Los 11 mejores cómics de 2017

Por Javier Marquina 0

Odio las listas de lo mejor del año. Sobre todo, odio hacerlas. Te obligan a cribar, a profundizar, a seleccionar y a elegir discriminando indiscriminadamente entre las cosas que me han entusiasmado durante 365 días. Dada la ingente cantidad de títulos publicados, hacerla se antoja una tarea titánica. Lo dejas todo lleno de huecos, lagunas y olvidos. A la larga, siempre te hacen quedar mal. Siempre te dejas algo en el tintero porque son un mecanismo arbitrario y subjetivo de selección que solo debería interesar a la familia muy cercana del que hace la lista. Para arreglarlo, tú humillas y te justificas con expresiones manidas como “no están todos los que son” o “es una tarea muy complicada con tantas cosas buenas”, y acabas sumergido en el tópico insustancial de la valoración crítica despojada de fundamento empírico. Lo dicho. Un peñazo.

Por este y por muchos otros motivos, he aquí mi lista de 11 de los cómics que más me han gustado durante este 2017.

Odio ser inconsecuente…

1. Tigre Callejero de Ertito Montana (Zona 00 Cómics)

El macarreo es bueno. El macarreo mola. La gente con casco de motero y bate de beisbol impartiendo justica de barra de bar nos llama. Todos llevamos un Charles Bronson mezclado con Chuck Norris dentro. Será el desenfado. Será ese toque despreocupado y lúdico que subyace siempre en la violencia gráfica. Será que el señor Montana es uno de esos aristas veloces con rollo propio, característico y magnético. Hay que tener muchos huevos para vender tu tebeo como algo que habría firmado Tarantino y llenarlo de reptiles, gánsteres y kung-fu. Y, lo mejor de todo, para sobrevivir al intento con un cómic divertido por encima de todas las cosas. Adrenalina pura al servicio del ocio. Cómo debe ser.

2. Viuda Negra: La más buscada de S.H.I.E.L.D. De Mark Waid y Chris Samnee (Panini Cómics)

No todo el mundo puede ser guionista. Muchos creen que es algo sencillo que puede hacer cualquiera y se meten en el mundo del cómic sin haber leído ni un solo tebeo. A menudo esta gente olvida que necesitan un dibujante para hacer un cómic, y crean textos interminables y rígidos como el palo de una escoba en los que la única labor del artista es reproducir al pie de la letra una descripción detallada y a menudo redundante de lo que se quiere.

ERROR.

Parte fundamental de la labor del que escribe tebeos (o, al menos es fundamental si quiere que sus tebeos sean buenos) es saber adaptarse al tipo que va a dibujar tu historia. No existen dos personas iguales y, por tanto, no debería haber dos guiones iguales para dos dibujantes diferentes.

Mark Waid lo sabe, porque Mark Waid es un buen guionista. No solo eso. Es un guionista con suerte. Porque trabajar al lado de Chris Samnee es ser afortunado. No hay más que ver sus viñetas; su elegancia; su estilo; ese pulso narrativo maestro que entronca con lo clásico y lo moderno. Mark Waid es un buen guionista porque sabe de todo esto. Así que… ¿qué haces cuando puedes colaborar con un monstruo de la ilustración como Samnee? Preguntarle qué es lo que quiere hacer. Y dejarle disfrutar con su trabajo.

Señoras y señores, bienvenidos a la Viuda Negra.

3. Mort Cinder de Héctor G. Oesterheld y Alberto Breccia (Astiberri)

Esto es lo que se llama jugar con ventaja. Cuando reeditas uno de los clásicos inmortales y atemporales del cómic, te aseguras que aparezca en listas de lo mejor del año. Es una apuesta segura. Y benéfica. Tiene algo de obra de caridad. Ayudas al que hace la lista a rellenar un hueco de forma inexcusable y además le evitas el escarnio al que le someterá el fan riguroso por incluir en la misma títulos menos evidentes.

No es necesario decir más. Mort Cinder es una obra maestra del tebeo dibujada por uno de los portentos más incontestables que ha dado el lápiz y la tinta. Una maravilla que debe estar en todas las librerías y cuya ausencia debería ser castigada con la cárcel.

4. Night Bussiness de Benjamin Marra (Autsaider Cómics)

¿He dicho ya que me gusta el macarreo? Se nota, ¿no? Tiene algo de transgresión gratuita y gamberra que me hipnotiza. Subvertir los convencionalismos que nos constriñen es el sueño húmedo cualquiera. Manipular lo consabido y jugar con las normas para crear nuevas estructuras es un desafío y un reclamo.

Marra mezcla la caspa de los ochenta con luces de neón, heroína y violencia. Como un Paul Gulacy hormonado y  rígido, el autor canadiense reparte justicia y hostias como panes en sabio equilibrio, mientras se deja llevar con total libertad por una trama que no necesita ser consecuente o lógica para partir la pana de mala manera. Un tebeo de voltereta, salto mortal y triple tirabuzón con el que te acabas sintiendo como un patricio exigiendo más sangre sobre el circo.

5. Arsène Schrauwen de Olivier Schrauwen (Fulgencio Pimentel)

Os haré una confesión: detesto la novela gráfica. Me parece un término válido pervertido por una legión de arrepentidos que tratan de ocultar al mundo supuestamente culto el hecho innegable de que leen tebeos. Soy un gafapasta que odia el gafapastismo. Hijo de Spiderman y Wonder Woman, he tardado décadas en entrar en el mundo alternativo del cómic de autor. Quizá es por eso que la mayoría de las veces me enfrento a obras en apariencia áridas con un suspiro y una mueca de franco escepticismo.

No hay que ser un lumbreras para imaginar a un zombie del pijameo ojeando Arsène Schrauwen y esperarse lo peor. Bitonos, dibujo alejado del canon superheroico y una historia con continuos aportes en lo narrativo que navega entre la identidad personal, la obsesión y el delirio. Pues bien, Arsène Schrauwen es, de largo, uno de los mejores cómics que me he leído este 2017. Quizá el mejor. Aprovechen la edición integral de Fulgencio Pimentel y no dejen escapar este imprescindible ABSOLUTO.

6. Dinosaurio Diabólico de Jack Kirby (Panini Cómics)

Eso no quiere decir que uno no deba ser fiel a sus orígenes. Sobre todo cuando se habla del tótem. Del maestro. Del REY.

Dinosaurio Diabólico es la típica flipada fruto de la exuberante e incansable imaginación de Kirby, piedra fundacional del cómic de superhéroes americano moderno. Una odisea llena de diversión, trogloditas y poderes cósmicos desatados en la que lo que destaca es la grandeza y la potencia desatada y nuclear de ese hombre que sabía cómo comunicar con su dibujo. Un genio atemporal que va alcanzando, por fin, la dimensión de reconocimiento que merece como uno de los maestros indiscutibles del cómic. Porque nadie dibuja hostias tan sólidas como las de Kirby…

7. Bravo for Adventure de Alex Toth (Planeta Cómics)

Otra recuperación de material. Otro clásico. Pues oye, sí. Hay autores que deben ser ensalzados y reconocidos por las nuevas generaciones, porque son ellos los que establecieron las guías de lo que luego se convertiría en el futuro. Alex Toth es uno de esos autores, y todos debemos rendirle pleitesía. Otro ser de elegancia absoluta, maestro de los negros, de las sombras y de los contrastes. Otro dibujante estelar que colocar en el Wikipedia perenne de nuestras referencias autorales. Un espejo en el que todo aquel que quiera hacer cómics debería mirarse, y solo hay que leer con pasión esta maravilla para corroborar cada una de mis palabras.

Si no habéis leído nada de Toth, TARDÁIS.

8. Shangri-La de Mathieu Bablet (Dibbuks)

Pues no. No solo de clásicos vive el hombre. También vive de sorpresas. Sorpresas como la que te aguarda detrás de la espectacular portada del libro de Mathieu Bablet. Sorpresas llenas color, de ciencia ficción ajustada, de aventura, de sociología y de denuncia social. Sorpresas llenas de acción, robots gigantes y reflexiones filosóficas y cuánticas sobre lo que somos, lo que queremos ser y esa obsesión por convertirnos en Dios que nos persigue desde que decidimos dejar de ser monos y que acabará por exterminarnos.

Una gozada espectacular en todos sus aspectos, que además de entretenerte y fascinarte, te ayuda a reflexionar sobre temas intrínsecos a la condición humana, todo ello aderezado por un dibujo fascinante de un francés que se consagra como creador total a seguir con mucha atención.

De caerse la baba.

9. Providence de Alan Moore y Jacen Burrows (Panini Cómics)

Vale. Sí. Soy predecible. Lo de sacar un cómic de Alan Moore en una lista de lo mejor del año es como lo de ser del Real Madrid si te gusta el fútbol: una elección cómoda que te asegura alegrías y triunfos, y además elimina angustias y sufrimientos. Es de cobardes pero te hace feliz. En mi defensa diré que el segundo tomo de esta trilogía editorial de Panini me dejó con un regusto amargo. Sobrepasado por la inmensa cantidad de prosa que venía en el citado volumen, acabe confuso, aturdido y con mi idea preconcebida sobre lo que debería ser un cómic totalmente demolida.

Sin embargo, el maestro no decepciona. El tercer y último tomo de la saga es un tour de force espectacular en el que los círculos se cierran para componer un gigantesco y preciso mapa de la mitología inventada por H.P. Lovecraft. Acompañado del aséptico y frío Burrows, el barbudo de Northampton demuestra por qué está considerado uno de los mejores guionistas de la historia, en otro de esos finales apoteósicos y perfectos que te hacen levantarte de tu confortable sillón y aplaudir entre silbidos y vítores de admiración.

10. Un Millón de Años de David Sánchez (Astiberri)

Eres raro. Y te gusta. Sobre todo porque comprendes que no hace falta explicarlo todo para obtener sensaciones plenamente satisfactorias de una experiencia. Muchas veces es mejor sugerir y dejar que sea el lector es que construya su propia composición de lugar, disparando algunas de las imágenes más turbadoras que ha dado el cómic español en años. Un Millón de Años me recuerda al hipnótico Como un Guante de Seda Forjado en Hierro de Daniel Clowes. No solo por su hermetismo y por la multiplicidad de las interpretaciones posibles, sino por esa sensación de horror vacío y alienígena que dejan cada una de sus páginas.

Una de las mejores obras del año. De largo.

11. Ulna en su torreta de Izu Toru (ECC Ediciones)

Y de postre, manga. Un manga de los bonitos. De los que da gusto mirar. Un manga que reivindica el papel de la mujer en la sociedad y de su necesaria igualdad con el hombre. Sufrimientos, amoríos, amistades, preocupaciones, valentía… Las mujeres que desfilan por Ulna son seres humanos dispuestas a luchar por lo que consideran suyo. Dispuestas a morir luchando contra una amenaza que baila entre lo surrealista y lo onírico pero que se cobra sus piezas en sangre física y real, de la que comienza roja y acaba coagulándose con rapidez sobre el paisaje helado. Dispuestar a ser humanas sin condiciones diferenciales o discriminatorias.

Una de esas sorpresas que llegan cuando el año acaba y casi tenías cerrada tu lista odiada de favoritos, esa que siempre tienes que modificar cuando llegan más cosas buenas.

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