Crónica del concierto de Viva Belgrado en Madrid (Sala Caracol)

Por Ana Rguez. Borrego 0

Estuvieron acompañados por Boneflower y Descubriendo a Mr. Mime.

Probablemente 2017 será un año que les costará olvidar a los de Viva Belgrado. A finales del año anterior ya apuntaba maneras: la publicación de Ulises (Aloud Music, 2016) suscitó una oleada de interés que les llevó a ser tendencia en Twitter el día de su publicación. Y así comenzó su gira, que les ha llevado por España, Europa e incluso Japón. Más de 120 conciertos y una progresión que no dudamos de que no cesará.

Prácticamente había pasado un año de su primer concierto de presentación en la Moby Dick. Entonces presentaban el disco y en esa fecha ya consiguieron un sold out. El pasado sábado en la Caracol repitieron la proeza para despedir la gira. Y no es de extrañar: observar la expectación de todos los que allí estaban justificaba de sobra el creciente éxito de los cordobeses.

En esta ocasión, estuvieron acompañados por dos bandas que también apuestan por una de sus señas de identidad: el screamo.

Los primeros en ocupar el escenario fueron Boneflower. La propuesta del trío madrileño recordaba someramente a la de los anfitriones, por su gusto por el desarrollo de las melodías en diferentes tempos. Con una instrumentación más acerada, modularon las sensaciones de los que allí estaban al ritmo de su setlist. Delicados y vigorosos según el tema, convencen y te invitan a seguirles la pista.

No tuvieron tanta suerte los siguientes, Descubriendo a Mr. Mime. A priori, el hacer screamo a dos voces resulta interesante. Sin embargo, quizás los nervios de presentar nuevos temas les jugaron alguna que otra mala pasada. La interiorización de las sensaciones del cantante y el carisma del bajista, encargado de la segunda voz, prometían pero no se hizo realidad. En ocasiones se atropellaban en el escenario y el sonido no terminaba de adquirir matices.

Ya llegaba el momento. Según el horario había que esperar un poco más pero puntualmente Viva Belgrado se hizo con el escenario. Un aplauso cerrado para recibirlos que en cierto modo les impresionó. Cándido, el cantante, cogió el micrófono emocionado, para agradecer esa acogida, ese apoyo que les ha hecho vivir un año increíble. Según comentó, el resfriado le tenía un poco tocado y necesitaba que le ayudaran cantando. Un “esfuerzo” que todos estaban dispuestos a hacer.

No hace falta que haya muchos preliminares con ellos. Desde los primeros acordes Viva Belgrado cautivan con su identidad musical: nunca fue una idea vaga, una propuesta en potencia. Ya en las primeras veces que los vimos era claro su concepto y a medida que han pasado conciertos y discos se percibe su consistencia. Y esa personalidad sonora es probablemente su clave para el éxito: atrae, remueve y fideliza.

Esa mecánica de atracción va en función del trayecto sentimental que desarrollan, tanto en conjunto como en cada una de sus canciones. Ese juego entre lo hardcore más arrebatador y las melodías descarnadas es conducido por la inconfundible voz de Cándido, con su fraseo en las estrofas y el screamo del estribillo. Pero no es lo único: el gran don de su voz es su capacidad para que el público empatice con lo que cuenta. Por seleccionar algunos instantes, estremece el intimismo de “Apaga la Llum” o cómo el público prácticamente al completo les acompañó cantando “De carne y flor”.

Nos quedamos con la curiosidad de saber cómo suena “Guillotinas” en directo, pero ya habrá otra oportunidad. Acabaron con la misma sonrisa emocionada que comenzaron. Probablemente eso sea un buen síntima: fijo que hay Viva Belgrado para rato.

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