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Crítica: Disobedience de Sebastián Lelio

Por Martín Godoy 0

Disobedience

Ayer vi Disobedience y hoy os la cuento.

Disobedience narra la historia de dos mujeres desobedientes. Desobedientes porque la Torá les dice que no deben yacer juntas y ellas yacen. Pero yacen, yacen, en el sentido más bíblico de la palabra.

Su director es Sebastián Lelio, que ha hecho historia recientemente al conseguir el primer Oscar a mejor película extranjera para Chile. Lo logró con Una mujer fantástica, de la que recupera sus principales temas para su nuevo trabajo: la muerte de una figura paterna, el rechazo social a un amor diferente, la soledad y, sobre todo, el personaje femenino como protagonista. En este caso dos, pues para su salto al mercado internacional (Disobedience está rodada en inglés) Lelio ha contado con dos actrices de enorme talento y reconocimiento en Hollywood: Rachel Weisz y Rachel McAdams.

La trama se desarrolla en el contexto de la sociedad judía más estricta, lo que le da un aspecto sórdido a prácticamente todo. Las relaciones y actitudes que se muestran parecen más propias de una película de terror que de un drama. La claustrofobia y rigidez de ese mundo ultra religioso se combina con la melancolía del amor perdido para dar lugar a un film demasiado triste. Cuesta encontrar un momento de alivio que levante una mínima sonrisa. La mirada de Lelio es fría, demasiado sobria, y el desenlace se alarga más de la cuenta.

Una cosa que me hace gracia de este tipo de pelis de amores prohibidos es que los amantes no saben contenerse cuando están juntos. Que se crucen sus miradas supone irremediablemente que se deshagan en besos y abrazos, independientemente de dónde estén o quién esté a su alrededor. No conocen el decoro, ni saben ocultarse aunque lo que esté en juego sea su propia vida. Si se encuentran en el super, pues entre los congelados y los lácteos, cualquier sitio es bueno para un sobeteo. Como si el amor los hubiera convertido en animales.

Los más morbosos encontrarán sus pretensiones satisfechas con una escena de sexo explícito que demuestra que se puede hacer cualquier tipo de guarrada sin quitarse la ropa. Todo muy fino y elegante. Por lo demás, es un drama romántico que tiene poco de romántico y mucho de drama.

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