Crónica del 10º aniversario de LaFonoteca (Moby Dick)

Por Ana Rguez. Borrego 0

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No te apures, mamá, es solo música pop

No sé si son los años o si es que estos tiempos tan digitalizados van muy rápidos, pero en ocasiones vivimos en una constante sensación de inconsistencia. Especialmente si se trata de proyectos vinculados a la cultura, que no se sabe muy bien por qué es tan complicado que sean tomados en serio. Por eso, diez años de existencia es una efeméride digna de celebrar. Una década de LaFonoteca. Conciertos, discos, libros… y sobre todo, un archivo de referencias musicales españolas que es casi un vademécum para amantes del cuarto arte.

Con semejantes antecedentes, la mejor forma de celebrarlo era como un minifestival, en la que juntaron algunos de los grupos que han estado unidos a la evolución de este proyecto. Seis grupos que hablaron de sentimientos desde su punto de vista personal del pop, agrupados en los diferentes días de una interesante manera.

El viernes fue la ocasión de los diálogos emocionales. Esa es la especialidad de espiritusanto, Neleonard y Doble Pletina, con un toque especial cada uno de ellos. Y no es extraño que así sea, pues los tres grupos tienen dos cantantes que se van turnando aquello que narran. Desde la montaña rusa de emociones que en ocasiones supone lo cotidiano de los primeros hasta la absurdez y el sarcasmo de los últimos, pasando por la luminosa sutileza de los segundos.

Todos ellos reflejaron el encanto esencial de lo que es una canción pop, que poco a poco fue encandilando a los asistentes. A espíritusanto le tocó abrir la velada en una desagradecida posición en la que no siempre está todo el público, aún frío. Pero su condensación fue preparando a los asistentes para lo que venía. El tercio final de Neleonard fue casi una fiesta (con pedida de matrimonio de Nele incluida) y los diálogos irónicos entre Laura y Marc de Doble Pletina relajaron esa cierta intensidad que a veces se crea al hablar de sentimientos.

El sábado esa sencillez se hizo más sofisticada, gracias a los teclados y los sintetizadores. Betacam abría el día con esa capacidad que tiene para diseccionar esa especie de tontería que tenemos respecto a lo que sentimos, ese toque que se puede reconocer allá donde colabora. Está a punto de sacar disco, pero recurrió a canciones ya conocidas como “Ya nunca vamos al cine” u “Otras Chavalas”, como una diversión de ida y vuelta: eso de que cantara el público por él le encantó. Le siguió Caliza, que estrenaba Mar de Cristal (Gramaciones Grabofónicas, 2018). Acompañada  por Santiago Castillo (Templeton) y Laura Prieto (Rusos Blancos), mostró la variedad y solvencia de registros que es capaz de abarcar en este proyecto.

Las colaboraciones de Betacam y Laura (Doble Pletina) en “La Spezia” y de Hugo Sierra en “Apaño” caldearon el ambiente, pero fue un aperitivo en comparación con lo que lograron Hidrogenesse. Ellos eran el plato fuerte y no defraudaron. Su personal humor, su querencia por lo místico-cómico, el estatismo de Genís frente a la hiperactividad de movimientos de Carlos… Entre “canciones muy bonitas” como ellos mismos definían y la final de Maestros de la Costura Austrohúngara, envolvieron al público en un frenesí festivo difícil de igualar. Son siempre necesarios y será difícil encontrar un grupo que ocupe su lugar.

Solo podemos añadir una cosa más: feliz cumpleaños, Fonoteca, y que sean 10 años más. Como poco.

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