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Crítica: “Gente que viene y bah” de Patricia Font

Por Martín Godoy 0

Gente

Ayer vi Gente que viene y bah y hoy os la cuento.

Como en toda comedia romántica chiclosa que se precie, Bea lo tiene todo en los primeros minutos de metraje: un trabajo perfecto, un novio perfecto, una vida perfecta. Tanta perfección se tuerce cuando le ponen los cuernos y pierde el trabajo. Este giro inesperado de los acontecimientos la lleva a tomar la decisión más española de la historia contemporánea: mudarse de nuevo a casa de su madre. Junto a su familia (o a pesar de ella), intentará recuperarse y decidir su siguiente paso en este largo y accidentado camino que es la vida.

Sí, la trama es manida y sentimentaloide. Previsible como si la hubieras escrito tú esta misma mañana. Intrascendente a pesar de su intento de dejar huella. De estas de carpe diem, hakuna matata, “haz lo que te haga feliz sin pensar en las consecuencias” y esos mantras que en las pelis salen fenomenal, pero en la vida real te llevan a prisión como poco. Pero la dirección es otro tema.

Magnífico trabajo el de Patricia Font, que ya se alzó con el Goya a mejor cortometraje hace unos años, en su primera película. Tanto que ya lo quisieran otros en su cuarta o quinta. La directora cuenta con un agudo sentido del ritmo, es correcta en la realización y muy buena en la dirección de actores. Que, dicho sea de paso, casi podrían dirigirse solos. A las ya conocidas y reconocidas Clara Lago, Alexandra Jiménez y Carmen Maura, se les unen unos secundarios que no desmerecen. Buen trabajo del reparto.

Aunque no es muy cómica, una broma en particular me ha sorprendido sólo por la remota posibilidad de que el gremio de ofendidos profesionales la considere políticamente incorrecta. Ha sido bastante blanca y bien traída, sin mala leche. No la consideraría ofensiva para nada. De hecho, el cine se ha reído y yo también. Pero lo primero que he pensado ha sido: seguro que alguien ve esto y retuerce el morro. Me ha hecho recordar el genial anuncio navideño de Campofrío y su tienda LOL, preocupantemente cierto.

Una peli ligera y entrañable.

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