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Crítica: Isla de perros de Wes Anderson

Por Martín Godoy 0

Isla de perros

Hace mucho que no vemos una de dibujitos. Ayer vi Isla de perros y hoy os la cuento.

En un Japón futurible, todos los perros han sido exiliados a la isla de la basura, donde sobreviven los pobres como pueden. Un niño de 12 años viajará hasta allí para intentar encontrar y rescatar a su bonico perro Spots.

Aunque digo dibujos, la película está rodada en stop motion, que es esa técnica de animación que a muchos (a mí) nos lleva poniendo los pelos de punta desde Pesadilla antes de Navidad. Todo se perfecciona, claro está, y aquí se ha perfeccionado mucho. Visualmente es muy atractiva. Recuerda a Fantástico Sr. Fox. Bueno, y si no fuera de animación, a todas las demás películas de Wes Anderson. Y es que este director, querido tanto por la crítica como por el público, ha dado con la fórmula para destacar y tener una voz audiovisual propia, y la va a explotar hasta el fin de sus días. Básicamente, sus películas son un constante plagio de sus anteriores trabajos. Te gusta una y probablemente te gusten todas, porque son prácticamente iguales. Que no es que esté mal, a mí me gustan y siempre resultan llamativas. Son muy características. Pero mucho, mucho, el hombre no innova. Los personajes, las tramas y, más que ninguna otra cosa, la estética. También te digo, mientras le funcione, hace bien. ¿Para qué calentarse la cabeza?

 En este caso, la historia es francamente entretenida. Anderson y su fiel equipo de colaboradores nos proponen una aventura juguetona en la que hay sitio para todo. Destaca la comedia, lograda con su ironía y ágiles diálogos. Pero también hay espacio para el… digamos drama. Algunos momentos resultan entrañables, y aprovecha para tocar temas como la amistad, la lealtad, la tolerancia… pero sin pasarnos. Seguro que un espectador más audaz encontraría varias lecturas tras su visionado. Un porrón de críticas encubiertas a diversos problemas de nuestra actualidad. Yo tampoco voy tan lejos. Me parece hasta cutre. Una cosa es que puedas hacer una extrapolación al mundo real en determinados detalles y otra que encierre un juicio vehemente contra nuestro sistema social. Ya me pasó con El principito. Me lo leí porque me dijeron que era el culmen de las triples interpretaciones y me pareció una auténtica castaña. Soy un inculto, qué le vamos a hacer. Prefiero que lo que me tengan que decir, me lo digan claramente. Entre líneas veo borroso.

La peli tiene encanto y solo decae en contadas ocasiones. Eso sí, yo no la veo para niños muy pequeños. No hay palabrotas, ni sexo, ni esas cosas que los menores se supone que no pueden ver aunque las ven a diario. Pero es algo enrevesada y creo que les costaría entenderla, y algunos muñecos tienen un punto siniestro que, a mí, en mi infancia, me habrían aterrorizado. No sé, a lo mejor los subestimo.

Wes Anderson demuestra que tiene clase para hacer animación, pudiendo ser distinta y de primer nivel. Es una buena película.

 

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