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Crónica del Oh See Festival 2018: Tormenta Musical Perfecta

Por Armando Rendón 0

El recién nacido OH SEE FESTIVAL se puso de largo el pasado sábado en las instalaciones del Auditorio Municipal de Málaga. Ni la más que omnipresente amenaza de lluvia pudo deslucir un día de fiesta musical, que puso de manifiesto como un evento bien gestionado, organizado y con una buena programación musical, es con casi toda seguridad sinónimo de éxito.

Pintaba mal la cosa, muy mal. El viernes las previsiones meteorológicas eran más que preocupantes, casi alarmantes diríamos. La organización puso en marcha de forma preventiva algunas medidas para que, si sucedía lo peor, tratar de minimizar los riesgos de un posible “diluvio” (que era lo que se esperaba). Pero los señores de los vientos, de las nubes y de las lluvias, decidieron que Málaga capital celebraba por primera vez este festival y que no se lo iban a fastidiar, del todo. Hubo suerte, mucha. Y gracias a la misma, todo o casi todo discurrió con normalidad y con una puntualidad británica, para dar buena cuenta de nuestra seriedad también a algún que otro “guiri” despistado que rondaba por el festival, ante tanta banda nacional.

Varias consideraciones con carácter previo a entrar en “harina” sobre ese evento musical. En primer lugar, aunque esta vez el riesgo mereció la pena correrlo, entendemos que lo primero siempre debe ser velar por los asistentes y ese debe ser el primer mandamiento de cualquier festival. Los accesos, zona de barras (algo escasa las de comida) y los servicios, estuvieron muy bien gestionados y eran suficientes. Contar con dos escenarios, además de ser todo un acierto, permitió a bandas menos mediáticas darse a conocer y mostrar al público lo que pueden llegar a poner en el escenario, si bien el escenario pequeño, Mondosonoro, tenía una sonoridad muy mejorable.

Entrando en las actuaciones, y volviendo a hacer hincapié en el estricto cumplimiento de los horarios, comenzó el festival con Nixon en el escenario principal, Cervezas Alhambra, que ya contaba con la presencia de los más sedientos de canciones, ante un cielo algo cubierto, pero en un ambiente inmejorable. Por cierto, muchas familias con niños que correteaban por las gradas, que se asomaban desde la zona habilitada para ello, Zona Kids, y que junto a sus padres disfrutaban de una música, que seguramente valoren dentro de unos años. De ahí, al electro pop de Amatria, que más que calentar al respetable, hizo que el Auditorio mutase a discoteca. Si a esto le añadimos que a renglón seguido se subió al escenario Carlos Sadness con sus ritmos tropicales, su papaya, sus riffs de guitarras y su “buenrollismo” ilustrado, pues la tarde entró en una fase de diversión en la que, ya con mucho público, todos compartimos esa comunión musical desenfadada. Y mientras, en el escenario Mondosonoro, daban la réplica los grupos locales, Scandinavia y Arista Fiera, que con estilos diferentes, acumularon a muchos espectadores que sin duda descubrieron, los que no los conociesen, a dos bandas que van a ser referentes en esto de la música independiente nacional, si siguen por este camino.

 

Y sin respiro, comenzaron las apuestas fuertes del festival. Coque Malla y La Casa Azul (a una hora extraña para lo que estamos habituados a ver al grupo de Guille). Coque con sus tablas de tantos años, sus éxitos más que contrastados y marcándose un guiño a Los Piratas de los que hizo un cover. Y Guille y los suyos, embarcados en su nave electrónica, espacial y musical, con la que nos hicieron a todos volar sin alas al ritmo de “El Momento”, “Ataraxia”o “La Revolución Sexual”. Sonó también “Nunca nadie pudo volar”, nueva canción de su nuevo disco “La Gran Esfera”.

 

Ver saltar luego al escenario a Iván Ferreiro junto a su inseparable Amaro, músico como una catedral de grande, es siempre uno de esos placeres que hay que degustar cuantas más veces mejor (y este que les escribe no ha reparado en veces). Empezaba a ganarle el pulso la noche al día, y el atardecer se tornaba gallego, con alguna nube amenazante, pero que no hacía presagiar nada malo en el corto tiempo. Y así fue, lo único que nos recordaba a la “morriña” gallega eran los temas de “Casa” (su penúltimo disco, ya que ha sacado uno recientemente de versiones de “Golpes Bajos”). Como siempre, “Turnedo”, nos hacía meditar sobre si es o no la canción de nuestras vidas, mientras el polivalente Iván se nos escapaba una vez más entre sonrisas y aplausos, acompañado a la zurda por Amaro.

 

Ya estábamos situados muy cerca del escenario, aunque el aforo y la comodidad para ver las actuaciones eran perfectas. Pero lo cierto que es que muchos de nosotros nos volvíamos a encontrar con nuestra banda de siempre. Se notaban entre los presentes alguna que otra cana, se notaba que estábamos de celebración por los 20 años de “Una semana en el motor de un autobús” y se notaba, se palpaba y se sentía, que llegaban Los Planetas. Se veían camisetas con la X, con Super 8, Islamabad o cualquier otra reseña a la banda. Y arrancaron por lo último, con “Islamabad”, jugueteando con las palabras, con las creencias y con la cultura, adaptando su estilo a los tiempos y acercándose al trap, con esa casi no pronunciación tan clara y nítida de J. Si tras esto, te percuten con una de sus mejores canciones de siempre como es “Señora de las Alturas”, la atmósfera y comunión desde el prólogo ya era absolutamente indisoluble entre la banda y su público. Profesionalidad en grado máximo, que cuando esta gente quiere no tienen igual. Nos regalaron “Santos que yo te pinté”, “Corrientes circulares en el tiempo”, para llegar a “Hierro y Niquel”. Y como décimo tema, habían escogido “Un Buen día”, mientras sin el techo del escenario, los que estábamos allí, ni mirábamos al cielo ni nos importaba nada más allá de lo que llegaba a nuestros oídos. Pero comenzó a llover justo ahí, mucho, muchísimo, utilizando como único paraguas para los que estábamos en éxtasis, la letra sobre el viaje de J, Eric y Mendieta en un día de bajona. Algún problema de sonido bajo el diluvio, miradas entre los presentes con temor a la suspensión, mirada de Eric al resto de la banda y desde su batería, arrancó los primeros acordes de “Segundo Premio” y fue absolutamente épico el momento, único y épico. Nos teletransportaron hasta dejarnos con “De Viaje” y sentir, una vez más, que son la mejor banda que ha dado este país en los últimos veinte años y que sigue en activo.

Como colofón, Sidonie, con su “peterpanismo” empalagoso y popero de fácil, adolescente diría, digestión y como fin de fiesta los enormes ElyElla a los mandos y con un epílogo con especial referencia al remix del temazo de Viva Suecia, “Todo lo Que Importa”.

 

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