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Kate Tempest – Cuando la vida te da un martillo

Por Diego José Fabián 0

Reseña de la primera novela larga de Kate Tempest

La vida –declaraban, convertidos en refinados poetas, tras unas copas de más y unas rayas– no es más que rutinas y apariencias. Nada cambia. Trabajar, comer, dormir, follar, beber, bailar y morir.

La rapera británica Kate Tempest, tras pequeños trabajos y poemarios breves, debuta en formato largo con esta descarnada novela, que es, desde el primer capítulo, una cruda rebanada de realidad. De realidad triste, jodida y desesperada, obviamente. Gira en torno a cuatro personajes disfuncionales y, a su manera, tiernamente peculiares (Becky, Harry, Pete y Leon). Sus vidas son complicadas, rotas en muchos casos (esto Tempest lo explica bien) y están encerrados en un Londres irrespirable donde todo el mundo va a lo suyo. Malviven de curros de mierda o de la cartilla del paro y nos les queda otra que traficar con drogas o prostituirse para poder tener ciertas aspiraciones. ¿Crítica al capitalismo? No lo dudéis.

Tempest en todo momento nos traslada al pasado de los protagonistas; historias, intrahistorias y árboles genealógicos mediante flashbacks que a veces pueden resultar algo espesos pero necesarios en todo caso. Y poco a poco, la maraña que es esta novela se va entrelazando de manera que todo encaja a la perfección. Los ambientes nocturnos londinenses también son una constante. Divertidos en algunos casos, como la noche mano a mano de Pete y Dale, regada de pintas, alcoholes y visitas frenéticas al baño (aquí el desliz es no haberla ambientado con techno), o tensos e intrigantes en otros, como el golpe final de Harry y Leon.

Pero el gran mérito de todo este compendio es que te da que pensar hasta días después de haber concluido su lectura. Porque la autodestrucción, a veces, puede no ser opcional. En estos tiempos de relativismo, en que solo nos quedamos con lo que nos gusta y carecemos de toda idea y principios, ninguna relación, ya sea de amor o amistad, va a durar para siempre. Becky ya lo sabe. Y mis pastillas para dormir, también.

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