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Crítica: “El sacrificio de un ciervo sagrado” de Yorgos Lanthimos

Por Martín Godoy 0

El sacrificio de un ciervo sagrado

La gente va al cine por muchas razones. Para entretenernos suele ser la principal, pero no la única. A veces acudimos con afán de culturizarnos un poco. Para ver una de esas obras alejadas del cine comercial que nos dejan con las piernas colgando y el culo arrastrando. Lo que algunos entendidos definirían como arte. Una de ellas me ha tocado a mí esta vez. Ayer vi El sacrificio de un ciervo sagrado y hoy os la cuento.

Cuenta la historia de un cirujano, su mujer y sus dos hijos. También hay un adolescente psicópata que orbita por ahí. Los niños enferman y no se sabe muy bien a qué se debe. Ni los médicos del hospital más vanguardista de Estados Unidos (o de por ahí) logran descifrar los motivos. Sólo el padre tendrá en su mano salvarlos. Poco más puedo decir porque poco más pasa. ¿A que suena bien?

El principal atractivo de la película es su director, el griego Yorgos Lanthimos, que lleva ya unos años siendo uno de los nombres más importantes (o reconocidos, que no siempre es lo mismo) en los círculos del cine independiente internacional. Yo tenía ganas de verla por él.

He de reconocer que al principio es algo monótona. Los diálogos son intrascendentes. Los personajes hablan como robots, esforzándose por remover cualquier entonación. Como una conversación entre el Rey y Siri. Tiene su gracia, la verdad. Es el sello de su director, pero cuesta entender qué te está contando. Pienso: ¿Me estoy perdiendo algo? ¿Soy imbécil o está toda la sala como yo?

¡Ay! Pero eso sólo es la primera parte. Conforme avanza la trama y se desvela el conflicto, la película pasa de ser monótona a ser un delicado y soberano coñazo. Aburre. Porque todo está muerto, sin vida. Porque tarda tantísimo en desarrollarse que te da tiempo a revisar mentalmente la lista de la compra. Porque la historia, que es uno de los más duros dilemas éticos, morales, VITALES, a los que nadie puede enfrentarse, está contada de forma aséptica, como suele hacerlo Lanthimos. Solo que este drama no puede ser contado sin sentimientos o, al menos, sin lógica, porque resulta imposible identificarse en él.

Tiene un punto perturbador. Sobre todo, gracias a la música, o al espacio sonoro, o lo que rayos sea eso que suena casi de forma constante. Crea desasosiego. Suena a peligro y te mantiene alerta. Funciona, aunque no es suficiente.

Estoy seguro de que el moderneo la disfrutará. Los seguidores del director también (si es que no son los mismos). El resto, pues bueno. Es una cinta atractiva, algo incómoda, diferente. Merece la pena verla si tenéis un hueco. Es cine y supone un aporte relevante al panorama actual. Pero no busquéis entretenimiento, porque no lo rebosa. Aún así, espero con interés su siguiente película.

¡Ah! Se me olvidaba. Los animalistas podéis estar tranquilos. No se sacrifica ningún ciervo. Era una metáfora.

 

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