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Visita el Louvre con los señores Carter

Por Ana Rguez. Borrego 0

the Carters en el Louvre

¿Cuánto puede cundir el ala Denon en un video?

Hablar del Louvre y pensar en la Mona Lisa ya cansa. Ya sea por hipster o por iconoclasta, una servidora cree que este minúsculo cuadro (porque mira que es pequeño) está sobrevalorado, y que Leonardo Da Vinci tiene cuadros infinitamente mejores. Pero es divertido. En la sala 711, del ala Denon, te encuentras un rebullicio ingente de turistas pendientes de esa tablita, mientras que prácticamente enfrente están Las bodas de Caná, de Veronés. Enorme, fastuoso, tan lleno de color y gente que una piensa si Jack Kirby era fan del pintor veneciano.

¿Pero qué puedo esperar que salga en el video de “Apeshit”? Jamás pensaría que Beyoncé y Jay Z se ven afectados por el síndrome de Stendhal. Pero tontos no son: si hay que hacer una velada crítica a la ausencia de personajes de color en los grandes museos, si hay que impactar al gran público hay que recurrir a la ambigüedad de la Gioconda, al rápido reconocimiento y a su recurrencia. Y con esa obra como eje van moviéndose en el Louvre.

the Carters en el Louvre

Desde la sala 711, en la que están la Mona Lisa y Las bodas de Caná (min. 4:30), hacen una pequeña incursión más en el arte italiano. En la sala 712 está la Pietà de Rosso Fiorentino, que aparece fugazmente en el minuto 2:45. Pero ya. La verdadera protagonista del video es la pintura francesa.

La exaltación sentimental del Romanticismo

En la sala paralela, la 700, al otro lado del eje, están Géricault y Scheffer. ¿Cuánta épica y romanticismo tienen el matrimonio de los Carter? No hay elección casual. ¿Hasta qué punto La balsa de la Medusa (min. 3:05) o El oficial de cazadores a la carga (min. 3:22) no podrían reactualizarse? Géricault se dejaba llevar por el sentimentalismo de la tragedia del primero o la figura idílica del segundo. Sin embargo, siempre hay opción para darle la vuelta: el desastre estructural frente a la supervivencia y los abusos de las figuras de orden.

Pero pasemos de la comunidad a lo individual. Su romance también forma parte de esta narración visual. Ellos están lejos de ser una tragedia como la de Las sombras de Francesca da Rimini y Paolo Malatesta de Ary Scheffer (min. 2:38). Ni somos tan ejemplares como Dante o Virgilio ni ellos han idealizado el amor a base de novelas de caballería. Son un matrimonio cercano a un emporio, al que hay en la sala 700.

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Los Carter necesitan un Jacques-Louis David

Severo y estático, David representa toda una época y un estilo vinculados al pequeño emperador (mayor que el egipcio, que también aparece).

No es casual que Beyoncé se marque una buena parte de la coreografía delante de La coronación de Napoleón (min. 1:38): Everything is Love es la legitimación absoluta de esta pareja, de su poder, de su influencia. Cada uno en su estilo han sido los antecedentes de este imperio, como ocurre con El juramento de los Horacios (min. 1:08) o El rapto de las Sabinas (min. 1:58). Inicios idílicos, vinculados a un colectivo en muchas ocasiones, que se han transformado en personalidades diferenciadas e individualizadas.

Ellos han sido y son lo que la tradición grecorromana al período del neoclasicismo: una evolución del hip-hop y del R&B.

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De camino al ala Sully

La conclusión está la zona central del Louvre, en el ala Sully. Una transición que es la ocasión perfecta para reflexionar sobre iconos de belleza. En la sala 703 de la Denon está la Victoria de Samotracia (min. 0:59) y en la 346 de la Sully la Venus de Milo (min. 3:52). Sin cabeza una y sin los brazos la otra, han sido durante siglos ejemplos femeninos, que si lo pensamos bien, ni piensan ni actúan. Todo lo contrario a Beyoncé.

Aplaudida y criticada a partes iguales, te guste o no, lo que está claro es que Beyoncé no es un mero busto parlante. Aunque no sea de la mejor manera, visibiliza otra forma de feminidad y hace gala de tener una identidad propia. Ella puede ser perfectamente la diosa de la Victoria, pero con una cabeza para pensar. Como ocurría con Atenea.

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Retrato de una mujer negra

Como comentaba al inicio, el video es un toque de atención sobre la falta de presencia de personajes de color en los museos. Evidentemente, en el Louvre es complicado que la haya pues no hay apenas rastro de ello en las épocas que representa. Quizás sería cuestión de visitar el Museo d’Orsay, para contrastar esa evolución en el arte moderno. Aún así, lo grave no es que no los haya sino que aparecen ataviados de forma exótica, señalando esa diferencia. No es lo “normal”.

La cuestión es que en el ala Sully, en la sala 935, está el Retrato de una mujer negra, de Marie-Guillemine Benoist (min. 5:38). Curioso, porque es una mujer (otro grupo que escasea en los grandes museos como artistas) la que retrata a otra mujer, negra, sin ninguna ropa que indique que procede de las colonias. De color blanco, con el pelo recogido en un moño, como la Madame Récamier de Jacques-Louis David de la sala 700 (min. 2:15). ¿Equipara este cuadro esclavos con personas libres? ¿Hay la misma dignidad? Probablemente, pues se pintó 6 años después de abolir la esclavitud en las colonias francesas.

Hay miles de obras en el Louvre que se podrían destacar, pero nada es casual. Siempre hay un subtexto.

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