Crítica: Las Distancias de Elena Trapé

Por María Gómez-Comino 0

Crítica: Las Distancias de Elena Trapé

Cuando los intereses individuales están por encima del grupo. Ayer vi “Las Distancias” y hoy os la cuento.

Elena Trapé dirige con maestría un drama sobre una generación un tanto desubicada que le cuesta encontrar su sitio y consecuencia de ello los individuos no son capaces de empatizar con el grupo. Allá por 2010 la directora catalana nos sorprendía con su primera película Blog, una cinta que transitaba entre el documental y la ficción. Un grupo de chicas adolescentes se grababan con cámaras caseras para hablarnos de sus preocupaciones, intereses, etc. y como ellas se relacionaban con el resto de sus amigas. Un ejercicio muy interesante que suscitaba un gran interés al espectador. Podemos decir que Las Distancias tiene la esencia de Blog narrativamente hablando. Esas adolescentes han madurado y ahora están en la treintena, sin muchas oportunidades laborales, teniendo que salir fuera de España o volviendo a casa de sus padres.

La historia se sitúa en Berlín. Comas (Miki Esparbé) ha tenido que emigrar allí y con motivo del cumpleaños de este, sus amigos de toda la vida deciden viajar para darle una sorpresa. La sorpresa va llegando conforme avanzan los días y se van dando cuenta que sus intereses ya no son los mismos, y que ahora poco tienen que ver con el grupo de amigos que eran hace unos años. Están completamente alejados unos de otros y no son capaces de ceder por el bien grupal. Las conversaciones están llenas de situaciones incómodas, de silencios al no saber qué decir, de miradas que no muestran un ápice de complicidad, que se refuerzan con una fotografía fría, en la que abundan los grises y una cámara que sigue a los personajes para dar esa sensación de agobio, de no escapatoria.

No hay buenos ni malos, algo que es de agradecer. Cada personaje tiene sus motivaciones y todas ellas son totalmente entendibles. Una historia que recae absolutamente en unas interpretaciones que nada hay que reprocharles. Destacar a Alexandra Jiménez que, con mucha sutileza y maestría. es capaz de mostrarnos a una mujer inundada de recuerdos y con dificultades para romper  definitivamente con el pasado. Merecida biznaga de plata a la mejor actriz en el pasado festival de Málaga.

Una cinta que tras su visionado deja un cierto malestar. La identificación con la narración hace colocar al espectador en un lugar incómodo, generando a su vez empatía con ciertos comportamientos de cada uno de los personajes.