Entrevista a Bifannah: Cambiando los colores del garage

Por Jose A. Rueda 0

El nuevo disco de Bifannah refresca los postulados del garage y la psicodelia con un chorro de ritmos tropicales y letras en portugués.

El cuarteto gallego Bifannah ya ha salido del estudio donde ha dado forma a su segundo elepé. No ha sido fácil cuadrar las agendas: Antón (baterista) vive en Londres. El resto de la banda -también emigrantes- se ha mudado de gran ciudad en gran ciudad. Antía (bajo y coros) y Guillermo (guitarra y voz) vivían en Barcelona. Ahora residen en Madrid junto al cuarto Bifannah: Pablo “Lee”, responsable de teclados y segunda guitarra.

Las nuevas canciones (que muy pronto verán la luz) se han compuesto a distancia. Quizá existan más grupos que hayan forjado su música a pesar de los kilómetros, pero solo se me viene a la cabeza el caso de The Postal Service. El efímero proyecto indietrónico de Ben Gibbard y Jimmy Tamborello pasó tiempo en las oficinas de correos de Estados Unidos, ya que Jimmy enviaba sus bases en un DAT para que Ben se las devolviera con las pistas de voz.

Los procedimientos de Bifannah no andan muy lejos de los de The Postal Service. (Antía): “Hacemos las canciones entre los tres. Luego lo grabamos todo y se lo mandamos a Antón”. (Antón): “Yo las escucho y simplemente tomo notas. Eso en un local de ensayo no lo haces. Es un proceso un poco más analítico. Escuchas una canción y ves cómo hay que cambiarla, lo que se te hace largo, etcétera”. Se adivina una jerarquía horizontal en la que todos tienen voz y voto en la obra producida. El más alejado del grupo, el londinense de adopción, es tan imprescindible como el letrista o la bajista. Sin Antón, Bifannah no serían Bifannah. (Guille): “A las letras les hecho yo un poco más de tiempo. Pero componemos entre todos. Cada uno aportamos ideas y vamos formando la canción. Al final es el batería el que dice: «bueno, esto me sobra, esto no». Es el que recorta y da pegamento a todo”.

«En Portugal una persona se puso a llorar porque le hacía muchísima ilusión que un grupo español cantase en portugués».

En la capital de España, se han puesto a las órdenes de Frank Maston del Estudio Brazil para realizar las nuevas grabaciones. La elección de estos estudios ha podido deberse al gusto que allí tienen por el sonido analógico o a las recomendaciones de otras bandas de rocanrol primigenio como Texxcoco o Lady Banana. Lo de la inclinación de Bifannah por la música brasileña no ha tenido que ser relevante. Pero ahí queda la graciosa casualidad.

Y es que, Bifannah (que toman su nombre de la bifana, un plato típico de Oporto que les trae tóxicos recuerdos) se desmarcan de cualquier combo de rock garagero estatal por una cosa: cantan en portugués. (Guille) “Yo estudié cinco años en Oporto y hablo portugués. Tenía ahí la posibilidad. Y como era una época en la que estaba escuchando mucha música brasileña, probamos. Hicimos un par de intentos y dijimos: «joder, pues mola»”. Antía, la encargada de acompañar la voz de Guillermo, también lleva Brasil en su sangre. (Antía): “Mi madre nació en Río. Pero no. No hablo portugués. Chapurreo un poco”. De todos modos, como gallegos, su lengua madre parte del mismo tronco que el portugués, por lo que reconocen que “no es tan raro. Es muy similar” (Antón). “Es el portugués del norte”, añade Pablo.

Bifannah son uno de los fichajes de Live Nation. La todopoderosa multinacional ha elaborado un róster de artistas nacionales que promocionan dentro y fuera de sus festivales. Los gallegos ya están en el cartel del FIB y, pensando en traspasar fronteras, ¿por qué no tocar las puertas de Portugal? (Antía): “Sí, ya hemos hecho dos giras. En el norte, nos entienden. Pero luego bajas a Lisboa y les suena como raro todo”. (Guille) “¡Creían que era gallego!”. De los lusos se han traído alguna que otra anécdota. (Antón): “Una persona se puso a llorar porque le hacía muchísima ilusión que un grupo español cantase en portugués. Es cierto que llevaba dos copas de más”.

Brasil podría ser otro mercado a explorar. De momento, el Atlántico lo cruzaron cuando representaron a nuestro país en el SXSW (South by Southwest) del año pasado. Allí probaron cómo encajan los yanquis el rock en portugués y -como dicen los titulares del clickbait– el resultado te sorprenderá. (Antía): “En Austin, vino una y dijo: «¿Cantáis en francés?» Y muchos, la mayoría, pensaban que era en español. Simplemente suena exótico”. Pablo asiente: “Lo bueno es eso, que queda guay. En España, queda exótico. Sales fuera y es exótico”.

Exotismo lírico, pues, inserto en unas estructuras a priori universales (al menos, occidentales) como son las del garage-rock. Sin embargo, Antón confiesa que “lo que estamos ahora componiendo va yéndose un poco más hacia ese tipo de música más brasileña, con ese tipo de ritmos, dejando un poco de lado el garage y la psicodelia”. Guille añade: “Empiezas a abrir el abanico y ahora estamos llegando al punto en el que el portugués es el vehículo. Si nos sale un ritmo con unas congas y nos suena brasileño, pues vamos a hacerlo”. Así que al final el idioma no es la consecuencia del estilo, sino al revés. (Pablo): “La sonoridad del portugués te lleva a unas dinámicas a la hora de hacer música, encarar una línea de bajo o lo que sea. La llevas un poquito más a otro terreno”. Y esos terrenos son el de la bossa, la samba, la salsa… Músicas a las que se añade el bagaje de cada uno. Antía resume las preferencias individuales: “Antón puede ser el más tropical. Lee [Pablo] puede ser como el más pureta [risas]. A mí me flipa la música turca de los setenta, tú [Guille] que eres un raro”. La conversación se diluye entre risas y reproches amistosos.

Lo que está claro es que, al igual que en la Península nos hemos ido abriendo a las distintas lenguas del Estado (Lisabö, Emilio José o Manel gustan en varios rincones del país aunque no en todos se hable euskera, gallego ni catalán), en Estados Unidos se nota una asimilación musical del pop en distintas lenguas. (Guille): “En Austin, por ejemplo, nos hablaban de Boogarins, que tienen un disco en portugués. Igual que La Femme, en francés. La gente se está abriendo bastante el coco con eso”.

«Que programas en la tele lleven a Toundra sería impensable hace unos años. Yo creo que se está abriendo, aunque no como en Estados Unidos o Inglaterra».

Bifannah ha engendrado un estilo propio cuyos resultados ya estamos deseando escuchar. The John Colby Sect (Los Estanques, Exnovios) se encarga de editar este segundo álbum con el que los lerenses se desmarcarán a buen seguro del pelotón garagero nacional. Una escena de la que ellos reniegan porque, sorprendentemente, para Bifannah el nuevo garage es algo así como un “novísimo mainstream”: una ola que la industria del entretenimiento está aprovechando para complementar (o refrescar) el pop y rock de masas de Love of Lesbian, Lori Meyers o Izal. (Guille): “Parrots, Hinds, Nastys… Toda la escena madrileña más la escena de Barcelona, desde Galicia siempre se vio como repetitiva”. (Pablo): “Al principio era súper underground y eran tres grupos. Ahora es como… muy mainstream. (Antía): “Yo creo que también es algo que la industria está favoreciendo”. (Guille): “Claro, porque la gente no va a escuchar a Vetusta Morla ya. Es como que buscan algo más”.

Y es que Bifannah reivindican Galicia como el inicio de esta onda garagera y a Fantasmage como sus pioneros. (Pablo): “Fantasmage sacó el primer disco y lo dejaron. Y a partir de ahí yo me acuerdo que surgió todo. Diego Parrots y toda esta gente. Y yo por lo menos lo veo como algo que ya pasó. Ahora hay que evolucionar”. De todos modos, ese beneplácito de los medios de comunicación en busca de alternativas al indiemainstream no es negativo. (Guille): “Que programas en la tele lleven a Toundra sería impensable hace unos años. Yo creo que se está abriendo, aunque no como en Estados Unidos o Inglaterra, que están a años luz”. El topicazo de que “esto no es Londres ni Nueva York” lo refuerza Antón añadiendo que “la diferencia es que en Estados Unidos y en Inglaterra hay muchas cosas que aquí se seguirían considerando que no son mainstream y ahí lo son. Un grupo como los Parrots mete a ochocientas personas en una sala y aquí nos parece una locura. Eso lo llevan haciendo en Estados Unidos o Reino Unido durante años. Creo que es un cambio de mentalidad que está pasando ahora y yo creo que es positivo”. Antía señala el empoderamiento de las pequeñas compañías discográficas, que consiguen catapultar grupos como antes solo lo podían hacer las multinacionales. (Antía): “Es que antes era un monopolio. Al final solo llegaban los mismos grupos. Había como una fórmula. Y ahora poco a poco hay sellos, como el nuestro, como La Castanya, La Melona… Unos sellos que pueden llegar a conseguir grupos que funcionen y que estén girando por todos los festivales”.

«En Madrid o en una ciudad grande llegas a más gente. Meter en Vigo a ciento cincuenta personas es ciencia ficción».

Ya que defienden Galicia como el epicentro de la explosión garage, les preguntamos por la escena de su tierra. Por los grupos a los que seguir la pista. (Pablo): “Dois. Están grabando ahora su nuevo disco”. (Antía): “Seda, que tocan aquí también [Monkey Week de Sevilla]”. (Guille): “Sí, hay muchos proyectos. MØURΔ es más intenso, más psicodelia clásica”. (Antía): “Nosotros decimos que, como llueve tanto, [los grupos] se meten en su local de ensayo a ensayar y ensayar. Y luego hay un nivel de técnica y de grupos haciendo unas cosas muy interesantes”. (Guille): “Luego está la otra parte de grupos gallegos que están en Madrid: Baiuca, Novedades Carminha, Lois…”.

Guille acaba de tocar un tema sugestivo: ¿Es necesario mudarse a Madrid para difundir tu música? (Pablo): “Parece que irse a Madrid es subir un poco más. Creo que igual ayuda un poco”. (Guille): “Sí, porque en Madrid sales una noche y te encuentras con alguien y te dice: «Hostia, me suenas. Eres de Bifannah. Yo tengo un blog». Eso sí que es verdad. Parece una chorrada… Pero bueno, hay muchos grupos en Galicia. Es una escena interna supercrítica. Comparado con Madrid o Barcelona, [en Galicia] antes de salir a tocar hay una sensación de autoexigencia”. (Antón) “Sí que es verdad que al final en Madrid, o en una ciudad grande, llámala como quieras, el altavoz cambia. Si consigues algo, llegas a más gente. Meter en Vigo a ciento cincuenta personas es un poco ciencia ficción. Y en Madrid no tiene por qué ser tan complicado”.

De momento, el álbum de Bifannah viene tan caliente que está hirviendo, como la canción de Erasmo Carlos que ellos mismos versionaron. Pero, si he de remitir a un tema revisitado por los gallegos, me quedo con el de Los Chijuas. No es que Bifannah le estén cambiando los colores a la vida, pero sí lo están haciendo con el rock underground del Estado. Savia nueva.

*Foto de portada por Sharon López.
Web Hosting