Crítica: Animales fantásticos: los crímenes de Grindelwald de David Yates

Por Martín Godoy 0

Animales Fantásticos

Que no pare la magia, JK Rowling sigue teniendo qué contar. Ayer vi Animales fantásticos: los crímenes de Grindelwald y hoy os la cuento.

Grindelwald, un mago pérfido y albino, ha escapado de prisión y amenaza con iniciar una revolución de tres pares de narices. Para ello necesita la ayuda del muchacho rarito de la primera entrega, que no me acuerdo muy bien quién o qué era. Como consecuencia, lo que podríamos entender como el Ministerio del Interior en términos muggle intenta reclutar a Newt Scamander, famoso zoólogo, para capturar al chico. Por su parte, el jovencito Dumbledore también se acerca a Scamander con otra propuesta, la de dar caza al villano Grindelwald. En fin, que como el destino del mundo peligra, pues los que deberían hacer algo al respecto contactan con un pobre inútil para que lo arregle él. Un Johnny English versión fantasía, vaya. Y el resto de la historia sigue esta línea.

Como fan de la franquicia todo me viene bien, pero seamos un poquito críticos. La película es una valiente tontería. Si su argumento ya parece cogido por los pelos, el desarrollo es para ir apuntando con boli y cuaderno. Vaya madeja de historias. No hay quien se aclare. Cuando parece que has llegado a la conclusión de quién es “tal” y qué quiere “pascual”, se ponen a hablar y enredar y te vuelves a liar. Es un continuo discurso de personajes sobre anécdotas del pasado que no conducen a ninguna parte y que de vez en cuando se ven interrumpidos por flashbacks que pintan menos todavía. Excepto el de Dumbledore, que me ha dejado de pasta de boniato. Y vaya manera de contarlo. Qué sutil, qué apto para todos los públicos. ¡Brava, JK, brava!

Visualmente es formidable. Los efectos especiales son, nunca mejor dicho, de película, y no anda escasita de ellos. La magia está en todas partes y se agradece esa dedicación hasta en los puntos más superfluos. No escatiman. Por lo demás, mucho ruido y pocas nueces. Esperemos que la próxima sea mejor.

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