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Crítica: Vengadores: Infinity War de Anthony Russo y Joe Russo

Por Martín Godoy 0

Vengadores: Infinity war

Esta semana llega a España uno de los estrenos más esperados del año; el blockbuster por excelencia; con una lista de actores más larga que el libro de familia de Julio Iglesias. La película que te mantiene en sala hasta que se acaban los créditos para ver una escena final que suele ser superflua. Ayer vi Vengadores: Infinity war y hoy os la cuento.

La masía de superhéroes Marvel reúne por tercera vez a su cantera para enfrentarse a otro malo malísimo al que juraría que ya han derrotado en alguna otra ocasión. O a uno muy parecido. El caso es que este rufián quiere destruir el mundo y los Vengadores no se lo van a poner fácil. Tampoco muy difícil, me ha parecido a mí. Pero ya juzgaréis vosotros.

Para quien no lo sepa, los Vengadores son ese batiburrillo de superhéroes que tienen sus películas en solitario, pero al parecer no les daba para pagar facturas y han decidido formar una boyband. Esta es la tercera entrega, que añade poco o nada a lo ya visto. Es más, estoy casi seguro de que algunos planos son tomas no utilizadas de las anteriores. Parece escrita con el piloto automático, específicamente diseñada para afianzar su legión de fieles fans mientras el espectador medio termina por desencantarse con un estilo de superproducción en la que lo que menos importa es la historia. Transmite desidia, como si todo su esfuerzo quedará relegado a introducir más y más estrellas en pantalla.

Salen ciento y la madre. Hay tantos personajes que la presentación dura una hora y, para colmo, cada uno tiene su propia línea argumental, levemente relacionada con las restantes. Dirás: “cielos, ¡qué bien, cuántas desventuras! ¿Con qué tendrá que lidiar cada uno?” Pues con lo mismo. Todos. He contado al menos 5, ¡CINCO! personajes cuyo dilema a lo largo del film es exactamente igual. Lo dejo ahí para que los tiquismiquis no se me echen encima con los spoilers, pero ha sido como ver la misma trama repetida con varios actores distintos.

Siempre lo digo: para mí, una buena película de acción tiene que ser eso, acción. Patadas voladoras y volteretas absurdas. Pero en una franquicia en la que el metraje es insufriblemente largo por sistema (supera las dos horas y media) al menos que exista un leve asidero argumental que nos haga de transición y avance la historia. Pues no. Es mejor llenar los huecos con dramas personales de los protagonistas. Que esa es otra. ¡Qué vidas más sórdidas tienen todos! ¿Nadie puede ser superhéroe sin que toda su familia (en algunos casos, especie) haya sido masacrada? Al menos el nombre está bien elegido. Vengadores. Porque mira que son vengativos los jodíos. Han quedado tan terriblemente marcados por su pasado que no ven la hora de devolver lo que han sufrido.

La imagen es buena, eso sí. Los efectos especiales son superiores, aunque no sé cuánto tiempo más podrán aguantar sin ofrecer algo realmente original. Bueno, esta es una respuesta sencilla. Viendo cómo salió el público de mi sala y, sobre todo, como acabó la peli, va para largo.

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