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Crítica: Yucatán de Daniel Monzón

Por Martín Godoy 0

Se nos acaba el verano y me apetecía despedirlo como hacen las familias de clase media a las que les toca el segundo premio de la lotería: yendo de crucero. Ayer vi Yucatán y hoy os la cuento.

Dos estafadores profesionales con unas antiguas rencillas no muy definidas coinciden en un crucero rumbo a Yucatán. Ambos han puesto el ojo en la misma víctima. ¿Quién se llevará el gato al agua?

Yucatán es la gran apuesta veraniega de Mediaset, compañía que le ha cogido el gusto a esto de aliarse con directores de renombre para rentabilizar su obligación legal de producir cine español. Así lo hizo ya con Bayona en Un monstruo viene a verme o Alex de la Iglesia y su Perfectos desconocidos, entre otros. Ahora le ha llegado el turno a Daniel Monzón, conocido por dos peliculones de nuestro cine como son Celda 211 y El niño.

A diferencia de las anteriores, Yucatán es una comedia… o así se vende. En su favor debo decir que es menos idiota de lo que aparenta en el tráiler, lo cual puede parecer un éxito en sí mismo, pero no lo celebréis aún. También es más aburrida. Ese humor blanco, materializado en el inicio en el personaje de Toni Acosta y que, por otro lado, tampoco presagiaba grandes honores, se pierde conforme avanza la historia. No, avanza no es la palabra… renquea, volviéndose cada vez más cansina y reiterativa. Monzón no consigue dominar el tono, basculando de forma deficiente entre el humor, bastante escasito, y la intriga carente de intriga.

Además, comete uno de los mayores errores que pueden darse en el cine: no sabe cuándo acabar. El film continúa y continúa, y vemos a sus personajes hacerse viejos y a sus nietos hacer la comunión, y el nacimiento de sus bisnietos, sin que haya un alma cándida que le diga “corta ya”. Pero no todo iba a ser malo. Los números musicales encajan de manera natural y añaden frescura a este barco a la deriva.

 

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