentro de una banda.

Son dos cosas distintas. En Viva Vladimir el que llevaba la batuta era Marcel, él componía todo y yo acataba bastante, sin embargo en el grupo de ahora es todo más al 50%, los dos cedemos y es todo bastante equitativo. Ahora bien, en mi proyecto soy bastante más intransigente con según qué cosas que yo veo muy claras. Todo tiene que pasar por mi aprobación como ha pasado estos días con la producción del disco, que tenía su parte buena de estar trabajando con más gente pero la última palabra era mía.

Una compañera me comentaba sobre tu música que en una misma canción pasas de melodías más oscuras, que pueden recordar a música atonal, a otras más brillantes o esperanzadoras. ¿Con cuál te quedarías si tuvieras que elegir?

En esta combinación. A ver, una canción es un constelación de muchos factores que remiten los unos a los otros todo el rato, es decir, no sé qué compositor dijo que el primer acorde de una melodía no lo has escuchado hasta que has escuchado el último. ¿Por qué? Porque el sabor de cada parte tiene que ver con lo que viene antes y con lo que vendrá después, de la misma manera que el timbre tiene que ver con la tesitura en la que estás tocando, con el instrumento con el que lo haces, el compás tiene que ver con el ritmo, el ritmo tiene que ver con la melodía, es decir, todo está interconectado de una manera muy grande. A mí me gusta mucho jugar con la sensación que da cada pasaje en función de donde viene, porque un acorde mayor en una pieza que está todo en mayor no quiere decir nada, pero un acorde mayor al final de una pieza que está toda en menor es un choque muy potente, y entonces me gusta intentar captar esta especia de inconstancia o de no acabar de estar cómoda, como de estar alerta porque no sabes qué va a pasar. A mí me gusta jugar con esa ventaja porque yo sí sé qué va a pasar. Me gusta que no todo sea bien “música alegre” o “música triste”, me gusta esa especie de misterio que crean algunos compositores impresionistas.

Marina junto a James Rhodes

¿Cómo es fue la historia de que el sello de James Rhodes publicara tu primer álbum? ¿Quién contactó con quién?

Yo les envié la música porque en ese momento me estaba leyendo su libro, y como al final hablaba de su discográfica pues pensé en enviársela, ¿por qué no? Entonces me contestaron el correo y casi me da una taquicardia. A él lo vi un par de veces, pero el contacto y todo eso fue con su mánager, él está con sus cosas. Para mí todo es fue súper intenso, de repente parecía que era músico, gente que sabía que llevaba tiempo en esto pues como que me validó mi experiencia. Esto de cara a la galería como que queda muy bien cuando en realidad tampoco es tan significativo, ya que las canciones son las mismas y mi empeño es el mismo.

¿Cómo trasladas tu música al directo? ¿Sueles llevar algún tipo de apoyo audiovisual o solamente eres tú con el piano?

No, y de momento no me lo planteo a pesar de que me lo han sugerido amigos. No lo termino de ver. La verdad es que prefiero empezar haciendo poco y que esto poco que hago esté bien a no intentar cargarlo de cosas que quizás luego no me convencen, pero también te digo que si un día tengo una idea y surge la oportunidad, pues lo haré. Es que yo veo que si pusiera imágenes, con el peso que tiene lo visual, la vista se centraría más en eso y la música quedaría en un segundo plano. Lo que sí que me gustaría de cara a los próximos directos es intentar amenizar en el sentido tímbrico, es decir, que haya más texturas sonoras que solamente el piano y yo, pero por el momento… y además como todas las canciones las hago seguidas soy como una película, del tirón. La verdad es que no me gusta hacer interrupciones entre canción y canción, y espero que eso siga siendo siempre así.

Este próximo fin de semana tocarás en el Primavera Club de Barcelona y el siguiente en el AMFest. ¿Cómo te sientes dentro de unos carteles con tanta guitarra, sobre todo el segundo?

Bueno, ya he tocado en festivales como el año pasado en el Formes diverses de vida en Amposta, que también era de ese rollo, y no me acabo de sentir fuera de lugar. Fuera de lugar sí que me he sentido en algún bolo que he tocado en un hotel o mercado donde te das cuenta que la gente no te está escuchando porque ves que no es un ambiente musical. Siempre cuando sea musical el ambiente y la gente esté allí prestando atención me vale. Las cosas no se miden según el género sino por el rango de aprecio por lo que estás haciendo. De hecho en el festival este que te comento que también era así como que bastante ruidoso e instrumental pues tuve buena acogida. De hecho es uno de los lugares donde más cómoda me he sentido tocando. La verdad que como mi música es algo difícil de encajar pues, ¿dónde me ponen?

¿Y hay alguna banda del AMFest que te haga especial ilusión ver?

Lite, los japoneses, y And So I Watch You From Afar, que esos también tienen buena pinta.

Y ya para terminar, ¿cómo se presentan los próximos meses en cuanto a conciertos?

Pues además de estos festivales tengo lo de telonear a Nordic Giants y poco más. La agenda está un poco en blanco a nivel de conciertos, pero tengo pensado estudiar estos meses, ver si puedo componer algo más, y prepararme el directo.

Foto de portada por Ignacio Sánchez-Suárez.

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