XX Aniversario de Love of Lesbian

Por Armando Rendón 0

La banda, Love of Lesbian, celebra sus veinte años de carrera con varios conciertos que conmemoran dicho aniversario. Repasamos estos veinte años de conciertos, de música, de vida en paralelo.

Hablamos casi de un cuarto de vida, nos hemos comido un buen tozo del pastel juntos, disfrutando de cada “digestión”, de cada momento de euforia en forma de conciertos (de todo tipo, en todo formato), de cada ilusión antes de que apareciesen nuevas propuestas musicales, de malos tragos en forma de salidas (dolorosa, mucho, la de Joanra), de ilusiones renovadas y de cierto alejamiento. Vamos, la vida misma.

Y es que a este que les escribe, le adornan posiblemente las mismas, o parecidas, canas que a Santi, Julián, Jordi, Ori, Dani y ahora Ricky, ( a Joanra también). Supongo que en estos años, algo hemos madurado, nuestras vidas han cambiado y para mi, un incondicional, parte de la banda sonora de ese trayecto siempre ha estado salpicada por composiciones lesbianas. Aunque yo no comencé esos veinte años chapurreando inglés, como ellos, si que estaba en ese fase de saber ya muy bien que hacía tras una adolescencia de búsqueda continua, en lo musical, en lo vital. Y aunque lo que escuchaba en esa época estaba en la línea de sus composiciones iniciales, andaba agarrado a Los Planetas, a The Cure (a los que por cierto telonearon), a New Order, al no querer olvidar a Radio Futura ni a Heroes del Silencio, mientras me seguía dejando, cada vez menos, abrazar por Depeche Mode.  En mi caso, no los descubrí hasta 2005, con más vivencias, había ido ya y venido, Madrid se me escapó de las manos en muy poco tiempo, y ya de vuelta en mi Sevilla, me di de frente con ellos.

 

Andaba yo en una de esas relaciones de montaña rusa, en las que “Marlene, la vecina del ártico” era algo que te volvía totalmente loco, ya que intercalabas “Domingo (s) Astromántico (s)” susurrados al oído con “Maniobras de Escapismo” y sobre todo, tras apostarlo todo, tras darlo todo, con una definitiva “Mi Primera Combustión” liberadora, sanadora y sin duda, catártica.  Entre medias, los lesbianos empezaban a hacerse notar, a aparecer en escenarios cada vez más grandes, a catapultarse con ese otro genio recién aparecido que era Julián, posiblemente una de las decisiones más claves de la banda durante su historia. Santi ya jugaba a provocar, ya era ese “showman” generoso con el público, mientras el resto, se refugiaba en la música y en máscaras para acompañar el descaro, la “sinvergonzonería” inteligente del gran Balmes. La creatividad de Santi, y sin duda alguna su arte, no dejaba de “fabricar” letras que con el ornamento musical y, a veces, visual (por ahí andaba Lyona Ivanova, otra genia), empezaron a ser más y más reconocidas por el entorno musical independiente nacional.

 

Como suele pasar con las bandas que perduran en el tiempo, las que dejan poso, esos años fueron los nuestros, los de disfrutar de forma conjunta, ellos de su éxito, nosotros de descubrirlos y acompañarlos en el mismo, además de difundirlo. Eran nuestros “John Boy”. Nuestras fueron “Maniobras de Escapismo” y nuestros fueron “Cuentos chinos para niños del Japón“, nuestros y de pocos más en los inicios.

Los de entonces, como pasa con todas las bandas, dicen, decían, dirán, que esos eran la esencia de Love of Lesbian, pero como en todo, era un momento, una época, una ilusión, un vínculo, que no resta un ápice de calidad ni de grandeza a lo que sucedió tras “1999 (o como generar incendios de nieve con una lupa enfocando  a la luna)“. Porque ahí se produjo el terremoto, no en 1999, no, en 2009. Ahí apareció el amigo John Boy, para que ya hasta mi pequeña de seis años, cantase aquello de “todos los raros fuimos al concierto”.

 

El “lesbianismo” se propagó como veneno sanador que inundaba todas y cada una de las mentes inquietas musicales de este país.  De “1999”, alabanzas por todos lados, época de crecimiento a nivel general, de euforia colectiva, y por supuesto de un disco absolutamente descomunal que nos acompañó en un momento general vital, casi soñado. Los fieles del principio no dejábamos de valorar cual de la terna de discos lanzados en castellano era mejor, sin embargo el dilema era muy, muy difícil  ¿a quien quieres más, a mamá o a papá, o al hermanito pequeño que lo ha revolucionado todo? Y cambió todo, sin cambiar nada.  Los raros que íbamos al concierto nos convertimos en miles y lo que era nuestro, comenzó a ser de todos (esos celillos iniciales se convirtieron en alegría profunda ante el triunfo incontestable de unos magníficos artistas del contramano, de la provocación, pero ante todo de la buena música).

Y con el éxito, se quedaron a vivir en 1999 unos años. Se gustaron y nos siguieron gustando. Disfrutaron de cada bolo, y nos hicieron soñar con un concierto eterno de máscaras y buen rollo. Europa y América Latina empezaron a descubrirlos, a adoptarlos también. Hasta que un día, tres años después de 2009, se sacaron un doble disco bajo el título de “La Noche Eterna. Los Días no Vividos“, que mantuvo la línea de riesgo y que no gustó a los que solo se pegaron al hit de John Boy, bajándose inmediatamente del carro, pero con el que supieron seguir siendo fieles a si mismos y mantener el nivel musical, creativo e innovador. Tanto fue así que no quedó ya “Nadie por las calles” sin conocerlos,  los lesbianos ya eran virales.

 

 

Al igual que ha sucedido en 2016 con “El Poeta Halley“. Y ahora, veinte años después, nos volvemos a ver, nos volveremos a disfrutar, nosotros de ellos y ellos de tenernos “incondicionales”, como siempre. Y como dice la canción “El Poeta Halley” en la que se acompañan del gran Serrat nos volveremos a sentir así “…casi siempre te abandonan demasiado pronto, y las escuchas en bocas ajenas….y te alegras, y te enojas contigo mismo como con todo lo que amamos con cierto egoísmo”. Pero “Todo es ley de vida….si las palabras se atraen que se unan entre ellas, y a brillar QUE SON DOS SÍLABAS” Como las bandas….y sus incondicionales.

 

 

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