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Crítica: “Lo dejo cuando quiera” de Carlos Therón

Por Martín Godoy 0

Lo dejo cuando quiera

La crisis económica debería ser ya un género en sí mismo. ¿Qué sería del cine español (o mundial) de los últimos años si no hubiera caído en picado nuestra economía? No habría historias ni personajes ni nada de nada. Porque el tema de la crisis tan pronto te viste un drama como te justifica una comedia. Es la pera. Ayer vi Lo dejo cuando quiera y hoy os la cuento.

Tres licenciados universitarios tremendamente preparados tienen que aguantar trabajos de mierda para sobrevivir. Uno de ellos, químico, crea accidentalmente una droga que es canela fina. Con ayuda de una abogada y una quinqui, deciden comercializarla para sacarse unos dineros. Hacen bien, para que se la coman los gusanos, que la disfruten los cristianos.

La película tiene la virtud de ofrecer lo que promete: una historia ligera, sin más pretensión que la de entretener. Sus personajes y situaciones se desarrollan con fluidez en esta comedia que, sí, se inicia con fuerte impulso pero pierde algo de fuelle conforme avanza el metraje. Resulta creíble y sus gags no sobrepasan la barrera del ridículo, lo que es de agradecer. El trío protagonista, formado por David Verdaguer, Ernesto Sevilla y Carlos Santos, defienden la trama con un innegable sentido del humor y apoyándose en unos secundarios de primera categoría.

Analizando la sutil crítica social, da pena ver a estos cerebrines pasando hambre después de haber estudiado tanto. Es el reflejo de esa frase tan de moda: “somos la generación más preparada de la historia”. Y, ¿para qué? Si al final estamos como cuando no sabíamos leer, compitiendo entre nosotros por un puesto de trabajo mal pagado. Lo único que hemos logrado ha sido subir el nivel de la competición. Por eso, yo digo: para poca salud, ninguna. Pongámonos de acuerdo y dejemos todos de estudiar. Bajemos las exigencias no ofreciendo nada. Si pueden tener un abogado, o un ingeniero, o cualquier otro licenciado por menos dinero del que me pagan a mí, que se queden sin abogados, sin ingenieros ni licenciados. Vayamos todos con el graduado escolar y a alguno tendrán que coger. O igual peta el sistema. En fin, supongo que en el pecado llevamos la penitencia. Que estemos todos tan preparados es casi como decir que ninguno lo está lo suficiente como para destacar. Maldito sistema capitalista. Marx, ¿por qué nos has abandonado?

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