Web Hosting

Crítica: Ocean’s 8 de Gary Ross

Por Martín Godoy 0

Ocean's 8

Hemos visto Ocean’s 11, 12 y 13 y, como en tantas otras cosas, las mujeres tienen que venir a demostrar que ellas, con menos, pueden hacer lo mismo. Ayer vi Ocean’s 8 y hoy os la cuento.

Debbie Ocean, la hermana de Danny, lleva cinco años en la cárcel. Como ahí dentro tampoco hay mucho que hacer, ha tenido bastantes ratos muertos para pensar. En nada bueno, por supuesto. Anticipándose como solo podría Aramis Fuster, ha planeado un gran golpe para el que requerirá la ayuda de unas cuantas colegas.
Siguiendo el esquema de una clásica película de robos, Ocean’s 8 confía demasiado en sus puntos fuertes, siendo estos un plan minuciosamente elaborado y unos personajes con precisa participación en él, como para intentar ofrecer algo más. Digamos que es el boceto inacabado del film que aspiraba a ser. La estructura está, pero nadie se ha preocupado de armarla con algún punto de inflexión original o mínimamente estimulante. A eso hay que sumarle una narración lineal en la que el clímax ni está, ni se le espera. Carece de tensión y, en definitiva, de garra. Algo que parecía su principal baza, pues, como ya pasara con las precuelas machitas, el reparto es envidiable. En este caso, eminentemente femenino. Cate Blanchett, Anne Hathaway y Rihanna son algunas de las estrellas que protagonizan la cinta, en la que ninguna destaca sobre las demás (ni para bien, ni para mal).

Hay una cosa de la que sí me percato. Algo a lo que, en general, suelo prestar poca atención. Desde la primera secuencia me siento admirablemente horrorizado (u horriblemente admirado) por el maquillaje y la peluquería. Resulta espeluznante, especialmente en el caso de Sandra Bullock. Después de verla durante más de hora y media en una pantalla gigante, me pregunto: ¿qué aspecto tendrá realmente? Si me la encontrara por la calle, ¿la reconocería? ¿Qué ha hecho la vida contigo, Sandra? Fuiste Miss Agente Especial y hoy parece que te hayan pasado una hormigonera cosmética por encima. ¿Habrá sido decisión suya o del director? O quizás solo esté sufriendo lo que se conoce en psicología como el síndrome de Hannah Montana. Esto es, Sandra quiere compaginar su trabajo como actriz internacional con una vida normal y anónima, por lo que decide actuar utilizando una máscara de cera. Eso explicaría las pocas secuencias que tiene al sol, no se le vaya a derretir la cara.

Los feministas me recriminarán que me fije en estas cosas por tratarse de una mujer y que no haría algo similar si el protagonista fuera un hombre. La cosificación, la presión social por estar siempre bellas y esos rollos. Puede ser. También podría ser que la única vez que haya visto a un hombre con semejante lienzo en la jeta sea en las caracterizaciones tan espléndidas que realizan en Tu cara me suena. Bueno, sin mencionar a Michael Jackson, que también era un buen cuadro. Pero no nos centremos en superficialidades. Ocean´s 8 es una película del género al uso, de la que el espectador obtendrá lo que esperaba, pero absolutamente nada más.

Web Hosting