Crónica del concierto de Suuns, Perro y Trepàt en Madrid (sala Shôko)

Por Ana Rguez. Borrego 0

Así se celebró el quinto aniversario de Miel de Moscas

Si así han sido sus cinco años de existencia, ¿qué ocurrirá cuando alcancen los diez? ¿O lo quince, o los veinte…? A medida que ha ido creciendo su propuesta, Miel de Moscas se ha convertido en un síntoma de que algo bueno hay. Ya sea por sus apuestas como discográfica, o por sus labores como booking internacional… merece la pena escuchar lo que viene de sus manos. Con semejantes expectativas, se podría afirmar que se habían puesto el listón muy alto. Puede ser, pero lejos de venirse abajo propusieron un cartel aún más top: Suuns, Perro y Trepàt. Casi .

La vuelta de Trepàt sobre los escenarios fue uno de los mejores anuncios del aniversario de Miel de Moscas. La última vez que pasaron por Madrid, hace prácticamente dos años, lograron un sold out en la sala Sol. Después de girar con El Amor está en la Tierra (2015), prácticamente desaparecieron. Una sensación agridulce que tuvo su fin este verano, cuando volvimos a tener noticias de ellos. Estaban trabajando en su nuevo trabajo y anunciaban algunas fechas para disfrutarlos en directo.

Disfrutarlos, sí, no exagero. Ni los ves, ni los escuchas: los disfrutas. En buena parte tiene la culpa Juan Luis Torné, que merece ser reconocido como uno de los frontman más magnéticos del panorama nacional. Su voz profunda de noche de luna llena y su forma de moverse sobre el escenario se salen de lo habitual, te obligan a observarlo. Pero no es sólo él: los otros componentes de Trepàt están a la altura, creando un compacto sonoro, lleno de vetas, que los convierten en una de las propuestas más interesantes de los últimos años. Rock oscuro y shoegaze que podrían hacerte pensar en algunos referentes pero que te hacen dudar por la personalidad que derrochan, lejos de ser simples epígonos de The Cure o de los Depeche más noventeros.

Tocaron algunos temas nuevos pero fueron a por temas que nunca fallan. “Martirio”, “Onyx” y especialmente “Tortura en los Bares” sirvieron para arrancar la noche por todo lo alto.

No hubo bajona alguna entre grupos. Aunque también es cierto que es difícil asociar ese término a Perro. Van por todo lo alto y se hace raro pensar que en algún momento puedan fallar. Quizás porque se toman la música como un puro ejercicio de diversión. Desde que los ves aparecer con sus camisetas de Pryca y de (c)litoris y la pantalla te advierte de que las imágenes que aparecerán pueden afectar a la sensibilidad de los presentes. Pero, ojito, que no son simplemente cuatro chistes consecutivos. Su maestría instrumental es algo digno de destacar: su personal e identificable sonido, su tendencia a intercambiarse los instrumentos, o el simple hecho de que haya dos baterías que se entrecruzan con sus ritmos juguetones y que aportan son ejemplos de que no se andan con chiquitas.

No tienen vergüenza alguna y quizás eso les hace disfrutar aún más de la música. El sarcasmo de sus letras nos hace sonreír en más de una ocasión, y ahora, aún más, desde que acompañan los temas con un delirio de visuales, hechos por Héctor de la Puente. “La reina de Inglaterra”, “Azul Mayoría Absoluta”, “El sereno”… cualquiera de sus temas se convierte en una inyección de adrelina en todo el pecho, especialmente con ese cierre magnífico que es “Marlotina” y “Martillo”.

Su ejercicio de autoparodia surge de forma natural, lo cual nos hace sonreír, aunque a veces mute en risa nerviosa porque no dejan títere con cabeza y transgreden los límites de los “socialmente aceptable”. Su forma de hacer humor es digna de estudiarse: si lo hiciéramos, probablemente entroncaría con referentes que a más de uno le sorprendería.

La intensidad fue el cierre de la noche. Suuns era la continuidad lógica del cartel, que se vinculaba el estilo sonoro de los primeros y el conglomerado de capas sonoras de los segundos. Pero más, mucho más. Si tenemos que elegir una sola palabra para hablar de estos canadienses es intensidad. Tanta que te hace pensar qué hubiera ocurrido si el concierto no hubiera empezado con retraso: en escasamente una hora (no dejaba más el horario leonino que marcaba la Shôko (como el de otras salas, no es algo excepcional)) nos dejaron dados la vuelta emocionalmente hablando.

Entre una nebulosa muy pertinente, Suuns desplegó su oscuridad sónica, sin apenas aspavientos, y con un atinado setlist, en el que tocaron por igual, sin dar más importancia a uno que a otro, temas de Zeroes QC (2010), Images du Futur (2013), Hold / Still (2016) y Felt (2018). Ese ambiente es probablemente una de sus bazas, que se alejan del dramatismo y parece que están llevando a cabo algo mucho más sereno (especialmente en el caso del teclista Max Henry). Sus sonidos, entre el krautrock y la electrónica, desasosiegan y desestabilizan tu emocionalidad. Pero engancha, porque resulta fascinante su capacidad de crear atmósferas de sonidos desestructurados, que crecen y suman entre ellos.

Tras ese mazazo que es “2020” como cierre nos quedamos con ganas de más, quizás porque quieres que ese buen sabor de boca dure, y porque no siempre se tiene la oportunidad de disfrutar de unos Suuns en estado de gracia. Pero tocaba ir recogiendo, pues la fiesta continuaba en la Fun House, con Vive La Void y DJ Don Gonzalo, para los que no tenían miedo al madrugón del día siguiente.

Ojalá todas las fiestas de cumpleaños fueran así 😉

Galería del quinto aniversario de Miel de Moscas:

Fotos por Ignacio Sánchez-Suárez.

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