Marem Ladson – Marem Ladson

Por Juanjo Rueda 0

Reseña del primer disco de Marem Ladson

8.0

Nota
8.0
80%

Estos días le decía a un amigo que a los buenos discos no importa llegar antes o después sino llegar. Ha sido mi propia reflexión la que me ha llevado a escribir sobre este disco publicado casi a mitad de 2018. En los propios medios musicales, sobre todo los digitales, vivimos muchas veces presos de ese llegar antes que nadie y antes que del hecho de primar poner en valor (en caso de la reseña positiva) el buen hacer musical independientemente de la “pole”. A este disco llegué a tiempo a su escucha y disfruté del mismo a lo largo del pasado año pero por distintos motivos dejé pendiente o fui postergando por otros compromisos escribir sobre él. Ahora, pasado el fulgor de las listas musicales que recopilan lo destacado del año, siempre interesantes pero lógicamente reduccionistas, creo que también tiene valor recuperar esta reseña pendiente que me había autoimpuesto.

Este disco viene editado viene cobijado por el sello Mont Ventoux, sello que se caracteriza por acoger bajo su ala proyectos (Nine Stories, Calavera, Alondra Bentley) con buen gusto por la melodía cuidada clasicista pero con un punto heterodoxo en ocasiones como le ocurre a las composiciones de Ladson. Marem Ladson es una joven de poquito más de veinte años, mitad española (madre de Ourense) mitad estadounidense (padre Nueva York que jugó en España a baloncesto), y la cual debutó este pasado 2018 con este LP bastante maduro musicalmente en canciones para la edad de la compositora, donde muestra su buen hacer con la composición musical y la melodía vocal, y aunque se perciben las lógicas referencias que guían muchos temas, estos conservan una más o menos clara personalidad. Así encontramos líneas de conexión con la PJ Harvey más (“Shades of blue”) o menos (“Born by the river”, “Losing control”) guitarrera; también hay “torch songs” que encantarían a la primera Lykke Li  como “Everythin I’ve ever lost (is coming back)” o medios tiempos con un toque aire años cincuenta o sesenta que igual pueden sonar en tu boda o en una imaginaria secuela de “Mulholland Drive” de Lynch como ese “My corazón”. Todo ello conforma un disco (producido por Brian Hunt y José Gosálvez) que sin ser innovador, no se hace endeble en ningún momento y que hace albergar esperanzas en los nuevos pasos futuros de esta artista.

Un buen disco al cual, como le decía a mi amigo, no importa que lleguéis a él ahora sino llegar.

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