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Crítica: “Toy Story 4” de Pixar

Por Martín Godoy 0

Toy Story 4

Qué complicado es hacer una película para todos los públicos. No que cualquiera, con independencia de la edad, pueda verla. Eso está superado. Si no hay sexo ni tacos cumple el requisito. No. Me refiero a que tenga como destinatario a todo el espectro cinéfilo. Que un niño pueda disfrutarla, se ría y se entretenga, sin que el sufrido adulto que lo acompaña la sienta como una autoimpuesta penitencia. Pixar se ha convertido en un experto en la materia, demostrándolo de nuevo con Toy Story 4, que ayer vi y hoy os cuento.

A Bonnie, como buena niña caprichosa, no le basta con el ejército de juguetes heredados de Andy. Haciendo uso de su creatividad y maña, customiza un tenedor de plástico y lo convierte en su más preciado muñeco. Cuando la familia y sus juguetes se van de vacaciones, Woody hará todo lo posible por mantener al tenedor en el grupo y, con él, la felicidad de Bonnie.

La cuarta entrega de lo que habría sido cachondo que hubieran traducido en España como “Historia de juguetes” no se ha enfriado. La maquinaria sigue a pleno rendimiento. Con el lenguaje sencillo y visualmente atractivo que la caracteriza, Toy Story 4 sigue contando con la facultad de sus predecesoras de tocar, casi sin darnos cuenta, temas universales y fácilmente identificables. Uno de estos temas, presente aquí y casi leitmotiv de la saga, es el tan humano como irremediable miedo al cambio. A crecer o a que nos crezcan. A dejar de ser útiles o necesitados. A perder nuestro sitio, en nuestra vida y en la de los demás. Y Woody encarna de forma simple, madura y precisa el pavor real de quien no sabe hacer frente a este cambio. Me ha traído a la mente una canción de Fleetwood Mac de hace ya unos años: “I´ve been afraid of changing cause I built my life around you”.

Esta senda introspectiva no enmascara lo más mínimo el entretenimiento. Para los que no tengan ganas de replantearse su propia existencia, es además un film emocionante, divertido, tierno, inteligente y hasta terrorífico. La animación es excelente y su realización perfecta, repleta de planos de gran belleza.

Considerarla simplemente una película de niños es un menosprecio. Es una gran obra para todos los públicos.

 

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