Crítica: Green Book de Peter Farrelly

Por Martín Godoy 0

Green Book

Es una de las películas más alabadas del año. Ayer vi Green Book y hoy os la cuento.

Se inspira en la historia real de Tony Lip, un matoncillo italoamericano que en los años 60 es contratado como chófer por el virtuoso del piano Don Shirley para que lo lleve por su gira de conciertos al sur de Estados Unidos. Shirley es negro y el sur de Estados Unidos en los 60 era… más o menos tan racista como ahora, pero no se preocupaban por disimularlo. La gira servirá para que ambos se enriquezcan aprendiendo el uno del otro, derrocando prejuicios, aprendiendo a amar al prójimo y esas cosas de candidata al Oscar.

Es una peli que busca, por encima de su clara denuncia racial, gustar. Que todos la veamos y nos congraciemos con los problemas de sus personajes, que empaticemos con ese sentimiento tan nefasto que es el rechazo. Lo hace desde la comedia y a través de la relación de sus dos protagonistas. Es en el drama, sin embargo, donde no me llega a emocionar. Sus salpicados momentos reivindicativos me resultan poco sutiles.

No es un film sorprendente, hemos visto decenas de películas similares. En mi caso, me ha recordado bastante a Criadas y señoras, que tanto éxito alcanzó hace ya unos años. Green Book, igual que aquella, consigue mantenerme entretenido durante todo el metraje, riendo con su humor y condenando la intolerancia que muestra.

Viggo Mortensen está espléndido, aunque lo tiene complicado en los Oscar con el entusiasmo que ha levantado Rami Malek y su interpretación de Freddy Mercury. O puede que los dos se vayan a casa sin nada, porque los académicos son así y votan a quien les sale del moño. Esta noche saldremos de dudas.

 

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