Crónica del concierto de Yawners en Madrid (sala El Sol)

Por Ana Rguez. Borrego 0

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Yawners reinventa la década de los 90, con un directo tan impecable como enérgico

Tantos comentarios hacían que el concierto de Yawners en Madrid fuera uno de los eventazos del mes de abril. Sus adelantos, su presencia en el SXSW, la publicación en sí misma de Just Calm Down (La Castanya, 2019)… una expectación y posterior acogida que iba más allá de nuestras fronteras. Había que ir más allá del disco, había que experimentarlo en vivo: había que confirmar que el “fenómeno” era para tanto. Y lo es, claro que lo es: Yawners se merece eso y más.

Junto a ellos estaban Confeti de Odio y Hoax Fellows: un interesante planteamiento que a algunos nos hacía pensar si podría verse como una suerte de evolución. De hecho, Hoax Fellows, las primeras en aparecer por el escenario de la Sol, acababan de publicar esa semana su segundo single, “Faithful Lies”. Su propuesta resulta de lo más interesante: su rock parece transportarnos a California, con su aire surfero y algún conato de psicodelia, que pueden recordarnos a La Luz. Y ese sonido se agradece pues está claro que quieren apostar por un estilo que no suele ser tan habitual en nuestro país.

Acompañadas por el propio Martín Muñoz de Yawners (que ha producido su primer EP), las vas escuchando y ese estilizado sonido parece que te llevan al universo que están creando, entre amable y misterioso. Quizás la única pega que se les podría poner es que les falta algo de rodaje, pero tengamos en cuenta que llevan algo más de un año: eso es algo que se resuelve a base de conciertos. Un win-win en toda regla, porque así podríamos verlas más veces.

Tras ellas, llegó el turno de Confeti de Odio. El espectáculo en estado puro: es de esos artistas que merece la pena ver en directo, porque no te haces idea de todo lo que puedes encontrarte. Una simple escucha se te queda corta. Los primeros que aparecieron en el escenario fueron Juan Pedrayes y Carlos René, de Axolotes Mexicanos, pero se quedaron un poco en la sombra en cuanto salió Lucas de la Iglesia. El carisma hecho carne, porque no tiene ningún tipo de pudor tonto a la hora de expresarse con su cuerpo. No para de moverse hasta marcar todo el escenario como su propio territorio, interpreta con la voz y con su gestualidad, no para de bailar de una forma contagiosa…

Pero no se queda ahí. Es el acompañamiento perfecto para unas letras llenas de sarcasmo y realidad, tanto que es imposible no reírte, por lo que cuenta, o por nuestra propia ridiculez. “Pocos likes”, “Hasta romper el móvil”, “Tu puta barba”… desde la primera estrofa te quedas prendado y quieres que siga contando las miserias del primer mundo en forma pop. Es casi terapéutico.

Entonces llegaron los protagonistas de la noche, Yawners. Un papel que ni se les queda grande ni defraudan, porque Elena Nieto y Martín Muñoz tienen el don de esos grupos de sólo dos personas que derrochan poderío y maestría. Quizás porque implícitamente se presentan con un objetivo claro: hay que pasárselo bien. Algo no tan sencillo pero su ausencia de pretenciosidad parece que lo hace fácil. Y esa es parte de su grandiosidad: su juventud, su sencilla apariencia, su sonrisa continua porque era increíble ver una sala El Sol prácticamente llena. La emoción es su fuerza motora.

Había que presentar Just Calm Down en directo y no hubo ninguna canción que se quedara fuera. “See You, See Me” y “Forgiveness” marcaron el inicio, para preparar el primer momento de entrega absoluta del público: no hubo nadie que no coreara “Please Please Please” con ellos. De esta manera, la empatía con el público se fue incrementando: cada vez más coros, más movimientos que se acompasaban con el ritmo, más ansias… porque ni la guitarra ni la batería daban tregua. Las exprimían al máximo.

Hicieron un pequeño paréntesis para recordar su primer EP con “Fuck It” y “Too Late (Bullet in Your Chest)”, el cual nos hizo notar su evolución en tan poco tiempo. Puede que aquellos temas fueran más acerados, pero la coherencia global de Just Calm Down te hace reconocer su capacidad para evolucionar en su estilo, con un sonido propio y reconocible que explora matices en función de diferentes emociones. Los pogos tardaron un poco en llegar pero con “Right or Wrong”, “Seaweed” y “The Friend Song” ya fue irremediable: había que calentar para el final que se avecinaba. Efectivamente, “La Escalera” cerró el concierto en una vorágine de frenesí, de público cantando el estribillo y un pogo que hasta invitaba al crowdsurfing.

El disfrute era compartido y nos recordaba algo fundamental: los 90 fueron mucho más que el grunge. Y lo más importante: la repercusión en medios es más que merecida.

Galería del concierto de Yawners en Madrid

Fotos por Ignacio Sánchez-Suárez.

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