Crónica de Madrid es Ruido 2017 (Moby Dick)

Por Ana Rguez. Borrego 0

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Ojalá el ruido fuera siempre tan maravilloso.

Sí, ya sé que hay muchos conceptos relacionados con este término y el de Madrid es Ruido no podía ser malo. Shoegaze, dream pop, psicodelia… ¿qué más se puede pedir? En los últimos años están surgiendo pequeños festivales que se salen de las propuestas habituales y es raro que no confirmen la sabiduría popular: el que no arriesga no gana.

Esta segunda edición prometía a simple vista y cumplió de manera notable. Grupos que reconfirmaban su valía, agradables sorpresas… El sábado por la noche salimos de la Moby Dick tan satisfechos que ya nos preguntábamos para cuándo el tercero. La aventura musical no tiene límites.

Un viernes de sentimientos

Los encargados de abrir el festival fueron espíritusanto. Un papel complicado pues la sala aún no estaba llena y les tocaba preparar el clima de la velada. Sin embargo, la complicidad que generan Reyes García y Pablo Hernández cuando cantan te adentran en su universo. Parece que mantienen un diálogo de sentimientos al turnarse al cantar, pero realmente lo mantienen contigo. Porque ese es su don: reflejar en sus canciones lo que a cada uno le pasa, sin dramatismos, como algo cotidiano. Esencia pop, al fin y al cabo.

Esas sensaciones continuaron con Apartamentos Acapulco, que fueron los terceros de la noche. Sorprendentes en su evolución del disco al directo, pues ganan viveza en concierto. Muchas veces se menciona a Los Planetas cuando se habla de ellos y es cierto que comparten esa sutileza de interpretación; pero sobre el escenario se transforman. Se dejan llevar un poquito por la distorsión y comparten con los espectadores esa sensación de dejarse llevar por lo que sienten. Tanto, que hasta el cantante perdió las gafas en pleno frenesí del último tema.

Entre estas oleadas de sentimientos aparecieron los sorprendentes Noise Nebula. Es recurrente la pregunta, ¿pero cómo puede ser que 5 chavales, 3 de ellos con guitarras, tengan tal dominio de la distorsión? Quizás les quede mucho recorrido, cosa de la juventud, pero los que estábamos allí nos sorprendía su aplomo. En concreto, fue fascinante observar al cantante, Pablo Iglesias: es de esos intérpretes que entra en sintonía con la música y la vive como una transformación casi mística, como le ocurre a James Graham (The Twilight Sad).

93MillionsMilesFromTheSun cerraron la noche, con su veterana experimentación distorsionada. Su capacidad para generar infinitas capas sonoras es innegable: parece que sólo necesitan sus pedales y poco más. Sin embargo, su actuación no fue creciendo, como las anteriores, y nos quedamos algo fríos, con la sensación de que queríamos más. ¿Podían haber revolucionado más su distorsión? ¿Faltaba algo de conexión entre ellos? Podrían haber sido mucho más apasionantes.

Las diferentes caras de la electricidad del sábado

Galaxina abrieron el segundo día. Grupo revelación del Comtempópranea 2017, es probable que consigan cierta relevancia y éxito. Con la distorsión justa y un esquema rockero de corte clásico, fueron la propuesta más asequible del cartel. Si se desmadraran con las guitarras y los pedales, podrían ganarse a ese sector que gusta de la incomodez y la aspereza, pero quizás sería traicionar su sonido.

Los que fueron la gran sorpresa del sábado (y casi del fin de semana) fue Monte Terror. Desde los primeros acordes apostaron por la distorsión tempestuosa y no exageraría si dijera que todos estábamos fascinados ante lo que vimos. De lo instrumental a las partes cantadas de Manolo Illescas y Miriam Cobo, sus canciones te arrastran a vivir su ritmo. Se puede hablar de que tienen claro cuál es su sonido. Sólo un detalle más: promotores, llamadles para tocar, solos o con alguien. Su primer disco tiene que estar a punto de salir.

Las sensaciones encantadoras continuaron con Linda Guilala, Su veteranía les aporta seguridad y destreza a la hora de experimentar con su sonido, entre la distorsión y la psicodelia. Lo suyo no es el ambiente: es recrear un viaje sonoro, que conecta la sentimentalidad de la que ya hablábamos hasta la sublimación del ruido. Unas sensaciones mucho más viscerales, en las que escarban la sutileza vocal de Eva y la ingadación sonora de Iván a la batería y Mari a la guitarra.

Del cierre del festival se encargaron Secret Shine. ¿Se puede hacer más honor a su nombre que ellos? La sonrisa constante de Kathryn Smith te gana para la causa desde el principio. El resto lo hicieron el grupo al completo y las canciones: una mezcla perfecta de dream pop y sutiles toques de distorsión. Al escucharles sólo podemos pensar la buena noticia que es que se hayan vuelto a reunir. Son de esos grupos que te hacen sonreír, que te provocan una inexplicable sensación de felicidad. Casi son terapéuticos.

Y así terminó la segunda edición de Madrid es Ruido. Como siempre nos pasa cuando termina algo que nos ha gustado mucho: ¿para cuándo la próxima?

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