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Entrevista a Sex Museum: Rock para estadios de segunda división

Por Jose A. Rueda 0

La banda de Madrid, que hace poco celebró su trigésimo aniversario, vuelve a la carga con Musseexum, su decimocuarto álbum de estudio.

A mediados de los 80, cuando la movida de Madrid perdía sentido e interés, surgió una nueva generación de bandas que miraban, de nuevo, hacia tierras anglosajonas en busca de inspiración. En esos años de “entreguerras”, de posmovida y de preindie, nacieron pequeñas escenas que han logrado sobrevivir en la sombra hasta nuestros días. Movimientos como el mod (Los Negativos, Los Flechazos), el rock bluesero (Los DelTonos, Los Enemigos) y el revival del garage rock (The Outsiders, Los Macana y, quienes nos ocupan, Sex Museum) dibujaron el final de la década y el principio de los años noventa.

Como toda banda de larga trayectoria, Sex Museum han ido dando de baja y de alta a algunos de sus músicos. Sin embargo, han logrado una formación estable en los últimos tiempos con Marta Ruiz y los hermanos Miguel y Fernando Pardo al frente más la batería de Roberto Lozano y el bajo de Javi Vacas.

Los madrileños acaban de lanzar Musseexum -su decimocuarto disco- y lo han hecho, por primera vez, bajo el paraguas de El Segell del Primavera. Uno de sus miembros fundadores, el guitarrista Fernando Pardo, nos cuenta sus expectativas con la nueva andadura discográfica y repasa sus más de tres décadas en el rock.

Después de trece discos y 33 años de carrera, ¿qué nos podemos encontrar en Musseexum? ¿Qué novedades hay con respecto a los anteriores trabajos de la banda?

En algunas canciones hemos tirado hacia adelante, experimentando con nuevos sonidos, en otras hacia atrás, recordando a cómo sonábamos hace más de 20 años, y en otras nos hemos quedado donde estábamos estos últimos años, que es básicamente el sonido por el que somos reconocidos. Hemos arriesgado en algunas canciones, sobre todo jugando con las estructuras o incluyendo más secuencias que en los últimos discos, y en otras nos hemos entregado a lo habitual en nosotros, un sonido cañero y en bloque que hemos logrado hacer muy personal pese a la cantidad de referencias que hay en él.

Lo que yo percibo en Musseexum es un sonido más limpio y más moderno. Los teclados son menos vintage y se asemejan más a los que oímos en las grandes bandas internacionales de ahora. Si a eso le sumamos la brillante producción, yo no os veo muy por debajo de los grandes grupos del rock moderno (Black Rebel Motorcycle Club, The Hives…). ¿Os veis jugando en esa liga?

Que va, ni de coña. Nosotros ocupamos un hueco en la series medias, lo hacemos bien, sonamos bien, pero nuestro lugar natural es de la segunda división para abajo. Y ahí la verdad es que estamos cómodos, porque trabajamos lo justo, sin grandes sobresaltos ni agobios, porque las responsabilidades no son tampoco muy grandes y aún así seguimos teniendo mucho movimiento. Y, sobre todo, porque podemos cagarla, equivocarnos o tropezarnos sin que signifique el final de nada. Creo que somos un ejemplo de banda que ha ido creciendo de cagada en cagada, error tras error, hasta lograr una identidad bastante personal y muy distinta a prácticamente todos los grupos que conozco.

Vuestros pinitos internacionales sí que habéis hecho. ¿Cómo os ha tratado el mercado foráneo en este tiempo?

Pues me gustó mucho salir a tocar a Europa en los 80 y hasta mediados de los 90. Tocar fuera era la hostia, ir a Berlín antes de la caída del muro, dormir en squatters, conocer a un montón de gente muy extrema y radical. Cada vez que íbamos, volvíamos diferentes. Era una realidad alternativa que nos influyó mucho. Yo me sigo considerando un heredero de esa escena en la que la música era un vínculo de unión con un montón de gente de Austria, Bélgica, Italia o Alemania, que en el fondo eran iguales que nosotros y completamente diferentes a la gente que conocíamos aquí. A veces me daba la sensación de que éramos como unos pueblerinos visitando por primera vez una gran ciudad. Luego con el tiempo todo se fue homogeneizando y todos los países de Europa y el mundo occidental se empezaron a parecer unos a otros cada vez más. En lugar de salir para conocer sitios y costumbres diferentes, empezamos a salir para visitar museos, hacernos fotos en los lugares típicos y hacer compras como putos turistas. Le perdí el rollo.

Actualmente hay bandas alternativas de España a las que les ha sonreído el triunfo en el extranjero. El máximo exponente es Hinds, un grupo garagero que canta en inglés. ¿Sentís algo de envidia?

Pues no se que decir, la verdad. Conociendo como funciona el mundo de la música y los conciertos fuera, estoy seguro que viajan mucho, pero ni conocen a mucha gente guay, ni ven sitios realmente interesantes ni ganan mucho dinero. Al nivel al que se mueven ellas, su realidad es avión, concierto, hotel, furgoneta, concierto, hotel, furgoneta, concierto, hotel, avión… y así hasta el infinito. Siempre con la lengua fuera. Y te aseguro que en los países en los que tocan, todos los aviones son iguales, todos los hoteles y las furgonetas son iguales y todos los festivales tienen en mismo escenario, un catering muy parecido, la gente que trabaja es igual de distante y profesional y el público lleva el mismo peinado y viste casi igual. Si van a Japón la cosa cambia un poco y si van a Australia igual ven un canguro. El resto, lo mismo.

Sex Museum por Tábata Pardo

Seguimos estando muy cerca y a la vez muy lejos de toda esa escena indie de la que de alguna forma nos sentimos parte.

Ahora que acabáis de fichar por un sello tan potente como El Segell del Primavera. ¿Se abren nuevas puertas a nivel nacional e internacional? ¿Qué expectativas tenéis a partir de ahora?

La mismas y al mismo ritmo: tocar en garitos y salas medio grandes sin parar, aquí, allí o donde sea. Nuestra realidad y ambiciones son un poco diferentes a lo que se espera habitualmente de un grupo, básicamente porque llevamos en continuo movimiento en circuitos alternativos más de 30 años y eso te da una perspectiva diferente. Yo personalmente no quiero petarlo, prefiero estar en una posición intermedia con mucha actividad y poca exposición más allá de nuestro circuito habitual. No me gustan nada las masas, incluyendo al gran público. Prefiero todo en pequeñas cantidades. Las expectativas, las de siempre: viajar por carreteras secundarias, conocer a los dueños de garitos que llevan metidos en esto más de treinta años y comer y beber productos locales evitando los sitios de moda.

Nacisteis como banda en esa época olvidada de finales de los 80, la que no era ni movida ni indie. Muchas bandas se quedaron en el camino o se han convertido en grupo de culto tiempo después. ¿Cuál ha sido el secreto de Sex Museum para sobrevivir todo este tiempo?

Hemos durado tanto porque gracias al grupo conseguimos diseñar una vida a nuestra medida y a nuestro gusto, moviéndonos entre gente con una visión de la vida o un espíritu parecidos. Salimos de una escena invisible, de mediados de los 80 hasta mediados de los 90, que creo que sirvió para pavimentar el camino por el que luego discurrió el indie. Era una escena muy heterogénea en lo musical, pero muy cercana en espíritu, en la que lo mismo estábamos nosotros que Surfin’ Bichos, Lagartija Nick, los Pleasure Fuckers, las bandas de Corcobado, los Bichos o La Perrera. Cuando ese camino se llenó de bandas y empezó a llamar la atención, cambiamos de dirección, por inquietud personal y por no etiquetarnos ni pertenecer a ningún movimiento musical. Seguimos estando muy cerca y a la vez muy lejos de toda esa escena indie de la que de alguna forma nos sentimos parte.

Sin embargo, el indie se acabó relacionando con otros géneros musicales (el pop, el noise, etc.). ¿Dónde se refugió una banda de garage como vosotros? ¿Qué vías encontrasteis para seguir manteniéndoos musicalmente vivos hasta ahora?

La misma en que nos movemos desde hace décadas, una escena de rock’n’roll subterránea que no despunta mucho pero es duradera y está bien organizada. Es bastante estable y se mantiene porque la gente que está metida en ella, tanto público como bandas y promotores, son fieles a un espíritu que está por encima de la pasta o las modas. Ahí es donde vivimos nosotros y donde sentimos que está nuestro lugar. Además tengo que reconocer que es muy divertida.

Pero hay grupos de vuestra generación que, precisamente por pertenecer a esa escena invisible anterior al indie, han acabado injustamente olvidadas. ¿Qué bandas de aquella época os gustaría reivindicar?

Pues las que aguantan, la verdad. Las que 20 o 30 años después siguen tocando en garitos, conduciendo 500 kilómetros para tocar delante de 40 personas y repartir 500 euros entre cinco y aún así seguir adelante y con ganas. Reivindico a los músicos que siguen 20 años después sin haber rozado ni de lejos el éxito ni la aceptación. Sobre todo a los que se dedican solo a la música, los que no tienen otros curros, a los chiflados que en el fondo saben que, aunque no tengan nada o casi nada, ese es el único sitio en el que quieren estar. Y lo mismo a los músicos que a los dueños de los garitos donde tocan esos grupos y a la gente que sigue levantándose del sofá una noche fría y oscura de enero para ver a un grupo de perdedores a los que nunca nadie reivindicará.

Por último, además de los conciertos de presentación de Musseexum, ¿cómo se presentan los próximos meses para Sex Museum? ¿Alguna sorpresa que se pueda ya desvelar?

No hay sorpresas, todo sigue adelante igual que siempre. Somos un un grupo de largo recorrido que ya no necesita andarse con sorpresas. Los próximos meses serán de tocar sin parar, desde garitos pequeños a festivales grandes, solapando una gira con la siguiente para evitar tener que parar. Funcionamos como un coche lento que gasta muy poca gasolina. Nunca vas con prisa, pero llegas a sitios a los que no llega nadie y sin necesidad de repostar. Y creo que eso es lo realmente sorprendente, que aún haya grupos de rock’n’roll haciendo eso en España y con ganas de continuar rockeando.

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